11:40 h. Miércoles, 20 de noviembre de 2019

El síndrome de Junín

Por Alejo Dentella

El resultado local de la elecciones del último domingo son un síntoma de madurez del electorado. La cuestión no es matemática sino política. Aiola leyó mejor la realidad y metió la piña del nocaut. Ciminelli hizo una digna elección que no alcanzó para cambiar el rumbo de lo inevitable.El peronismo de Chacabuco viene construyendo su propia derrota desde antes del 2015. La profecia del síndrome de Junín se autocumplirá si continúan aplicando los mismos remedios. 

OPINIÓN  |  04 de noviembre de 2019 (14:14 h.)
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Hace menos de un mes, en esta misma columna de opinión, dijimos que el intendente Víctor Aiola y Ricardo Ciminelli arrancaban desde una paridad cercana a los 15 mil votos. Era un dato duro que dejaba el marcador de las PASO, y luego agregamos una proyección de 3000 votos en disputa entendiendo que quien más se llevara de ahí seguramente ganaría las elecciones. Nadie, ni de un lado ni del otro, suponía que toda la cosecha se iría por la reelección del actual Intendente. Durante esta semana se ha hablado mucho sobre el escrutinio final provisorio, de las elecciones en todo el país. Excede las pretensiones de este cronista ampliar o ser creativo en el análisis, aunque algún comentario será obligado para fijar en contexto el resultado local. 

Poner la espalda

Si Cristina Fernández hubiera elegido, por ejemplo, a Daniel Scioli como candidato a presidente, seguramente no hubiese hecho una mala elección. Tal vez contenía a gran parte del peronismo y de su espacio Kirchnerista. Le alcanzaba para seguir mostrando sus 30 puntos y su poder de negociación, pero jamás hubiese ganado. En la genial construcción de la oferta electoral está la explicación del resultado del último domingo y del regreso al poder. También en la linealidad del proyecto por el que Axel Kicillof siguió trabajando desde enero del 2016, está el ejemplo de la lealtad y las convicciones políticas, que por suerte, perduran. Nada de esto entendió el grueso del peronismo local desde la derrota del 2015. Por eso suman otra derrota que no es producto de la casualidad, ni de la falta de acompañamiento de quienes perdieron las PASO. En todo caso, es la consecuencia de la sumatoria de errores que pudieron ser evitados. Por eso termina siendo cierto aquello de que ¨quien no tiene cabeza para prevenir, debe tener espaldas para aguantar¨. 

El árbol y el bosque

La elección de medio termino debía ser la instancia de resolución de las viejas conflictividades internas del peronismo oficial de Julián Domínguez. Pifiaron mal, se sumaron al coro de los que daban por muerta a Cristina o militaron la abstinencia. De una u otra manera comenzaron a transitar el derrotero final. 

También desde esta columna, y desde hace ya algunos años, sostenemos que el proyecto político de la vieja Liga Federal cumplió su cuarto de hora. La candidatura de Ricardo Ciminelli fue otra apuesta de Domínguez para garantizar la unidad de los pedazos y con eso ganarle las PASO a Martin Carnaghi. Otra vez la imagen del árbol les tapó el bosque El objetivo era cerrar el camino a cualquier intento de recambio generacional que no fuera funcional al statu quo. Mantener las llave del envejecido PJ local y luego ver. La dignidad y honradez del candidato ganador de la instancia del 11 de agosto les permitió soñar con la posibilidad de la vuelta al principal palacio público. Ricardo Ciminelli hizo una gran elección aunque al final estuvo lejos de alcanzar el triunfo a pesar del extraordinario viento de cola provincial y nacional. 

La piña del nocaut

Aiola se quedó con los algo más de tres mil votos que había en disputa. Fue quien mejor leyó lo que hacía falta para la piña del nocaut. La municipalización de la campaña no fue solo esconder a Macri y Vidal. Sin demasiada argumentación teórica definió con claridad la disputa del poder territorial. El reelecto intendente planteó a los vecinos que la discusión en Chacabuco era, entre su continuidad o el regreso de Domínguez. Está claro que el argumento prendió en tierra fértil. Hace rato que el veterano conductor pejotista perdió el calor de su pueblo. La estrategia de Aiola fue al corazón de las fisuras del equipo opositor. De nuevo, el dignísimo resultado que cosechó el Frente de Todos en Chacabuco sobra para la foto de un derrota que debería ser la última. Alguna vez, un importante dirigente de ese espacio comentó que sí no leían bien los resultados de las urnas y actuaban en consecuencia, el síndrome del atomizado PJ juninense sería inevitable. La última asamblea de la Cooperativa Eléctrica que se llevó a cabo el jueves 31 no es un buen síntoma. El intendente Aiola comenzó a usar algunas máximas del General que los propios hijos y nietos parecen no entender. La única verdad es la realidad.