Estas son las cosas que importan

cuatropalabras.com.ar  |  12 de marzo de 2020 (13:54 h.)

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Por Martina Dentella 

La meritocracia sin igualdad de oportunidades es una trampa. Una mentira. La mentira que repiten los que la usufructan, los que hacen de ella un negocio. Ninguna perspectiva de derechos encaja en los parámetros de la meritocracia. 

Ayer circuló en las redes sociales de algunos vecinos y vecinas de la ciudad, una foto de un niño de poco más de diez años. Alguien le tomó una foto en primer plano y la compartió con un texto que aconsejaba a los contactos a tener cuidado con sus pertenencias, precaución. 

El problema puede crear soluciones hipotéticas generalizadoras, pero lo cierto es que la raíz del conflicto es mucho más profunda y tiene su anclaje en la desigualdad social. 

Y una puede apelar a frases armoniosas y solemnes, romantizar la pobreza, pero la desigualdad social es el fantasma que recorre los países pobres del mundo, y se funda sobre las bases de un sistema que se parece a una olla a presión, que ya no sirve para nadie. 

El ex economista del Banco Mundial, Martin Ravallion, lo explica mejor. Viene de una familia humilde y sufrió en primera persona el impacto de la pobreza. Instalado durante años entre los 100 economistas más reconocidos del mundo, habla de lo costosa que se vuelve la desigualdad en términos sociales y económicos. 

Entrevistado por uno de los diarios más prestigiosos del mundo, El País/España, dice “La desigualdad en América Latina es muy alta y esto es un problema, tanto para el crecimiento económico como para la lucha contra la pobreza. ¿Toda desigualdad es siempre mala? No, no es verdad. Hay niveles de desigualdad que son positivos en términos de incentivos, crecimiento y reducción de la pobreza. Pero este grado de desigualdad, como la desigualdad racial y de género, es inaceptable y debemos construir un consenso al respecto”. 

Dice que es necesario mostrarle a la gente lo costosa que es la desigualdad, “No solo es ética y moralmente repulsiva: también es una mala noticia para el crecimiento económico. Si la desigualdad no se maneja bien, habrá poco crecimiento y no será posible aprovechar sus beneficios. Debe haber buenas condiciones de salud, guarderías y escuelas decentes, los jóvenes deben poder estudiar en la Universidad y desarrollar todo su potencial. Estas son las cosas que realmente importan. Además, borrar la idea de que querer reducir la desigualdad es algo comunista: me gustaría que el capitalismo funcione para todos. Y no veo que eso suceda. Hay que asegurar que el campo de juego esté mucho más nivelado: tratar de minimizar la desventaja de los niños que nacen en familias pobres. Y eso requiere intervención desde la edad más temprana: necesitamos políticas que corrijan esta inequidad desde el principio”. 

Aconsejo leerla completa en el portal mencionado. 

Da miedo. Da miedo ver cómo se criminaliza a un niño, como se naturaliza su linchamiento virtual. 

El niño es la deuda pendiente de un estado democrático que lo dejó solo. El niño no puede tener una mirada breve, al paso. El niño merece otra lectura, otras miradas que no pasen de largo. Merece un sistema con un par de oportunidades que nunca le fueron presentadas, que le habiliten otra vía. El niño merece ilusionarse con un futuro mejor. El niño es un montón de niños en su misma condición. 

Merece un par de preguntas, quizás: ¿qué te gustaría estudiar?, ¿qué te gustaría comer?, ¿a qué te gustaría jugar?. 

Estas son las cosas que realmente importan. 

 

 

foto: Pinterest

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