22:40 h. Lunes, 14 de octubre de 2019

No hay feminismo sin justicia social, ni justicia social sin feminismo

(*)Por Micaela Olivetto 

OPINIÓN  |  18 de septiembre de 2019 (13:48 h.)
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Nuestro país ha transitado por doce años y medio una experiencia histórica de reparación y recuperación de derechos. Esto fue posible por la decisión de un gobierno nacional y popular que, desde un proyecto político de inclusión e igualdad, acompañó a sectores históricamente negados asumiendo al Estado desde el rol de garante de derechos. En estos últimos años, en cambio, ha vuelto la lógica del discurso conservador moral de la mano del gobierno de la Alianza Cambiemos. Lo vemos expresado en la defensa de un ideal de familia que no admite otras múltiples formas de serlo, y la punibilidad de lo que llaman “ideología de género”, entre otros ejemplos. 

De la mano de este discurso conservador moral viene el concepto de meritocracia, que pondera el mérito individualista por sobre lo colectivo desde el sentido de igualdad, trasladando la responsabilidad del éxito o el fracaso únicamente a la persona. Según el discurso meritocrático “si te va bien es porque el mérito es solo tuyo, y si te va mal tenés la culpa”. En relación a esta premisa, para el caso de la reivindicación de los derechos de las mujeres, Luciana Peker explica de manera muy clara, que las nosotras conocemos bien lo que es la culpa: “La conocemos y la combatimos: tenía la pollera muy corta, el short muy ajustado para ir a buscar trabajo, no era una zona para volver a las cinco de la mañana, para qué fue sola a leer un libro a la playa, se hubiera buscado un tipo con plata, ella lo denunció y él se enloqueció, era una fanática de los boliches, si muestran el culo en instagram después no se quejen si las violan”. En este sentido, debemos ser conscientes de que las relaciones de género, así como las relaciones de clase, son la base de toda discusión de poder, y como dice Rita Segato, “el pilar, cimiento y pedagogía de todo poder – por la profundidad histórica que lo torna fundacional y por la actualización constante de su estructura - es el patriarcado”. 

La relación de género basada en la desigualdad es la estructura más antigua y a la vez más permanente, y frente a esa relación desigual se han construido las relaciones políticas, que en el marco de lo público – contracara de lo privado como ámbito “natural” de desenvolvimiento de las mujeres - se ha sabido “legitimar” como un espacio netamente de hombres. La lucha histórica de las mujeres, siempre colectiva y basada en relaciones de cercanía y sororidad, han sabido lograr, entre otras cosas, la incorporación a la vida pública que en la actualidad dejó de ser “cosa de hombres”. Las tensiones, discusiones y peleas que han dado quienes nos precedieron han sabido tener su reconocimiento en forma de leyes o políticas públicas en gobiernos de tinte popular, generalmente de la mano del peronismo. 

Es por esto que el feminismo no se explica sin justicia social. Las mujeres tenemos mérito para incorporarnos a la vida política, pero nos enfrentamos diariamente a barreras económicas, familiares, sociales que hacen que nuestro camino sea siempre cuesta arriba. La justicia social juega un rol clave en pos de generar un piso de igualdad entre varones y mujeres. Si lo pensamos en clave electoral, podemos observar el voto femenino, el cupo del 30% y la paridad de la actualidad. Si lo pensamos en clave de participación, podemos observar la incorporación de millones de jóvenes a la militancia durante los años de gobierno kirchnerista al recuperarla como herramienta de transformación, el voto a los 16 y la “revolución de las hijas” como instaló Luciana Peker ante la participación activa en el feminismo de miles y miles de pibas que ya no se bancan que les digan qué hacer con su cuerpo. 

La igualdad necesita la intervención del Estado, la creación de políticas públicas y leyes para que las mujeres lleguemos a ser parte, y al ser parte generemos las condiciones para que lleguen las demás. A la meritocracia le ponemos como contrapartida la justicia social, y nuestro lema “La Patria es el Otro”, o mejor dicho, la Otra. Hay quienes dicen que la perspectiva de género y la conciencia de clase son como “anteojos que una vez que te los pones, ves todo de otra manera y ya no podes cambiar tu forma de ver el mundo”, si entendemos que el patriarcado es la base de todas las relaciones de desigualdad, y que la lucha de clases está íntimamente ligada a esto, podemos concluir que necesitamos un Estado inclusivo, que crezca, que amplíe derechos y genere las condiciones para un cambio cultural que mueva las bases que sostienen el sistema patriarcal, que más mujeres feministas lleguemos a lugares de poder, y trabajemos para generar un piso más alto de igualdad. Toda lucha por el poder, toda pérdida de privilegios genera resistencia y nadie los va a ceder amablemente. Luchar por la igualdad es una decisión política, y están a la vista los espacios partidarios dispuestos a dar la discusión en los ámbitos que corresponde.

La justicia social es la mejor aliada para el feminismo. Lo demuestra la historia. Sigamos construyendo desde el 10 de diciembre un nuevo capítulo de conquistas.

(*)Militante de La Cámpora. Feminista. Candidata a Diputada Provincial por el Frente de Todos