11:54 h. Miércoles, 20 de noviembre de 2019

“Hay que salir de la tristeza”

Uno de los primeros registros de la carrera política de Rony Garello tienen que ver con un hecho trágico para la Argentina que dejó secuelas. Marcó un antes y un después y puso algunas condiciones a pretensiones más ambiciosas de muchos, respecto a poner Verdad, Memoria y Justicia a los asesinos de la dictadura. Se trató de la Semana Santa del ‘87, cuando en el Concejo Deliberante se le escuchó decir: “De acá me van a sacar con las patas para adelante”. Rony Garello era concejal y tenía apenas algo mas de 30 años. Ocupó una banca del legislativo local entre 1985/1993 y luego fue diputado provincial desde 1995 por cuatro años. Hace pocos días visitó Arrancamos Tarde (98.9 Radio Ultra) y en una una extensa entrevista habló de esos años, y analizó la política de ayer y hoy con la mirada afilada de un militante legendario. 

ENTREVISTA  Por Alejo Dentella  |  21 de octubre de 2019 (08:54 h.)
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-¿Qué pasaba en esos días?, ¿Qué te pasaba a vos ocupando esa banca y viviendo ese momento? 

-Fueron momentos muy difíciles, donde se llegó al gobierno a través de la democracia y no se había logrado desarticular todos los poderes factos que seguían de los partidos militares, los alzamientos, los levantamientos, los cuestionamientos. En aquel momento nosotros entendimos que para la defensa de la democracia y de las instituciones democráticas -más allá de quién estuviera al frente del gobierno con el que también teníamos serios cuestionamientos- no había forma de escapar a la responsabilidad del estar atentos y defender la estabilidad constitucional. Creo que dimos un ejemplo de responsabilidad cívica al estar al lado del intendente y de las instituciones de la República. 

-Con el paso del tiempo reconocés que aún debiendo claudicar en algunas cuestiones, se estaba jugando en ese momento la continuidad de la vida democrática en la Argentina

-Absolutamente, no sé qué hubiera pasado si hubiéramos flaqueado en ese momento, si el pueblo no hubiera respondido como respondió, movilizado millones de personas en la calle contra del golpe. Es decir, sabíamos que eso no lo queríamos más, no podía volver a suceder. Venían a terminar el trabajo que no pudieron terminar. No había forma de que pasara, porque era una cuestión hasta de supervivencia, ahí los peronistas no dudaron un segundo en estar frente a esta responsabilidad de defender el orden constitucional. 

-¿Crees qué ustedes pudieron entender a Raúl Alfonsín? 

-Creo que se hizo lo que se pudo hacer. En aquel momento estuvimos enojados, pero fuimos comprendiendo con el tiempo que nos tocó una etapa histórica donde hicimos lo que pudimos. 

- Todo el peronismo -o lo más representativo- estaba en la Plaza, en el balcón, con Alfonsín. Aparecían los proyectos que tenían que ver con la posibilidad del tercer movimiento histórico y frente a lo que ya se insinuaba como la derrota, el amanecer de la renovación peronista con Antonio Cafiero.

-En el año 1985 yo fui concejal de su lista, luego fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Lo que no cuaja -y siempre fue una cuestión de enfrentamiento entre compañeros- en el movimiento peronista, es hacer una variante civilizada de lo que fue en su momento el aluvión histórico del nacimiento del peronismo como el 17 de octubre. Una social democracia dentro del peronismo no funciona, porque el nuestro es un partido obrero, por supuesto multifacético, con trabajadores sobre todo, y multisectorial, porque tiene empresarios, productores.

-Y con mucha más transversalidad de clase.

-Sí, porque tenés un sector importante de clase media, sectores que están íntimamente convencidos de que el movimiento peronista tiene que ser un movimiento nacional, popular y revolucionario. Nosotros no queremos importar ideas, no queremos ni parecernos a Cuba, ni parecernos a Francia, ni a Estados Unidos, ni a Japón. Nosotros queremos parecernos a nosotros. Eso creo que es el anticuerpo fundamental del peronismo, esas ganas de tener un movimiento nacional y popular, de todos aquellos argentinos que tengan ganas de liberarse de una vez por todas de las ataduras, eso no lo hace la socialdemocracia. En todo caso, la socialdemocracia podrá verse en la Argentina cuando estén superadas las contradicciones primarias. Me parece que es un estado posterior en todo caso a una reforma muy profunda del sistema político, o de las relaciones de fuerza, donde se terminen los oligarcas vendepatria y cipayos. 

¿Qué es liberación o independencia como discusión primaria en este contexto geopolítico?

Aunque parezca mentira, volvemos a esa discusión después de haber avanzado muchísimo en la década del '40, donde las naciones empezaron a liberarse y a hacer sus propios proyectos políticos ideológicos, como fue el peronismo en Argentina. Acá el socialismo se dice peronismo, y el partido obrero se dice peronismo. La contradicción básica es ser colonia o nación. Están los que quieren liberarse, como nosotros, que queremos una segunda independencia, porque la primera independencia se esfumó, se nos fue de las manos, desapareció. Y volvemos a ser una colonia. Y no se trata de pelearse con nadie, es hacer un país fuerte, autónomo, con decisión propia, y plantarse frente a un mundo que está cada vez más complejo, más difícil. Hoy, como hace 200 años el país está de rodillas, pero de rodillas en serio y mal. 

-El parir esa nueva independencia, ¿es necesario hacerlo cabalgando entre las fuertes contradicciones del peronismo?

-Yo creo que el peronismo es un actor político principalísimo en los últimos 70 años de la Argentina, no hay forma de extirparlo como pretenden algunos por la fuerza.

-Pero, hay responsables de la desgracia.

-Macri. Ya estamos acostumbrados a las tonterías que dice este hombre, habrá que preguntarle al pueblo qué opina, si el peronismo es el culpable de esa desgracia, o beneficio. Esto se está haciendo con conservadurismo y con complicidad del partido radical. La lucha convocante es del movimiento peronista que va a seguir existiendo en tanto no aparezca algo mejor, como dijo Perón. Acá nadie se va por decreto, el peronismo nace y renace permanentemente. Los adolescentes son peronistas como si tuvieran 80, sin haberlo conocido. Lo han estudiado, lo han comprendido y el peronismo primero se siente en la piel, se siente en el corazón y después se razona. Y los peronistas razonando somos muy buenos, no somos cabecitas, no somos esa lacra social como dice algún conservador por ahí, que aparecimos e irrumpimos en la historia. El pueblo necesitaba un instrumento para liberarse.

En ese despertar de la democracia de los '80 hubo muchos actores tanto a nivel nacional como a nivel local, que con el tiempo dejaron de ser protagonistas, actores valiosísimos. Uno de ellos fuiste vos, ¿qué paso en esa dirigencia?

Yo no estoy seguro. Ha habido un desperdicio de materia gris muy importante. Compañeros también de otros partidos empezaron a notar un cambio, un cansancio, un agobio de una pelea que venía siendo muy dura. A veces los ecos de la política se transforman en actos de injusticia contra las personas que han puesto todo lo que hay que poner para que las cosas cambien. En mi caso dije “Me tomo un respiro”, no sé por qué ni cuándo, pero me pareció que ya no estaba haciendo falta como en otro momento. Si hay que volver para hacer cosas importantes, vuelvo, lo importante es que ganen los buenos y que ganen esta pelea. No es que haya abandonado, algunos estamos volviendo a media máquina. Ahora, hay un montón de compañeros jóvenes y lo están haciendo mejor de lo que lo hicimos nosotros, no me cabe ninguna duda. De cualquier forma, como decía el General, “No hay que tirar un viejo por la ventana todos los días”, pero en la política los lugares se ganan.

Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede. El tema era quién le ponía contenido a ese latiguillo, y parecía que la única que le podía poner contenido era la propia Cristina, ¿Cuál es tu mirada respecto a eso y a todo eso que se desencadena de ahí en adelante?

Primero, la cuestión histórica que se ha dado muy poco y muy pocas veces en el planeta, y Cristina lo hizo en este país donde nadie renuncia ni a jugar a la bolita. Ella renunció a ser presidenta. Ayudó a que algunas diferencias insalvables dentro del peronismo se neutralizaran con la llegada de la candidatura de Alberto Fernández. Cuando elegimos una conductora la respetamos y ahora entendemos por qué lo hizo y vemos que esta marea indetenible fue un gran acierto. 

¿Crees qué entre lo mejor de Alfonsín, lo mejor del kirchnerismo, y está nueva construcción de Alberto Fernández hay algún nexo que nos permita empezar a pensar que a partir del 10 de diciembre podemos estar transitando de alguna manera alguna síntesis?

-En esta época que le toca a Alberto tiene una responsabilidad básica que es la de tratar de reunificar las mayorías posibles. Cuando se habla de unidad nacional, no se habla del 100%, yo realmente no quiero la unidad nacional con cipayos, oligarcas y vende patria, no lo quiero con Macri. Pero queda un 80% de la población argentina, o más. Habrá que ir viendo de qué manera, si con grandes acuerdos nacionales entre los partidos políticos de raigambre popular, pero esto se hace con pueblo, no se puede sin pueblo. La dirigencia política, empresarial y eclesiástica tendrá que ponerse las pilas de alquimias raras porque pasan los años y la gente se está muriendo. La unidad tiene que servir para juntar fuerza, para combatir, para ganarle la pelea a los que nos vienen ganando siempre. Y reducir al sector de privilegio que, obviamente, fueron arrebatados al pueblo, no se hicieron con la pala. Esta unidad nacional que queremos no solo es necesaria, es imprescindible. Hoy la gente está entristecida, y de la tristeza hay que salir. Como decía Jauretche: “Un pueblo triste no vence”.