07:24 h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

El golpe más duro

No terminamos de alegrarnos por la liberación de Lula, que nos sorprendió el golpe en Bolivia. Cuesta aceptar que otra vez nuestro barrio tenga que lidiar con semejantes bestias como son los protagonistas del golpe contra la democracia en aquel país hermano.

OPINIÓN  Por Gustavo Porfiri  |  12 de noviembre de 2019 (10:05 h.)
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Ayer al mediodía, andando la ciudad, un amigo lector me preguntó si el golpe de Estado en Bolivia estaba dentro de lo previsto. Le contesté que sí teniendo en cuenta las declaraciones de Evo Morales de hace unos diez o doce días, cuando denunció esta posibilidad. Igualmente, le manifesté que me sorprendió la dinámica de los acontecimientos y su desenlace. Asimismo, durante la noche del domingo, un familiar me preguntaba: -“¿No ven todo lo que hizo Evo a favor de los pobres y cómo mejoró la economía?”. Para tales interrogantes, hay una respuesta que circuló poco después de la renuncia del presidente Evo. Fue Atilio Borón quien señaló: “por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses”.

Para la pregunta sobre si esto estaba entre los escenarios posibles, Borón explicó: “hay que estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva. Esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (character assasination) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. Esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como ´periodistas independientes´, que a favor de su control cuasi monopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general”.

Una cuestión de piel

Podemos decir entonces, tomando las ideas de Borón, que El golpe de Estado en Bolivia ha sido sorpresivo y feroz. “Facineroso y cívico policial” fue una de las categorizaciones que hizo el propio presidente Morales. Este presidente indígena, sindicalista y cocalero acaba de ganar las elecciones con casi la mitad de los votos en juego. Sin embargo, es evidente que por debajo de su popularidad y aceptación se venía gestando lo que hoy ha germinado y una vez más, las oligarquías sudamericanas, aliadas a los militares, ponen en jaque a todo un pueblo y a sus gobernantes democráticamente elegidos. Estaban al acecho, habían esperado pacientemente durante trece largos años en los que fueron tejiendo la trama necesaria para dar el golpe. Conclusión: siempre están y hay que trabajar arduamente cada día para que no prosperen.

En este sentido, conviene revisar el desarrollo que tuvo la Unión Juvenil Cruceñista, un grupo de características fascistas que opera en Santa Cruz de la Sierra y que tiene incrustado en su genética el odio racial -que viene desde el fondo de los tiempos- manifestado por los integrantes de la llamada “medialuna”, una región compuesta por los departamentos Tarija(llanura) y Santa Cruz, Beni y Pando(oriente).

Estos cruzados nunca aceptaron que un “indio” los gobierne. Son los dueños de las tierras que concentran el 42% del PBI boliviano. Son los que manejaban los hidrocarburos(fundamentalmente gas) hasta que el gobierno del MAS nacionalizó los recursos naturales y se quedaron sin negocio, como es el caso de la cara más dura y visible del golpe: Luis Fernando Camacho.

También en la “medialuna” se concentra la actividad agrícola-ganadera, lo que la hace muy fuerte económicamente, amén de ser el hábitat de casi el cuarenta por ciento de la población. Todo esto nos hace pensar en dos condiciones fundamentales que abonaron el golpe: recuperación de los privilegios económicos perdidos y revancha racial.

Alerta y movilización

Este lunes, en nuestro país se produjeron importantes manifestaciones de repudio al golpe de Estado en Bolivia. Una multitudinaria movilización tuvo lugar en la capital de la República y hubo réplicas en otras ciudades. Decenas de organizaciones tuvieron los reflejos rápidos para organizar una marcha a la embajada de Bolivia. 

Uno de los tantos comunicados, firmado por el Movimiento Evita, la CTEP, la CTA, Nuevo Encuentro, el Frente Patria Grande, la CCC, Somos/Barrios de Pie y La Poderosa señalaba: "frente a la triste noticia del golpe de estado contra presidente Evo Morales, el pueblo argentino y sus organizaciones nos movilizamos para defender la democracia y la paz en nuestro continente”. Al mismo tiempo destacaron que “nos auto convocamos desde ahora en defensa de la democracia y nos movilizamos en solidaridad con el pueblo boliviano que, durante todos estos años, ha trabajado muy duro para construir un país soberano y justo".

Con sus matices, otros pronunciamientos similares dieron cuenta del compromiso del pueblo argentino para con su par boliviano. Una actitud muy lejana tuvo el gobierno felizmente saliente de este país, que en declaraciones brumosas terminó justificando el golpe.

Los pueblos sudamericanos tenemos largas experiencias de lucha contra golpistas y fascistas de toda laya. Estamos curtidos en la resistencia, pero no es este un atributo al que tengamos el mínimo deseo de echar mano. Ya basta de golpes. Paren un poco, oligarcas. Estamos en el siglo XXI, es la hora de los pueblos.