11:24 h. Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Día del Canillita 

RECONOCIMIENTO  |  06 de noviembre de 2019 (21:33 h.)
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Quiero escuchar

el grito del canilla,

quiero sentir

el hondo renacer de su pregón

y emocionar

a la gente con la garganta

de aquél que trabaja y canta

viviendo a puro pulmón.

Quiero escuchar

el grito del canilla,

y descubrir

en sus manos entintada la verdad,

y compartir

la fuerza de la bohemia,

que a la madrugada apremia

con la luz de su amistad.

Siempre estará

el grito del canilla,

porque es la voz

de todas las esquinas del país.

Y ese gorjeo de gorrión,

lo llevan por los barrios

los canillas del país,

lo cantan los canillas del país,

que nace del corazón.

Quiero escuchar

el grito del canilla,

que nace del corazón

de los canillas del país.

(Jaime Roos)

De la sinfonía de los canillitas que voceaban entre los autos detenidos frente al semáforo, casi no queda nada. La cultura online se ha quedado con las primicias. El papel, desde entonces, comenzó a jugar otro rol. Y en el contacto con el papel se abre el juego sensorial. El olor de la tinta fresca, los dedos manchados por el contacto con las hojas, y un proceso de lectura distinto, sin las interrupciones de la conectividad. Es uno o una frente al diario, en un momento tribal. También es uno o una frente a la noticia responsable, como contrapartida de una audiencia sobreinformada, y bombardeada permanentemente por las fake-news (noticias falsas) que circulan por aquí y allá. Un viejo dispositivo que sigue siendo capaz de dar cuenta de las nuevas realidades que nos confrontan, y que las pone en discusión y análisis. 

En el 1800, los periódicos se vendían a través del correo o se los compraba en la misma imprenta, pero cuando las ventas se incrementaron fue necesario buscar un mecanismo más ágil. Por eso, el 11 de enero de 1868 salieron por primera vez un grupo de jóvenes a ganarse la calle. Al poco tiempo, las esquinas porteñas y también de las ciudades del interior se vieron ocupadas por puestos fijos de venta de diarios, que empleaban a niños que colaboraban con los ingresos familiares.

La palabra canillita se le atribuye a Florencio Sánchez, periodista y dramaturgo uruguayo que escribió una obra de teatro cuyo personaje principal es un niño vendedor de diarios, un entrañable canillita.

Canillita proviene del latín canella, diminutivo de canna, que quiere decir caña. En lunfardo se le dice canilla al hueso largo de las piernas o de los brazos. Por eso, a las piernas flaquitas se les decía canillas o canillitas.

Los canillitas son los primeros en arrancar el día, y recorren la calle viendo lo que nadie ve. Son los esperados, personajes que se vuelven familiares, cotidianos y queridos por los vecinos y vecinas que se desvelan a la madrugada para recibir su ejemplar. Son parte del engranaje que sostiene y reivindica al papel como medio de información.

Margarita (Norberto) y Damián se levantan todos los días cerca de la una de la mañana. Se acomodan, se peinan y salen a andar. Son los canillitas de este proyecto que arrancó hace más de seis años, y trabajan aunque el cielo se caiga. A Marga se lo puede ver como un rayo por las calles de la ciudad, con un amigo en cada esquina, y varias historias para contar de la inmensidad de la noche. Damián, más sereno, repara en los detalles del diario, la impresión y las noticias, es nuestro primer crítico y gran observador. Ambos son el nexo entre la redacción y los lectores. Son los que reparten a domicilio nuestra verdad a medias, y con cautela y precaución doblan prolijamente el papel, que ingresan en el buzón, portón, bajo la puerta de todas y todos los lectores. Son los que disfrutan del rostro encendido de quien los espera a la madrugada con ansias, de las primeras luces de la mañana, y del contacto místico con los noctámbulos. 

A ellos se les suma el trabajo de Alfredo Gavranovic, que cada final de jornada clava la mirada de sabio lector para corregir el ejemplar del día y luego, también al alba, desde hace algunos unos meses se incorporó a la tarea de distribución. En la esquina de Solís y Moreno “el profe” comparte con los lectores sus historias sobre el deporte y otras yerbas mientras empuja al barrio a ser comunidad. 

Lejos de romantizar el trabajo que cumplen y contarlo como simples historias simpáticas, la apuesta es a reconocer el sacrificio que implica la honorable tarea de ser trabajadores, amigos del barrio, grandes fuentes de escucha e incansables. Son los héroes anónimos de la ciudad. 

Marga y Damián mañana descansan. También lo harán el resto de los canillitas de la ciudad. ¡Para ellos nuestras gracias!. Nos encontramos el viernes. 

Fuentes: 

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/por-que-7-noviembre-es-dia-del-nid2187988

https://buenosaires.italiani.it/es/canillitas/