El dilema de los radicales

PANORAMA POLÍTICO  |  26 de febrero de 2020 (09:10 h.)

Por Alejo Dentella

La visita de Freddy Storani como anticipo de otro escenario. Más allá de las lealtades internas, Aiola recibió institucional y afectuosamente al histórico dirigente. Radicales con territorio y gestión que deben adaptarse a las nuevas demandas de la sociedad. Hacer el duelo para evitar efectos postraumáticos. La recuperación de la autoestima y el espíritu frentista como opción para saltar falsas internas partidarias.

La cálida y afectuosa visita de Freddy Storani del último viernes, con motivo del lanzamiento de la Fundación Sergio Karakachoff, debe quedar agendada como punto de partida de un nuevo tiempo que vivirá la UCR en todo el país y en particular en Chacabuco. Más allá de los prejuicios que portan en su ADN los radicales, la presencia en Chacabuco del cinco veces Diputado de la Nación y la apertura de un Centro de Formación de Políticas Públicas es parte de una iniciativa que pretende mirar el futuro rompiendo con las estructuras del pasado. El momento es refundacional. El radicalismo viene de padecer las consecuencias de un gobierno que lo puso en el peor lugar. Sin ser parte de las discusiones y la toma de decisiones, pagó los costos de una gestión que dejó, como dijo el propio Storani, 40 % de pobres, 54 % de inflación y cientos de miles de PyMEs fundidas, entre otras desgracias. Parafraseando a Aiola, quedaron para llevar la manija del cajón. El principal archienemigo político de Storani es justamente el exvicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Salvador. A pesar de la cercanía que nuestro intendente mantiene con este último, no dudó en recibir al histórico dirigente radical. Es una señal, un cambio de época al que muchos deberán acostumbrarse y rápido

 

Acción con doctrina

Fredy Storani es parte de una generación que acompañó el despertar de la joven democracia de los ochenta. Su discurso representa las mejores tradiciones radicales desde Leandro N. Alem a Raúl Alfonsín, pasando por Hipólito Yrigoyen, Arturo Illia o Moisés Lebensohn. “No vamos a renunciar a la militancia hasta que nos saquen con las patas para adelante” dijo Freddy como orador central del acto del día viernes. Pero más allá de la estética y romanticismo del discurso, su presencia en nuestra ciudad, tiene como objetivo aportar experiencia, compromiso y vocación al servicio de la construcción de una propuesta genuinamente radical y con profunda vocación frentista. Ahí está la clave para terminar con falsos preconceptos que alimentan internas inexistentes. En ese contexto, hay un gran sector del partido que apura los tiempos de una autocrítica sincera y sanadora al mismo tiempo, que piensa en ofrecer una nueva opción que garantice la alternancia del poder. El intendente Víctor Aiola no dudó en recibir en su despacho al invitado. Tampoco en compartir la mesa del agasajo. Aiola representa a los radicales con territorio y con votos. Storani plantea que a esa nueva línea dirigencial, con legitimidad electoral, capacidad de gestión y acción de gobierno, hay que dotarla de un fuerte contenido programático que rescate los auténticos valores, creencias e ideales de la UCR.

Hacer el duelo

“Cuidado con jugar a polarización o muerte, donde los buenos están de un lado y los malos del otro”, Storani recordó haberlo dicho mucho antes de la derrota del mes de octubre. Justamente, los radicales, mayoritariamente, aferrados a su tradición antiperonista, se habían subido con euforia al discurso de la antinomia. Ahí basaban su fe y se entusiasmaban de que ese era el camino para terminar con la “maldición peronista”. Fue una reedición de “Viva el cáncer”. Lo dijimos varias veces en estas mismas columnas. Ahora, algunos jóvenes que el viernes seguían con atención el discurso del veterano dirigente, seguramente estarán repensando el futuro inmediato.Mientras tanto no está mal hacer el duelo. Es recomendable no dejar que el negacionismo, tan de moda, arrastre a padecer los efectos postraumáticos de haberlo evitado. En ese sentido, la decisión de Aiola de haber recibido a Storani y estar a la altura de las circunstancias, le imprime un dinamismo feroz a las definiciones partidarias inmediatas. Más de uno corre el riesgo de quedar al costado del camino.

Espíritu frentista

La referencia de los dos grandes partidos políticos de la argentina, en ningún caso es representativo de las verdaderas y profundas necesidades de construcción de poder real para poner equilibrios desde la monopolización del Estado. Aparece desde hace tiempo la necesidad de comprender que el acceso al gobierno a través de las estructuras partidarias históricas, requiere de grandes acuerdos electorales. Lo tiene claro el peronismo y por eso vuelve a ser opción de poder en la Argentina. Lo desaprovechó la UCR cuando la sociedad entendió que era otra vez momento de la alternancia. La Convención de Gualeguaychú quedó totalmente desnaturalizada y el radicalismo puso su nombre y su logística electoral al servicio de un proyecto que priorizó los intereses de las minorías, que terminaron apropiándose de los dos lados del mostrador. Solo volvió a ser util para los que se sirven de las estructuras partidarias. Pensar en un nuevo armado político con vocación frentista, recuperación de la autoestima y compromiso con los más postergados, es un mandato urgente. Por ese camino se puede terminar con la mezquindad interna y alcanzar el objetivo mínimo de ver al otro como uno más. “La primera definición de Nación son los lazos de solidaridad entre los miembros de una comunidad unidos a un destino común. Ese es el gran desafío que tiene hoy la política, volver a ser capaz de generar un proyecto común” aseguró Federico Storani. Quien quiere oír que oiga.

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