“Hay que generar pensamiento crítico en los pibes”

cuatropalabras.com.ar  |  22 de enero de 2020 (07:47 h.)
Es referente del rugby a nivel local y regional. Jorge “Chancha” Giménez trabaja como entrenador de rugby desde el año 1985. Empezó como ayudante en la colonia que dirigía Miriam Constanzi. Más tarde jugó en Buenos Aires, y luego se mudó a Tierra del Fuego donde fundó un club de rugby. Volvió a Chacabuco donde estuvo un par de años y se fue a vivir a España, donde también fue entrenador de rugby. Ahora es Oficial de Coaching y Desarrollo de la región y también da clases ad honorem en una cárcel. Habló con Cuatro Palabras del asesinato de Fernando Báez, la violencia, el deporte y la situación que atraviesan los jóvenes en general. Dijo “Hubo un asesinato, hay que hacerse cargo, eran de un equipo de rugby y algo falló en el equilibro de casa, colegio y club. Hay involucrados once pibes de dieciocho y veinte años y llegamos tarde a ponernos a analizar. Hay que contener, preguntar, dialogar, abrazar”.

-¿Cómo te pegó la noticia del asesinato de Fernando Báez?

-La noticia del asesinato de un joven de dieciocho años, involucrados en el hecho pibes de la misma edad, me cae muy mal. Hace mucho tiempo que trato de luchar en Chacabuco y en distintos laburos previniendo este tipo de cosas, más que nada con el tema del alcohol y la droga. Siempre está en boca de todos que la lucha está perdida, la única lucha que no está perdida es generar pensamiento crítico en los pibes, que sobre eso hay que laburar. Sigue pasando el tiempo sin tomar cartas en eso, y sucede este hecho que involucra jóvenes de un club de rugby. Hoy tuvimos una reunión en la que hablábamos del equilibrio de casa, colegio y club. Y me parece que hay que hacerse cargo, los adultos tenemos que hacernos cargo, algo se habrá hecho mal para que los pibes reaccionen así. Ahora hay que agarrar al toro por las astas y laburar, lo que lamento es que lo pensemos después de la muerte de un pibe.

-No es la primera vez que un grupo de rugbiers ataca a alguien indiscriminadamente, también hay denuncias de acoso y abuso sexual de parte de estos grupos, ¿qué pudiste ver de todo esto estos años?

-Lo que veo es que se está generando una estigmatización. En realidad lo que pasa con los rugbiers es lo que sucede en el día a día en la sociedad, los abusos, los acosos, los ataques en patota. No hay que excusarse ni entrar en ningún discurso contra los periodistas, hay que cuidar los marcos del respeto. La característica de los rugbiers en el imaginario colectivo ha sido de los tipos vigorosos, musculados, pero muchos de nosotros hemos hecho un muy buen uso del deporte. Desde hace mucho tiempo entrenamos con chicos de cuatro o cinco años, a mí me pesa mucho, porque viví el rugby en la década del ochenta, con un sentido elitista muy fuerte, y siempre pregoné que jugara todo el mundo, que el rugby rompiera esa barrera. Ahora hay otra apertura. Hace cinco años que voy a la cárcel ad honorem, tenemos un equipo ahí. Hubo un asesinato, hay que hacerse cargo, sí eran de un equipo de rugby y algo falló en el equilibro casa, colegio y club. Hay involucrados once pibes de dieciocho y veinte años y llegamos tarde a ponernos a analizar. Hay que investigar a ver qué puede hacer cada uno. No se puede pensar en que todos los rugbiers son de determinada manera. Nosotros no somos corporativos, para lo único que somos corporativos es para el tercer tiempo, la amistad. Ningún entrenador, en los cuarenta años que tengo de trabajo en el rugby, ha pregonado la agresividad. Todo lo contrario.

-¿Hay una cuestión de clase enquistada en el mundo del rugby? ¿Cuál es el estereotipo que promueve el rugby?

-Ha cambiado mucho todo, por suerte. El rugby femenino está en auge, estamos trabajando muy bien para la adaptación. El único estereotipo que hay es el que se toma de la sociedad en general. El pibe no se divierte si no toma alcohol, toman pepas, viagra. Estamos laburando en eso en los clubes, porque los que opinan son unos antiguos bárbaros, hablan de la cocaína y la marihuana, cuando hoy no es el problema. Empezaron a dar vuelta otras drogas, otros quilombos que a nosotros se nos pasan. No estamos entendiendo el contexto y vivimos de excusa hasta que nos pasa. Si en Chacabuco levantás la cabeza, en la familia tenés a uno o una enganchado, lo mismo en los grupos, no sé qué estamos esperando. No creo que haya estereotipos, antes el rugby y el hockey tenían marca elitista porque venían de colegios ingleses y colegios privados, pero hoy tomó amplitud. Hoy juegan todos, es un lugar para todos y todas.

-¿Te tocó interpelar o interferir en situaciones de violencia durante estos años? ¿Qué creés que pueden hacer los docentes cuando ven estos casos?

-Hacerte cargo, pero dedicarle mucho tiempo. Mal o bien, pero hacer algo, enfrentarlo. Hay que contener, preguntar, dialogar, abrazar. Yo laburo en la cárcel y uno de los objetivos es recuperar la mirada, el abrazo, el contacto físico con el saludo y la despedida y el diálogo. Parece fácil decirlo, pero hay gente que no te saluda, no te mira a la cara, y lo mismo pasa en toda la sociedad. Creo que el gran problema que hay es que ninguno de los espacios de contención -colegio/casa/club- no son atractivos para los pibes. No hay que ser indiferente, hay que generar una red de instituciones, pero todo nace del estamento municipal, y no es una cuestión de dinero sino de ocuparse, tienen todas las herramientas.

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