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  • martes, 29 de septiembre de 2020

Los que están en el humo

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri

El humo de los incendios desatados en el delta del Paraná ha llegado hasta nuestras narices. Las llamas devoran uno de los humedales más grandes de nuestra República. Si bien no hay certezas de quién, ni porqué provocó semejante desastre ambiental, hay indicios de que la explotación ganadera es responsable del asunto. Los ruralistas santafesinos y entrerrianos han salido a atajarse. El modelo de producción agropecuaria argentina vuelve a estar en el debate.

Los que están en el humo

 

En la tardecita-noche de este lunes, en nuestra ciudad se podían apreciar dos fenómenos extraordinarios: la luna de sangre y el humo omnipresente. Sobre la primera manifestación se pudieron observar muchas fotografías, registradas por profesionales de las cámaras y por vecinos que gatillaron con sus celulares y publicaron en las redes sociales. Un suceso impregnado de romanticismo, como casi todo lo relacionado a nuestro satélite natural.

El otro asunto -aunque sorprendente- no es tan agradable. Los incendios registrados desde febrero en el delta del Paraná arrasan con un ecosistema clave para la regulación,  purificación y almacenamiento de agua, el sostenimiento de la biodiversidad y el aprovisionamiento de recursos naturales a los residentes en esa región tan particular. Flora y fauna autóctonas desaparecen ante el avance del fuego, que todo lo transforma.  

Este año está de seca, no llueve, parece que entramos en un ciclo sin precipitaciones, algo bastante esperable en este planeta: hay momentos húmedos y otros secos. Para postre, se dio una baja histórica en el río Paraná que nos obliga a buscar en los registros de 1971 para encontrar algo similar. Sin embargo, estos factores -que han favorecido la propagación de las llamas y han dificultado su combate- no terminan de justificar el desastre. Hay más.

¡Opa, opa, vamos vaca!

“Lo que está pasando en el Delta del Paraná es una tragedia. Los responsables de este ecocidio están atentando contra la biodiversidad y contra la salud de las personas. La justicia de Entre Ríos tiene la llave para terminar con esta situación que tanto daño está causando”, declaró recientemente el ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié, quien solicitó que la Justicia actúe contra los propietarios de tierras donde se realizaron quemas.

Por su parte, Maximiliano Leo-Schultz, ambientalista y vecino de Puerto Gaboto, localidad ubicada en el sudeste santafesino, en un texto imperdible, titulado “Otra mirada sobre la quema en los humedales del Paraná” asegura que la Argentina “transformó en los últimos veinticinco años la forma de generar materias primas. Cambió su matriz productiva… su útero. (...) Pasó de ser un país productor de alimentos de calidad, a ser un productor de cantidad de mercancías (commodities)”. El especialista en ambiente explica que ese cambio de matriz productiva orientada a la “fabricación” a gran escala de granos, también impactó en otra de las actividades centrales del agro: la ganadería. Y opina: “las fronteras agropecuarias terminaron de desintegrar el pastizal pampeano y el espinal, y encontró en los bordes -ahí donde se le complica trabajar al operario del mosquito y la cosechadora- el nuevo lugar para las vacas. (...) En nuestra zona la ganadería se corrió hacia las cañadas de los arroyos pampeanos, hacia los espinales inundables del domo oriental (¿seguirán enseñando geografía de Santa Fe en las escuelas?) y, en especial, hacia los humedales del Paraná”. Ajá, reservas naturales ocupadas para criar vacas desplazadas por la soja. Bien, vamos entendiendo.

Para los humedales, las consecuencias del fuego son devastadoras. “Está provocando una gran mortandad de fauna que queda atrapada entre las llamas, como mamíferos, y tiene un gran impacto también sobre sitios de nidificación de aves, en la germinación y floración de especies nativas”, explica Laura Prol, coordinadora del área de Humedales de la ONG Taller Ecologista. “La destrucción de la cobertura vegetal hace perder funciones de estos ecosistemas como resistir el impacto erosivo del agua y la captación de dióxido de carbono”, añade, y sigue iluminando con su relato: “los incendios son también letales para las abejas y las cenizas contaminan las lagunas, lugares de reproducción de peces”.

La ley que no está

“Basta de quemas. Están destruyendo el humedal”, “Nuestro delta está ardiendo en este momento. Ley de humedales ya”, rezan los carteles colocados sobre el puente que une las ciudades de Rosario, en la provincia de Santa Fe, con Victoria, en Entre Ríos. El puente, que cruza algunas de las islas fluviales quemadas, fue inaugurado en 2003 y facilitó la entrada de ganado en el delta, asunto propiciado por la falta de una norma que ponga las cosas en su lugar: las vacas en las praderas y no en los humedales.

De todas formas, puede que con la sanción de la ley no alcance: “La gente tiene la imagen de que la ley va a ser la panacea y lamentablemente no. El problema se resuelve con gestión, política territorial y justicia. La ley de Entre Ríos prohíbe los incendios intencionales, eventualmente si se quiere hacer fuego hay que pedir permiso, pero no lo cumplen porque no hay poder de policía y los jueces miran para otro lado. Hay intereses inmobiliarios y productivos”, advierte Patricia Kandus, investigadora de la Universidad Nacional de General San Martín, especializada en humedales.

Volvamos a Leo-Schultz, quien ubica el momento de inicio de la catástrofe en 1989, cuando “Menem ganó la interna del peronismo contra Cafiero -ellos mismos no lo podían creer-. Y ganó después las elecciones presidenciales”. Y amplía el concepto: “El plan consistía en pasar de la fábrica a la oficina, del alimento al commoditie, de la hiperinflación del austral a un plan de convertibilidad sostenido a fuerza de descontrolar la deuda externa. Para el comienzo de su segunda presidencia, con la llegada de los productos transgénicos, se termina de consolidar el modelo agroexportador”.

Si acordamos con esta idea, es tiempo de apagar un incendio que se inició hace tres décadas.