17:40 h. Viernes, 19 de julio de 2019

Historia breve con Mujer, pibe Patria y Duende 

REALISMO TRÁGICO (*)Por Claudia Exner  |  15 de mayo de 2019 (11:53 h.)
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Vi llorar a un joven. Joven, Patria, Hogar, esperanza herida. Lloraba. No había vendido ni una de las hermosas plantas que llevó a Junín desde Luján para ver si en otros pagos la suerte es menos adversa. Pero la calle es dura y castiga con fuerza al forastero. Un hombre joven lloraba por impotencia, pero también lloraba por hambre. Vea… que no es cobardía. Es valorar la vida.

¡Cómpreme una, señora, por favor! ¡Haga que cambie mi suerte! ¡Que pueda vender una planta aunque sea!

Desde lejos – algo más de una cuadra antes del lugar donde sucede este encuentro que estoy contando- vi a dos jóvenes vendedores ofreciendo su mercadería a cada transeúnte que cruzaban. La gente, grave, silenciosa pasaba sin mirar ni escuchar. No mostraba deseo ni fastidio. Ensimismada, hipnotizada, gesto de nada. Gente en la misma. Angustiada.

Señora, cambie mi suerte – me dice uno de ellos - Dios la va a ayudar…

¿Por qué me pide a mí? ¿Por qué conmigo es más insistente? – me pregunté mientras le explicaba que no vivo en esa ciudad y no puedo andar con una planta a cuestas.

En este punto se quebró. El joven Patria se quebró y lloraba. Supe entonces cómo suena la voz del desesperado. Todavía la escucho. Creo que nunca olvidaré la disonancia aguda que hace brotar el espanto en el cuerpo abatido.

¡Cómpreme una para que pueda comer algo!

[Shock. Shock… Shock con lenta salida. Otra cosa. Eso, cosa.]

Pensé darle dinero y no llevar la planta. Pero al ponerme en su lugar supe que debía elegir una. Me quedé con un incienso y con ese gesto de amor que tomó su cuerpo al entregar el fruto de su trabajo. 

Lloro por alguien que no conozco. Tengo un sentimiento perforado, soy toda agujero para guarecer a un desconocido que me habita y se hace yo misma. Mi Duende, tan ácido y urticante hasta hace poco, de pronto cabizbajo, me dice:

Esto no pasará, esto es eterno. Cuando el amor te atraviesa hasta doler, ahí se queda. Algo brotará de su esencia sublime, pero el momento no es ahora.

Desde el viernes me pregunto por qué el pibe Patria insistió conmigo ¿Me veo más débil? ¿Es porque soy pequeña? ¿Porque soy mayor? ¿Porque me veo distraída? Mi Duende está triste, ausente. Me dejó sola en esta. Tal vez no tan sola, tengo el incienso con su atmósfera perfumada. Y la palabra. Y el poder de la palabra. Mientras escribo, creo vislumbrar la respuesta. Sí. Ya no tengo dudas: yo lo miré. Lo miré en los ojos. 

(*) Docente, coreógrafa. Especialista en Educación y DDHH.