22:26 h. Lunes, 14 de octubre de 2019

Discursos actuales 

Cada tanto sucede que algún lector aporta ideas para esta columna de opinión. Felizmente ocurre y entonces este escriba siente un alivio, ya que encontrar “el tema” no es tarea fácil. En esta oportunidad, y gracias a Osvaldo, un lector que ha dejado un material de gran calidad en la redacción, nos dedicaremos a revisar algunas cuestiones de un asunto muy actual: el cambio climático.

OPINIÓN Por Gustavo Porfiri  |  08 de octubre de 2019 (08:08 h.)
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El 21 de febrero de 1972, Juan Domingo Perón, durante su exilio en Madrid, emitió un texto relacionado con las cuestiones ambientales titulado “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo”.

“Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología, y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional(…)” se lee en el segundo párrafo de un texto que se merece su lectura completa.

Una de las ideas -que para aquellos años sonaron de avanzada- fue que “el ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado”. Cuestiones relacionadas con el despilfarro masivo en las sociedades de consumo, el encantamiento producido por la tecnología, la extinción de especies, la contaminación del aire en las ciudades, el descuido del agua, la irracional producción de alimentos, el crecimiento poblacional, la urbanización y hasta el cambio climático son tratadas en el mensaje. Se insiste en que esto fue escrito en 1972. Recordemos que lo que luego se conoció como “movimiento ecologista” nació en 1971, cuando un grupo de activistas antinucleares canadienses formaron una pequeña organización llamada Don't Make a Wave Committee (Comité No Provoques una Ola) para evitar que los Estados Unidos llevara a cabo una segunda prueba nuclear en el archipiélago de Amchitka (Alaska), al norte de Canadá. Ese intento derivó tiempo después en Greenpeace.

Despilfarro masivo

Bajo ese título, el texto de Perón se enfoca en una de las consecuencias más cruentas del sistema capitalista: “las mal llamadas Sociedades de Consumo”, como el mismo autor las denomina, y para quien son, “sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto, por el gusto que produce el lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes necesarios o superfluos y, entre estos, a los deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna cierta vida porque la renovación produce utilidades”. 

En el mismo sentido, el texto agrega: “Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artículos, pero no para reemplazar los bienes dañinos para la salud humana, y hasta se apela a nuevos procedimientos tóxicos para satisfacer la vanidad humana”.

Yunta brava

Veinte años después de que Perón publicara ese manifiesto ambientalista, el 12 de junio de 1992, en Río de Janeiro, Fidel Castro pronunciaba un discurso en la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Las coincidencias asombran: “Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el veinte por ciento de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer”.

Qué hacer

En el texto escrito en Madrid, Perón propone, entre otras cuestiones: “(...)Estos problemas, en el orden internacional, deben pasar a la agenda de las negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de la Naciones Unidas con carácter de primera prioridad. Este, en su conjunto, no es un problema más de la humanidad; es el problema. “(...)Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con la justicia social, la soberanía política y la independencia económica del Tercer Mundo y la distensión y la cooperación internacional(...)”. “Muchos de estos problemas deberán ser encarados por encima de las diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de sus sociedades o a los Estados unidos dentro de la comunidad internacional”.

En su discurso de Río de Janeiro, Fidel Castro sugiere: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.

Es el capitalismo, Greta

En estos días en que la “comunidad internacional” está asombrada por el discurso de la joven Thunberg durante la Cumbre sobre la Acción Climática 2019 en Nueva York, conviene revisar los archivos y ver que estas ideas fueron tratadas con tanta o más seriedad y firmeza -como hemos visto- en 1972 y 1992 por dos líderes latinoamericanos. Que sus palabras no hayan tenido la repercusión que tuvieron las de la niña sueca quizá responda al modelo de comunicación y (des)información masiva actual.