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Den un paso más

OPINIÓN Por Gustavo Porfiri  |  30 de Abril de 2019 (18:36 h.)
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Estamos a unas horas de conmemorar el Día Internacional de Los Trabajadores. Es una buena oportunidad para reflexionar sobre algo que quedó nuevamente en evidencia esta semana: en el marco de esta democracia, los hacedores principales de todo lo que produce en el país tienen la libertad de expresarse en las urnas cada dos años, mientras que Christine Lagarde -una señora a quien nadie votó- decide todos los días que pasará con nuestras vidas.

Influencias electorales

Una corporación poderosa llamada Fondo Monetario Internacional diseña la política económica, financiera y monetaria y otras corporaciones menores (la banca, los especuladores, los fondos de inversión, eso que denominan “los mercados”) aplican una extorsión deliberada para tratar de influir en el desarrollo electoral.

La señora Lagarde manifestó hace unas semanas que sería “una tontería” que el eventual Gobierno que surja de las elecciones de este año, deje de lado “el trabajo que se está haciendo” en común con el FMI. Por su parte “los mercados” extorsionaron esta semana, como nunca, para marcar la cancha a todos los candidatos e incluso sugieren que se implemente el Plan “V” para que Macri desista de su postulación y coloque a María Eugenia Vidal al frente de la fórmula presidencial porque saben que su hombre pierde como en todos los escenarios.

Mientras el pueblo trabajador hace de tripas corazón para seguir adelante a como sea, con sus medidas, con los golpes de mercado o las corridas, los actores del poder financiero toman decisiones todos los días que luego tienen consecuencias para el conjunto de la sociedad, por años e incluso décadas.

Si el pueblo trabajador sale a las calles a reclamar por su situación, por el deterioro de sus derechos, por la alimentación de sus familias, por su salud, el Estado, enajenado por el poder financiero, sale a reprimir esas manifestaciones. pero no considera las afrentas de los “mercados” como ataques contra la democracia o como lo que realmente son: medidas violentas que afectan a millones de personas o pasan por arriba de cualquier institución. De hecho, nadie los persigue, los reprime o los judicializa para encarcelarlos. O sea: todo muy “democrático” siempre y cuando estemos dispuestos a someternos a lo que doña Christine y sus secuaces locales nos obliguen a hacer.

Martes democrático

Este martes, un sector del sindicalismo, acompañado por organizaciones sociales, cámaras empresariales y otros colectivos que representan a la inmensa mayoría de los argentinos perjudicados por las políticas cambiadoras, estarán en las calles haciendo escuchar su voz. Ese reclamo no tiene “carácter vinculante”, pues si así fuera, el gabinete entero debería firmar la renuncia ante semejante muestra de descontento popular. Eso no ocurrirá, pero sí quedará claro que -al margen de los límites que impone la vida republicana- hay maneras de ejercer la democracia más allá de pasar por el cuarto oscuro cada veinticuatro meses. Marchar, movilizarse, protestar y exigir a las autoridades nacionales que paren la mano con tanto desquicio es una forma legítima (aunque Patricia Bullrich se empeñe de tildar de ilegal) de ejercer la democracia. 

Y esa es una cuestión pendiente para los futuros gobiernos que se hagan cargo de las necesidades más sentidas de este pueblo: dejar plasmada en una nueva Constitución la posibilidad de que el pueblo “gobierne y delibere” a pesar de sus representantes. Una democracia más directa, más actual, en la que las necesidades encuentren una pronta respuesta. Una democracia en la que los gobernantes, antes de hundir a generaciones enteras en el pantano de la deuda externa, deban someterse a la opinión de su pueblo. Es de suponer que muchos de los millones que votaron a esta alianza gobernantes no aprobaría en un plebiscito empeñar el futuro de toda su familia para que solamente se beneficien algunos pillos de los “mercados”.

Miércoles de reflexión

En el día de homenaje a millones de laburantes que han dejado su vida en la máquina trituradora del capitalismo, sería oportuno que los dirigentes políticos que se estén preparando para habitar la Casa Rosada a partir de diciembre, incluyan en el centro de sus planes de gobierno al trabajador. Algunos ya lo han hecho, y sin duda lo volverán a hacer, sin embargo, estamos donde estamos. Y otra vez: quizá esa representación política que adopte a la clase obrera y productiva argentina como su fuente de inspiración política deba dar un paso que nos garantice que en este país no será posible nunca más que algunos pocos funcionarios hipotequen la vida de millones. Nos merecemos una nueva Constitución que nos cuide, que nos proteja, que nos fortalezca y que nos deje a salvo de experiencias como la que estamos padeciendo.