10:06 h. Domingo, 26 de Mayo de 2019

El rostro de los servicios

Más allá de millonarias obras públicas que perdurarán en el tiempo y serán reconocidas como valioso aporte del actual gobierno, hay un trabajo cotidiano y silencioso que se sostuvo durante estos largos tres años. Con los más y los menos, los servicios públicos logran resultados que se exhiben en el día a día, porque detrás hay voluntades perseverantes que lo hacen posible. Seguramente estas conductas se imitan en otras reparticiones públicas y por eso trataremos de mostrar los rostros y ponerle nombre y apellido a esos laburantes. Acá van los testimonios de Néstor Darío González y Ricardo Narváez. 

LOS PROTAGONISTAS​  |  06 de Marzo de 2019 (12:31 h.)
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Néstor Darío González -más conocido como “el Fat”- es desde la llegada de Víctor Aiola, el encargado del Área de Espacios Verdes de la Municipalidad de Chacabuco. González es uno de esos funcionarios que siente orgullo por estar al frente de la cotidiana batalla por prestar los mejores servicios con los que se tiene a disposición. “Venimos manteniendo los espacios verdes, las plazas y plazoletas del microcentro, las que están alrededor de la ciudad, y las plazoletas de los barrios, tengo un equipo de once personas a cargo en total” comienza diciendo el entrevistado. Dos tractores, -uno viejito que está en arreglo- y dos antiguas máquinas de cortar pasto, es casi toda la artillería con que salen a dar batalla cada día, pero no se resignan y por eso González dice “nosotros vamos reparando, nos llegan los repuestos que pedimos a diario y en la semana me llegó una máquina cortadora nueva que vamos a sumar para cortar pasto” y agrega “a pesar de no ser de nuestra responsabilidad también colaboramos con la poda de árboles y a veces asistimos también en el cementerio”.

Además de las actuales plazas y plazoletas existentes, el equipo que comanda González lleva a cabo la apertura de nuevos espacios destinados a esa finalidad “estamos abriendo espacios verdes nuevos en el barrio Los Pioneros, San Antonio, Los Robles, también nos sumaron la plazoleta del barrio ProCreAr”, destaca “el Fat”, y continúa hablando de los vecinos que lo consultan sobre especies de árboles, o del trabajo que se lleva a cabo en los propios talleres municipales, porque asegura “hemos recuperado el criterio de arreglar las máquinas nosotros mismos, ahorramos recursos y ganamos tiempo, hay muy buena voluntad de todo el equipo que me acompaña y ellos hacen posible que podamos estar presentes en el trabajo cotidiano o frente al reclamo de los vecinos”.

“Los vecinos entendieron que debemos hacerlo entre todos”

Nos habíamos acostumbrado a que la mínima lluvia nos dejaba muchas calles de la ciudad intransitables. Las mega obras de drenaje brillaron por su ausencia durante años y por eso se creía que solo ahí está el fondo del problema. Por algo debía empezarse y de eso se ocupó Ricardo Narváez desde el Área de Mantenimiento de desagües y sumideros. Amable y distendido, a este vecino devenido funcionario, se le nota que no se le cayó ningún anillo para poner manos a la obra. La conversación se llevó a cabo el lunes feriado en un café céntrico y ahí nos contó “El personal dedicado a las bocas de tormenta son cuatro, lo hacemos de forma continua en lo que es el radio céntrico entre las cuatro avenidas y en ocasiones puntuales salimos fuera de las avenidas, el trabajo es bastante amplio y no alcanzamos a dar la vuelta constantemente. El primer año hicimos un relajamiento de todas las bocas y nos llevó los primeros nueve o diez meses de gestión. Había más de 650 bocas de tormenta en el perímetro muy cercano a las cuatro avenidas y dos o tres cuadras alrededor”. Cuando le preguntamos por las maquinarias a disposición, enseguida destacó los recursos humanos diciendo “lo más importante es la buena voluntad de los empleados que tengo porque para este trabajo mucha maquinaria no tenemos y tampoco se requiere para el mantenimiento, a veces contratamos servicios de afuera, como por ejemplo a la Municipalidad de Salto y también de Santa Fe, que es un desestructurador, que al mismo tiempo que va rompiendo el sedimento de las cañerías, manda agua a presión y la absorbe tipo camión atmosférico”.

Narváez va y viene todo el tiempo detallando la cantidad de tareas que cubren a diario y resaltando una y otra vez el acompañamiento del personal, hasta que finalmente recuerda una de la tantas anécdotas “Nunca me voy a olvidar una de las primeras salidas que tuve al mes de haber empezado la gestión. Una mañana una señora abrió la ventana asustada porque escuchó unos ruidos y después me comentó que hacía más de 14 años que ella vivía en esa casa y que nunca había visto que limpiaran una boca de tormenta”. Enseguida cuenta que “asustaba la cantidad de acumulación de mugre en las bocas de tormenta” y que “lentamente los vecinos empezaron a colaborar”, y agrega “A partir de una campaña que se empezó a hacer desde la Secretaría de Prensa y Difusión del Municipio la gente se fue concientizando y hoy es mucho más fácil hacer esta tarea que cuando empezamos”.

En las idas y vueltas de la charla, Don Ricardo -como lo conocen algunos- insiste en destacar la tarea de sus empleados, y que a veces los tiene que ceder para otra área. Los que lo conocen de cerca saben que Narváez, a pesar de su bajo perfil, es un cuadro político de los que ya no se consiguen y por eso como buen viejo zorro aprovecha el final de la conversación para meter un bocadillo y dice “espero poder cumplir con las exigencias que tanto el intendente Aiola, como el secretario Mario Ferraresi, nos imponen a diario, que es el mantenimiento constante y poder dar la vuelta y arrancar nuevamente, así cuando terminamos una punta volver al principio, esto es así, la única forma es estar siempre empezando de nuevo”.