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  • domingo, 12 de julio de 2020

El campo que somos todos

UTT / Por Martina Dentella

 Hay quienes sostienen que en una crisis, hay una oportunidad. Y esta puede ser la oportunidad de Trabajadores de la Tierra para mostrar su potencial. Ofrecen calidad alimentaria, frutas y verduras agroecológicas saludables desde hace varios años. Ante la especulación y el oportunismo, cuando el miedo por el COVID-19 paraliza, y el egoísmo desabastece los supermercados, las organizaciones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores y productoras, se pusieron a disposición del pueblo y del Gobierno para garantizar alimentos a precios justos. El otro campo, el que para, hace mutis por el foro. Modelo para replicar en la ciudad.​

El campo que somos todos

Está claro que han ganado terreno en la organización. La agroecología es un cambio de paradigma, y hoy son muchísimos más los que están trabajando sin tóxicos e intentando modificar el modelo productivo. Fueron los primeros en ponerse a disposición para evitar la faltante de frutas y verduras. “Desde nuestro rol de productores y productoras nos comprometemos a poner lo que haya que poner para que no haya desabastecimiento frente al #coronavirus”, publicaron en sus redes sociales.

El paro de unos pocos deja en evidencia otra cuestión fundamental para la productores: la falta de oportunidades para adquirir tierras. Los pequeños productores normalmente se ven obligados a pagar alquileres carísimos. El pequeño productor está a la deriva, sin tierra, sin vivienda. Venden en algunas plazas de forma directa para poder recuperar las inversiones que realizan, ya que muchas veces los intermediarios se quedan con gran parte de las ganancias. Son el otro campo, el que no se ve afectado por las retenciones porque producen para el consumo interno. Todavía no pueden exportar grandes cantidades, pero producen alimentos sanos para los argentinos, alimentos que llegan a la mesa de las familias.

Para concientizar a las nuevas generaciones de niños, niñas y adolescentes respecto a la calidad de los alimentos que consumen, les enseñan desde la huerta cómo cultivar sin agrotóxicos.

Estos momentos de crisis exigen de medidas solidarias, de seriedad y compromiso. La diferencia con los dueños de la tierra es ideológica e histórica. Hay una batalla cultural de por medio, y el ejemplo es esta conducta. Un modelo para replicar.

 

Foto: Cuatromedios