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  • martes, 29 de septiembre de 2020

“Estamos infectados de mala información”

José María Rago, conocido por los vecinos de Chacabuco como “el flaco”, es camarógrafo desde que tiene memoria. Su padre, le dio las herramientas claves para su vida: una cámara, y un par de pinceles. En un vivo con Cuatro Palabras habló de sus maestros, su formación autodidáctica, y su paso por los medios públicos. En ese sentido opinó sobre cómo cree que debe funcionar una agencia pública, “tiene que informar de todo sin editorializar, ser imparcial”. También se refiere al desguazamiento que sufrieron los medios estatales durante la gestión de Hernán Lombardi “Cuando asumió ese gobierno yo dije “vienen por todos”. Me decían que exageraba. Yo no lo decía por inteligente sino por viejo”, dice.  

“Estamos infectados de mala información”

Por Martina Dentella 

Cuando terminó el colegio se fue a estudiar medicina, y por distintos motivos no pudo seguir. Entró a trabajar en el Canal 7, donde forjó sus herramientas. “Una época durísima, en plena dictadura”, recuerda. Era el comienzo de la televisión a color. Ahí tuvo una noción más clara de la imagen en movimiento, la edición. Pero los libros tuvieron mucho que ver, “nunca dejé de estudiar, siempre iba a los libros y lo sigo haciendo”. 

En Chacabuco cámara en el canal local donde salía a grabar, hacía producción, programas locales, cobraba publicidades, entre otras cosas. 

Salían las primeras cámaras de video portátiles de VHS. Un día agarró la cámara y puso a Dante -su hijo mayor- en la mochila y salió a repartir tarjetas para ofrecer filmaciones. Iba por algunas casas, como en una especie de evangelización de hormiga de la modernidad.

En los noventa, con la ola de despidos, puso su primera productora frente a la plaza San Martín.

Cree que lo que se consume hoy “es basura, y lo ves en el efecto que ha hecho en la sociedad, por eso tiene que haber una ley de medios”, y dice “Nos tenemos que aggiornar a las nuevas tecnologías, o nos ganan los trolls, estamos infectados de mala información”.

 

-¿Qué creés que falló para que no se pudiera avanzar con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (ley de medios)?

-Creo que no hubo una buena comunicación. Hubo -quizás- un poquito de soberbia en algunos grupos, quizás por jóvenes. Pero sobre todo, no se pudo implementar por el poder mediático de grupo Clarín. Es una lucha contra algo enquistado, que lleva años formateando a la gente. ¿Cómo le hacés a entender a algunas personas que periodistas estrellas le han estado mintiendo por cobrar más pauta publicitaria?. Hacerle entender a la gente por donde pasa la cosa lleva otro tiempo. 

-¿Cómo ves el mundo de las redes sociales insertándose en los medios?

-Creo que es una burbuja que va a explotar. Pero creo que los medios estatales se tienen que meter de lleno. En la tele no hay información, hay show. En cambio en las redes apsa otra cosa, vos entrás a twitter y hay periodistas que ahí es donde dicen lo que piensan, porque no tienen bajada editorial. Yo voy a apuntar para ese lado. No estoy más para estar de bombero en la calle. 

-Los móviles no tienen sin horario, salís a enfrentarte a una situación y muchas veces no sabés con lo que te vas a encontrar…

-La querida patria movilera. Salís y no sabés con qué te encontrás o no sabés si volvés. 

-¿Te ha tocado pasar por una situación así?

-Sí. La más dura. Teníamos que hacer cobertura sobre la noche del apagón, en Ingeniero Ledesma. Fuimos a entrevistar a gente que había estado chupada, desaparecida. Fuimos con un periodista que hablaba y hablaba y daba demasiada información, yo le decía “callate la boca porque acá no sabemos cómo están las cosas”. Hicimos varias entrevistas, a un docente, y distintas personas del pueblo. Era pleno día. Vimos en una esquina un auto de alta gama, el auto se va, y de repente aparecen diez pibes con machetes, que nos empiezan a dar vueltas alrededor. Una intimidación de aquellas. A todos lados donde íbamos nos seguían autos. Tuvimos que hacer una denuncia en la fiscalía. Nos defendió el abogado de Milagros Sala. Yo respiré cuando aterrizamos en Buenos Aires. Pero son cosas que te dan fuerza. 

¿Cómo se enteraron de los despidos en Télam durante la gestión de Hernán Lombardi?

Cuando asumió ese gobierno yo dije “vienen por todos”. Me decían que exageraba. Yo no lo decía por inteligente, lo decía por viejo. Yo estaba grabando una conferencia del impresentable de Triaca, y me llegó un Whatsapp de mi señora con la foto del telegrama. Mis compañeros me decían “nos vamos”. Y yo me quedé a terminar el trabajo. A más de 350 nos llegó el telegrama. Y al resto de los compañeros les llegó un mail con la “bienvenida a la nueva agencia”. Un nivel de hijaputez extraordinario, porque no había necesidad de decirle al resto de los compañeros “bienvenidos a la nueva Télam”, era para dividir las aguas. El problema es que te miraban las redes sociales. 

-Fue un gobierno espía

-No tenían cara. Muchos compañeros dieron de baja sus redes sociales por miedo. No se podía repreguntar, porque te echaban. Entonces comenzó una autocensura. Y un tipo que laburó toda su vida en medios, se muere si les sacás ese trabajo. Es su vida. 

-¿Cómo creés -después de tantos años- que tiene que funcionar una agencia estatal para ser seria en el tratamiento de la noticia?

-Yo soy un simple laburante, el brazo ejecutor. Yo no me autocensuro (risas), pero yo sé que hay algo que define si las cosas se están haciendo bien o haciendo mal, y es la cantidad de trolls que publican cuando sale una información de la agencia, indica que vamos bien. Una agencia pública tiene que informar de todo sin editorializar, ser imparcial. A mi modesto entender, la cosa está marchando por la cantidad de gente que putea. Si vas a sus perfiles, son todos truchos. El ejército de Marquitos Peña está más activo que nunca.