23:23 h. Jueves, 14 de noviembre de 2019

Debates

(*)Por Claudia Exner

OPINIÓN  |  21 de octubre de 2019 (13:15 h.)
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Octubre frío y lluvioso de 2019. Domingo 13, Debate Presidencial. Cuatro varones tras cuatro atriles explicaron a lxs argentinxs qué es ESI, qué es feminismo y cómo aplicar políticas de DDHH según unas perspectivas que desde las Madres en adelante están condicionadas por la militancia de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+. Qué loco… Hay instancias en las que nuestra voz necesariamente pasa por el filtro de nuestros representantes. Todavía…

Ellos en la UNL, para todo el país. Las abuelas, las madres, las hijas y elles, les no binaries; en las calles templando la intemperie con la experiencia igualitaria que emerge del despojo, de la frustración que se rechaza como límite y a la que se impone el metabolismo de las masas. Se va a caer. 

“¡Revolución! ¡Revolución!” – Gritaban las furiosas bestias.

- ¡Se va a caer! ¡Se va a caer! – corean les feminazis.

Lo dicen ellos del otro lado del espejo. Ellos, los Machinazis. Raro. Digo, me parece… nazi es una categoría ajena a esta cuestión. 

Garpa

Claro que garpa. Garpa el cliché.

No me parece mal el debate presidencial. La vuelta en tren fantasma que di con Gómez Centurión y Espert me sacudieron, mientras las fábulas disparatadas del presidente candidato fueron un imperativo de descubrimiento: hay gente que piensa así y desde esos discursos configura su escala de valores. Gente con poder. Gente con tiempo y riqueza que puede planificar, esperar, probar alianzas y estrategias para fagocitar nuestros incómodos, inmerecidos derechos. 

Más que bueno resultó poner en escena el despliegue de riqueza simbólica y poder ancestral de las mujeres en el mismo día. Mientras ellos elegían las palabras para enfrentar o evitar la furia de ese poder secular que pone todo patas para arriba, en las calles de La Plata, ellas y elles andaban mil lenguajes que no se pueden atrapar en las palabras. 

La eficacia simbólica de los recursos performáticos que adquirimos gracias a la palabra prohibida, al silencio forzado, al discurso impuesto, se hace evidente y nadie puede hacerse el distraído. Acá estamos. En la contradicción, cierto. Lo sabemos y eso nos hace fuertes. Miramos, escuchamos y esperamos por siglos. Con temor, al principio. Luego con enojo y finalmente con conocimiento y sabiduría. Nos cuestionamos. Nos interrogamos e interrogamos al mundo. Observamos. Sabemos del mundo previsible de los machos y nos movemos con comodidad en la realidad no binaria. Nos hicimos panteístas y el Único se dispersó en los lejanos horizontes que se abrieron más allá de los pechos tardíamente liberados de los títulos de propiedad que supuso el matrimonio. Pusimos nuestro deseo más allá del débito conyugal. Se va a caer.

El mundo civilizado demarca y jerarquiza territorios. El movimiento de mujeres burla el precio que mienten los privilegios y quita límites a los derechos enunciados porque está dispuesto a tomar la humanidad que ha parido como objeto de redención. Mientras cuatro varones se miden viejos trajes de poderes cuestionados, las mujeres desbordamos los viejos sentidos. Vislumbramos otro poder en las entrañas del misterio que sostiene nuestro abrazo. Se va a caer. Que hablen por nosotras. Dejalos. Se va a caer. 

El patriarcado se va a caer.

(*) Docente, coreógrafa. Especialista en Educación y DDHH.