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  • sábado, 17 de abril de 2021

Educación y memoria

24M  Por Marcelo Chata García
aducación y memoria
Educación y memoria

En tiempos en que la retórica de la derecha autoritaria parece ganar terreno en la sociedad y naturalizar, al menos, algunas de sus proposiciones, conviene dejar en claro de entrada una cuestión epistemológica: la realidad no es una mera construcción discursiva. No podemos limitarnos a denunciar la manipulación desde la prensa dominante o la intervención en las redes sociales. Existe siempre una base material del signo, sostenía Saussure; un objeto dinámico, diría Perice. Eso supone que:

  1. Hay algo en la realidad que estimula el sentido de la derecha autoritaria (y por ende, si no se cambia, seguirá estimulándola)
  2. Que los discursos democráticos no representan clara o debidamente esa realidad por lo que pierden competitivamente como discurso capaz de dar sentido a la experiencia 

A 45 años del golpe cívico militar que sumió al país en la peor represión estatal desde las campañas contra los pueblos indígenas en el siglo XIX, y que modificó abruptamente la estructura de desarrollo desplazando a grandes sectores sociales a la precariedad económica, los abordajes cambian. Los estudiantes leen la historia desde su lucha actual por la inserción económica en una sociedad competitiva, sumamente desigual y que resta oportunidades. 

En medio de los desencantos, no es raro que surjan diversas versiones de la Teoría de los Dos Demonios y haya que volver a cuestionar por qué un gobierno militar, con el monopolio de la fuerza pública y el control de todos los estamentos del Estado, no judicializó la lucha antisubversiva sino que empleó un plan sistemático de desaparición de personas. Revisar la política económica desplegada sin que pudiera existir resistencia sindical ni obrera, durante más de 7 años, y que dio por resultado un proceso inflacionario brutal, la caída del PBI industrial, una deuda externa que condicionaría los gobiernos democráticos futuros, y los aumentos de la pobreza, la desocupación y la precarización laboral.

Desmantelar una a una las premisas que buscan confundir la memoria, faltar a la verdad y evitar la justicia debiera advertirnos que, sumado a la deuda con comer, educar y curar, son las mismas prácticas políticas de parte de nuestras dirigencias las que estresan el sentimiento democrático. El Nunca Más no es una consigna, es un compromiso.