15:49 h. Martes, 16 de julio de 2019

GAME OVER Una novela violenta 

(*) Por Leticia Cappellotto

TODOS LOS VIERNES EN CUATRO PALABRAS  |  15 de junio de 2019 (17:19 h.)
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VI. 

PARA:esteban_78@yahoo.com.ar 

ASUNTO: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

CARPETA: Borradores

Soy mi propia muralla china. De un lado de mí están mis sentimientos y del otro lado está la realidad. En el medio, nada. No puedo sentir. No quiero sentir. Pero siento. Siento miedo. Siento vergüenza. Siento culpa. Siento odio. 

Siento vergüenza por estar enamorada de un hijo de puta como vos. Siento miedo hace años de no poder enamorarme nunca más porque un hijo de puta como vos me lastimó al punto en el que soy una maraña de cinismo y desconfianza. Siento culpa por no poder dejar de amarte. Y te odio y me odio y odio al amor. 

Nadie explica cómo hacer para dejar de amar a un hijo de puta. Nadie explica cómo cuando amás a un hijo de puta te sentís vos una hija de puta y dejás de confiar en lo que sentís porque lo que sentís está mal, porque amar a alguien que te lastima está mal, porque el amor es lindo y maripositas y yo no siento nada lindo ni maripositas ni mierdas. Lo que siento es que estás en la punta de mi cerebro leyendo el diario y viendo a todos los hombres de mi vida pasar, diciéndoles "Sí, entrá, a ver qué podés hacer, suerte". Y no quiero vivir así pero no me acuerdo cómo es vivir sin amarte. 

¿Cuál es el límite de tu perversión? 

¿Qué te voy a poder perdonar? 

¿Perdonar es amor? 

¿Tolerar es amor? 

¿Someterse es amor? 

¿Cuándo podré romper el castillo de cristal en el que te puse? 

Tengo que escribir una novela, tengo que escribir 25 capítulos de una novela que no debería tratar sobre vos, si no sobre mí. ¿Pero qué soy yo sin vos? ¿Qué hay de mí que pueda ser contado que no te incluya? ¿Qué has dejado sin tocar, sin contaminar, sin hacer pedazos con tus mierdas? 

No puedo sentir nada porque sentir es sentir que te amo y sentir que amo a un hijo de puta me da ganas de morirme. Pero te amo. 

Y sos un hijo de puta. 

La buena noticia es que me voy a morir. 

Con o sin tu amor. 

Con o sin vos. 

Pero antes tengo que escribir esta novela y si tiene que tratar de vos, pues bien, adelante, arruiname esto también, voilá. 

Tengo que poder sentir para escribir, tengo que poder sintetizar lo que siento para ponerlo en una palabra atrás de la otra y que los lectores se emocionen y me acuerdo de las madrugadas que me pasé escribiéndote mails porque no podía verte y cómo lloraba mientras lo hacía. Tantas madrugadas, Esteban, con la distancia entre nosotros agrandándose y achicándose hasta sentir que podía olerte. Y ahora pasaron 3 años y te extraño, te necesito y necesito olerte con la misma intensidad que necesito no extrañarte, no olerte y no necesitarte. Sos un pantano del que no salgo.

Me cago en mi puta madre. 

Todas esas mentiras que dijimos. 

Todas esas mentiras que me hiciste decir. 

Toda esa mierda atravesada en mi ecosistema contaminándome.

Me decías que “El precio a pagar por la verdad es la soledad” y te escondías en máximas universales de sentido común para hacerme creer que yo era la nena ingenua que no entendía nada de la vida real y que vos con tus mentiras y psicopateadas representabas la cruda realidad del mundo adulto. Mierdas, más mierdas. Yo te amaba y vos me amabas y no tuviste los huevos para sostenerlo. 

Porque las mentiras, Esteban, tampoco sirven para tapar la soledad. Yo me la paso mintiéndome cuando te imagino y aún así puedo tocar tu ausencia. Y mirá que miento bien, como me enseñaste. Me digo que estás fantástico sin mí y que por fin te libraste de la molesta que quería que fueras honesto y salieras de una vez de tu puta clandestinidad. Pero no alcanza, porque te sigo extrañando y te sigo necesitando y sigo queriendo que explotes tu vida perfecta por los aires y vengas a buscarme.

¿Para qué? ¿Para qué quiero que vengas a buscarme? ¿Para hacerme sufrir más? ¿Y más? ¿Y más? Esa puta manía de creer que si duele sí es amor, que si te perdono todo sí te amo, que si dejo que hagas lo que quieras es porque te pertenezco. Mi amor por vos es lo único que me hace sentir que estoy donde tengo que estar, donde pertenezco, en mi casa. Como si fueras una secta en la que te lavan el cerebro con tanta delicadeza que veneras al presidente como tu salvador. 

Y ahora, que has cambiado mi vida al punto que no puedo concebir un futuro en el que no te ame, me voy a morir. 

Mientras sigo sosteniendo este culto satánico que es amarte, me voy a morir.

Cuando todavía no puedo sacarme tu olor de entre las neuronas, me voy a morir. 

Y sé que, a mi pesar, los gusanos sobre mi cadáver dirán tu nombre. 

(*)Leticia Cappellotto (BsAs, 1985) es docente y periodista. Publica artículos, crónicas y relatos en Argentina y España. Vive en Madrid.