22:13 h. Lunes, 14 de octubre de 2019

“Frente a las fuerzas de seguridad feroces, hubo sabiduría popular”

Por Martina Dentella

Viene de hacer cuatro presentaciones de Estallidos Argentinos en Bariloche en menos de seis días. Desde hace dos años recorre el país con sus dos libros, charla con la gente, y estudia algunos procesos federales. Mario Wainfeld ejerció como abogado y profesor universitario durante veinticinco años, hasta que en el ‘97 dio un salto al vacío, al periodismo. Escribe en Página/12 desde entonces, primero como Jefe de la Sección Política y hoy como columnista. Mañana jueves, visitará Chacabuco para presentar su último libro y conversar sobre la coyuntura electoral argentina con vecinos y vecinas. Cuatro Palabras lo entrevistó en “su oficina”, un café tradicional ubicado en la ciudad de Buenos Aires sobre la Avenida Scalabrini Ortiz, donde ordena “lo de siempre” y los mozos lo reciben afectuosamente. Habla del ejercicio de la profesión entre la calle y el palacio, ensaya los motivos por los cuales la Argentina de Macri no estalló, y describe los desafíos de la nueva construcción política que le toca a Alberto Fernández. 

ENTREVISTA A MARIO WAINFELD  |  25 de septiembre de 2019 (09:41 h.)
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¿Cómo hacés equilibrio entre la calle y lo que vos nombrás como “el palacio”?

Es un desafío. Mi trabajo me lleva a entrar en el palacio, es lógico, y está bien, es necesario. Lo único que uno tiene que tratar de hacer -y yo trato- es de no enfrascarse demasiado en el palacio, porque es un microclima que ciertos periodistas compartimos con ciertos funcionarios y dirigentes. Es necesario para intercambiar información. Por un lado lo necesitás y por otro corrés el riesgo de vivir inmerso, hay que tratar de salir, de no dejarse envolver solo por la lógica del palacio que es atractiva. Alguna vez leí un libro que se llamaba Los gritos y susurros de la calle. Estar en la calle, y recordar que uno no es más que un pibe de barrio de clase media que no tuvo la suerte de estudiar o leer libros. Hay que tratar de tener contacto con personas de a pie, haciendo radio es más fácil. 

Fui tejiendo una red de contactos, en parte a través de la radio, y en parte en el mail que abrí a través del diario, con personas que me escriben y me cuentan algunas cosas. Es una línea súper informal y random, de docentes, médicos, trabajadoras sociales, y sacamos conversación. El dispositivo es un poco caótico -no del todo porque es gente que me lee y con la que tenemos cierta afinidad- y vamos aprendiendo. 

¿En estos años fuiste víctima de los trolls?

Muy poco, casi nada. A medida que establecí el ida y vuelta del mail, al principio pensé que me iban a insultar mucho, pero lo hago hace muchos años y es francamente residual en términos matemáticos, es poquísimo. Si me escriben insultos yo no los respondo y listo. Con los que son un poco despectivos o agresivos trato de establecer un vínculo. Tengo un cliché que desarrollo, entonces contesto “pegaste en el poste”, o “no les contesto a los que injurian”, o “soy garantista, abramos una oportunidad más”, “si discutimos mejor, la seguimos”. Trato de plantearlo bien y hay varias cuestiones, la primera es que las personas se sorprenden de que les contestes y otra es que el que quiere discutir algo se serena. Toma un tiempo, yo se lo dedico. Trato de sostenerlo y el resultado es altísimamente redituable y grato. Hay personas que escriben con muchísima frecuencia, en general a esos les respondo más rápido, y son breves. Además uno va conociendo dirigentes de movimientos sociales, y ese cable a tierra es muy rico. El laburo cotidiano te mete en un túnel, la lista de llamados del celular te denuncian, hablás más con gente extraña y conocida que con personas de a pie. 

Hablando de esta conexión con tus lectores y lectoras, ¿qué pasa cuando con tu libro atravesás las fronteras de la Capital Federal? ¿Qué devolución tenés en el resto del país?

Yo soy un periodista porteño, pero en radio soy nacional. En los últimos años escribí dos libros, cosa que nunca había hecho en un lapso corto. He circulado mucho, y con la radio hemos visitado muchos lugares del país. Lo primero que pasa es que se me recibe como el periodista de radio que fui, más que como el periodista de diario que soy de antes y que sigo siendo. Me preguntan cuándo vuelve el programa. Cada uno es lo que es, yo soy porteño, trato de no ser unitario, hay que ver cómo me sale. Cuando estaba en Radio Nacional y empecé a pensar en hacer recorridas por distintos lugares de provincias y coproducciones, conversaba con los directores y me decían que mi programa era el más nacional o federal de todos. Algo medio básico y que no pensé demasiado, son las cosas que no hacíamos, no hablamos del tránsito de la Capital Federal, no informamos sobre cosas que solo afectaban a la ciudad. El 90% de los oyentes no tiene subte, y no le importa. Recibo mucho, y trato de aprender mucho, sobre todo de algunas cuestiones puntuales como la cultura mediática de cada ciudad. En este momento acabo de volver de Bariloche con un libro precioso, muy bien editado. Y también de aprender bastante sobre sistemas políticos locales que yo sigo bastante, cubro las elecciones de las provincias, creo saber cómo funcionan un poco los sistemas políticos de cada lugar. Como soy relativamente neurótico pregunto si merezco tanto, rápidamente me embarco, me olvido. El libro anterior fue editado en un momento muy crítico y de mucho castigo para el kirchnerismo, 2016, y era un espacio donde existía una reivindicación, un planteo de discusión acerca de la persona de Néstor Kirchner, y de su gobierno y buena parte del gobierno de Cristina. Y en el caso de Estallidos, muy connotado con el clima electoral. 

Debido a ese interés que tenés por la cultura mediática de las ciudades que visitás, ¿pensás en cómo debe darse la discusión acerca del rol de los medios de comunicación en esta nueva etapa?

La inmensa mayoría del país está mirando si llueve en Buenos Aires o está cortada Nazca, es muy impresionante. Muy en general, pienso que la discusión que traía la ley de servicio de Comunicación Audiovisual tenía -simplificando- dos componentes, uno antimonopólico, y otro de difusión, promoción, medios alternativos. Es algo que podría haberse trabajado en profundidad, podría haberse hecho más, podría haberse hecho mejor, y debería hacerse. No es proporcionalmente tan caro, pero alguien sí tiene que pagar eso. Existen en Argentina, con veintitrés provincias, una gran cantidad de frecuencias, suponer que eso se puede sostener con recursos propios y un poco de publicidad -aún con una pauta oficial- tiene que haber una promoción del Estado, como hay en tantas otras actividades de la cultura. Para mí es super retributiva, ¿qué es lo que se impidió que se hiciera en la etapa kirchnerista? Quizás tener la mirada demasiado clavada en la disputa con Clarín, y después algunas cuestiones económicas. Había que ver quién ponía los recursos, alguien lo tiene que hacer. Por ahí también faltó tiempo. Y en lo político, si vos promovés pluralismo y federalismo radial y multiplicidad, si sos muy abierto no vas a tener un sistema verticalizado, pero a mí me parece que en términos democráticos sería bueno, y en términos de pertenencia la mayoría te acompañaría al menos en trazo grueso, es el costo de un sistema democrático, que no te apoyen en todo, al menos no todo el tiempo, pero que tengas algo sólido. La experiencia de estos cuatro años, con un ataque muy agresivo, pero al fin rodando cuatro o cinco medios grandes y los medios públicos, produjeron una devastación, sobrevivieron algunos pocos alternativos. Creo que de la capacidad de resistencia se tiene que aprender. Lo que veo mucho en Provincia y es admirable, es la cantidad de periodistas muy jóvenes que entre la última etapa kirchnerista y está última hostil, atravesaron circunstancias muy difíciles, son muy buenos profesionales, acostumbrados a la carencia, desprovistos de unos cuantos vicios de la comunicación central, con la ventaja biológica. He visto muy buenos. También veo menos ídolos de barro que acá. Le ponen mucha onda, son respetuosos, dejan hablar, investigan, y si bien las cosas las hacen muy a pulmón, tienen mucho manejo informático. Hacen mucho con poco.

Las muertes de Kosteki y Santillán las llevás a los talleres y les dedicás un capítulo de tu libro que es muy fuerte, ¿te marcaron en tu vida de periodista? 

Los hechos de sangre en general te marcan mucho. De Kosteki y Santillán tengo un recuerdo muy vívido porque creo que -en el brevísimo lapso en que hubo una polémica tremenda- hicimos muy buen periodismo. Recuerdo esa tarde cuando llegó Laura Vales. Quizás elegí un momento en el que el diario anduvo muy bien, sí, fue una cobertura formidable que hicimos sobre todo de los primeros días, de tanta desinformación. Yo era Jefe de política, hablé con funcionarios muy importantes. Nosotros veníamos manteniendo vínculo con los pibes de los movimientos desocupados, había conversado con ellos antes. Eso me marcó mucho. Le hemos dado veinte vueltas, yo tenía en mente que iba a pasar algo bastante pesado, pero anunciaban algunas cosas y el Gobierno estaba en una postura de que la propuesta era algo grave, muy peligroso. Y después de muchos años me pregunté por qué no mandé a más periodistas. Laura tenía que ir de cabeza, porque era la mejor, tenía contacto con los movimientos y la iban a cuidar, y junto con ella dos fotógrafos. Tuvimos una reunión de redacción y dijimos “Por dos días fuimos el mejor diario de la Argentina, enterensé, en general no somos eso” y bromeaba “No lo volveremos a ser”.

“La promesa debe ser el cambio de rumbo” 

Haciendo revisión histórica de momentos tan difíciles de los últimos veinte años de la Argentina, da su versión de porque el país de Macri no estalló y cuáles desafíos le esperan a Alberto Fernández si finalmente es electo presidente. 

¿Por qué creés que la Argentina de Macri todavía no estalló?

Por responder rápido, por suerte, no hay gran motivo para deducir que hubiera ocurrido algo bueno si hubiera estallado. Un estallido es una revuelta popular con elementos de violencia, organicidad. Creo que hubo una gran sabiduría en la resistencia y una gran contención, que después habría que remitir y pensar. Contexto hubo, pero hubo una gran sabiduría que es la memoria. Mi amigo Martín Rodríguez dice que en 2001 nació el kirchnerismo, el macrismo, y también nació la autoconciencia de ciertos sectores de la resistencia popular. Si salís a la calle a cuerpo descubierto, va a pagar más esa persona que la autoridad, no está dado un proceso de revulsión social que desemboque en un Kirchner, históricamente los precedentes lo llevaron para otro lado. Hubo sabiduría en los movimientos populares y en sus conducciones sin dudas, algunas que son muy transigentes y otras que han sido más serenas, que pudieron contener y manejar para que no se expusieran a niveles de represión que este Gobierno estaba dispuesto a propinar. El tema es quién pone los cuerpos, y no es nadie que lo pregunte desde la comodidad de un micrófono o desde un lugar calefaccionado. Son personas que van a la calle, muchas veces con su familia, la mayoría no lleva nada, se enfrentan con fuerzas de seguridad muy feroces, y muy protegidas y fomentadas por el Gobierno nacional para reprimir. La resistencia tiene un valor en sí misma, y mientras vos te mantenés en movimiento, tenés vivo que algo puede pasar. 

En un fragmento del libro decís sobre Néstor Kirchner: “Pragmatismo es saber adecuarse a las circunstancias o las imposiciones irresistibles sin apartarse de los principios”, ¿qué tarea tiene por delante Alberto Fernández en la nueva construcción política?

Pienso en voz alta. Fernández llega con un contrato electoral y una promesa que es extraña, inusual, él dice “Yo formo parte de una fuerza que discuto, he discutido con Cristina, hemos estado juntos y nos hemos vuelto a poner de acuerdo, y eso es en parte lo que me legitima”. Eso en campaña es rarísimo, es un nuevo paradigma. Los mensajes de campaña son o suelen ser “Estamos de acuerdo, nos unimos”. Eso está bien, hay que ver hasta qué punto se sostiene, en la acción de gobierno tenés que tener una cierta unidad de criterio. Me parece que tiene dos o tres tareas que son muy importantes y dos o tres mandatos. La Argentina tiene que recuperar autonomía, tiene que redistribuir ingreso, tiene que producir un viraje urgente. Los programas que se tienen que desarrollar urgente están, y la capacidad del Estado de transferir fondos es apretar un botón, es decisión y que haya un poco de guita. Por otro, lado que la promesa no sea una recuperación inmediata pero sí un cambio de rumbo. Lo que yo creo correcto, por ejemplo, respecto a lo que hay que hacer con los medios no es lo que dice Alberto Fernández, no me parece felíz lo que dijo, uno lo puede entender, quizás es lo que debe hacer. El espacio actual del Frente de Todos, empezando por el kirchnerismo en la Casa Rosada, no supo sustanciar sus diferencias de modo productivo como para que el gobierno fuera mejor, teniendo alguna otra variante que romper. ¿Se podrá hacer ahora?, no lo sé. En este tiempo se me vino otra frase de Kirchner a la cabeza, que dijo en un momento donde las variables mejoraban con mucha velocidad, él decía “Vamos a salir del infierno y vamos llegar al purgatorio”. Kirchner prometía el purgatorio, tal vez la promesa tenía otra receptividad por el momento que se vivía, el decía que no era la Argentina que queríamos, y que salíamos del infierno. La Argentina no es la de 2001, ni la de 2003, dos aprendizajes en la cabeza: los errores de los últimos años del kirchnerismo, y todo lo que se aprendió del movimiento popular en los años difíciles.