16:10 h. Domingo, 15 de diciembre de 2019

De litio somos

Desde mi infancia campesina el nombre de este material me es familiar, ya que la “grasa de litio” era un insumo cotidiano entre los peones rurales que manipulaban maquinarias. La Argentina, Bolivia y Chile comparten una extensa región común denominada “El Triángulo del litio”, donde se concentra el 68 % de las reservas mundiales de ese mineral cuyo valor ha crecido de manera significativa en los últimos años. Esto explica parte del golpe de Estado que recientemente sacudió a Bolivia. Los recursos naturales vuelven a ser protagonistas centrales en los avatares políticos de nuestro barrio.

OPINIÓN Por Gustavo Porfiri  |  26 de noviembre de 2019 (15:38 h.)
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Según Wikipedia, el litio “es un elemento químico de símbolo Li y número atómico 3. En la tabla periódica, se encuentra en el grupo 1, entre los elementos alcalinos. En su forma pura, es un metal blando, de color blanco plata, que se oxida rápidamente en aire o agua, bla, bla, bla. La cuestión es que este mineral, por su elevado potencial electroquímico, se ha transformado en un insumo ineludible para la fabricación de baterías eléctricas, esas que se conocen en el mercado tecnológico como “Li-Ion”.

Estos recipientes que almacenan energía son centrales en la fabricación de los dispositivos electrónicos desde hace algunos años y -más recientemente- en el creciente mercado de los rodados eléctricos, como motocicletas o automóviles.

Existen tres formas en que este elemento se encuentra depositado: en salares expuestos al agua de lluvia, incrustado en rocas duras de grano grueso y también puede hallarse en rocas sedimentarias. La extracción menos compleja es la que se logra en los salares o salmueras, donde se calcula que está cerca del sesenta por ciento del litio de todo el planeta. 

Más datos, más claridad

Existe un trabajo titulado “El mercado mundial del litio y el eje asiático.Dinámicas comerciales, industriales y tecnológicas (2001-2017)” cuya autoría le corresponde a Julián Zícari, Bruno Fornillo y Martina Gamba. Allí se puede leer que “la dinámica de intercambio global del litio, el control de su cadena de valor y el mercado de las baterías de Ion-Litio son un indicador de primer orden acerca de las relaciones norte-sur y de las estrategias de desarrollo contemporáneas que aplican los países, ya que el litio se encuentra en el corazón de un nuevo paradigma energético”.

Ajá, un nuevo concepto -revolucionario podemos decir- que se mete en un tema tan sensible para la sociedad del siglo XXI como es la energía. Claro, vamos entendiendo.

Según el estudio citado, Bolivia posee el 30 % de las reservas mundiales de litio, seguido de Chile, con 21 %, y la Argentina, con 17 %.

Zícari, Fornillo y Gamba también citan datos del Ministerio de Energía y Minería de la Argentina, de 2017: “de cara al año 2026 se proyecta que el 70% del consumo de litio tendrá como destino a las baterías, un 15% a vidrios y cerámicos, y el 15% restante a otros destinos”. Es decir, las innovaciones tecnológicas en el área de las telecomunicaciones y la búsqueda de “energías saludables” como las baterías para automóviles eléctricos, han modificado por completo el mercado mundial de litio y esto ha ocurrido en apenas unos veinte años.

Aquí conviene aclarar que el mercado de los acumuladores para rodados es un negocio casi ocho veces más grande que el de las pilas y las baterías para dispositivos electrónicos manuales, amén de sus posibilidades de expansión que también son mayores.

Siguiendo el hilo de la investigación de estos tres autores, vemos que el mercado del litio ha propiciado un cambio contundente en la agenda de los intercambios globales. Es que las viejas potencias económicas centrales del siglo XX (EE.UU., Alemania, Japón, Francia) "se ven cada vez más rezagadas y eclipsadas frente al fuerte dinamismo surasiático, especialmente el generado por China", dice el estudio. 

El golpe blanco

Recientemente, después del golpe de Estado que lo sacó del Palacio Quemado, Evo Morales participó del programa “Conversando con Correa”, que se emite por la señal en español de la cadena rusa RT. Allí, el presidente aymará le dijo a Rafael Correa: "el litio jugó un factor importante en el golpe de Estado". Y añadió: “un grupo de dirigentes cívicos del Potosí rechazaron nuestro plan del litio, que estaba previsto al 2025: 41 plantas, 14 de ellas netamente industria del litio”. “El próximo año estaba previsto terminar la gran industria del carbonato de litio; en planta piloto este año estaba previsto 400 toneladas. Una tonelada de carbonato de litio cuesta más de 10.000 dólares”, siguió explicando el presidente depuesto y concluyó con una frase que quedará para la historia: "en Bolivia podríamos definir el precio del litio para el mundo".

Estos proyectos a los que se refirió Evo Morales habían sido puestos en marcha por su Gobierno desde 2016 para explotar la mayor reserva de litio del planeta, ubicada en el salar de Uyuni.

Centrales y colonizados

Fue en los hermosos días de la escuela secundaria cuando nos acercamos al concepto de “potencias centrales”. Allí aprendimos que había un clasificación de las naciones según su potencial económico y militar. Y profundizamos además en el asunto de los imperios y las colonias. ¡Cuánta información recopilamos en esas tediosas horas de Historia y Geografía! Gracias a esas ideas adquiridas entonces, hoy es más fácil entender a Evo: "ahora me he dado cuenta de que algunos países industrializados no quieren competencia. Primero, en el tema de liberación tecnológica. Y segundo, no aceptan que también otro modelo económico basado en el socialismo, como los llamados 'progresistas izquierdistas', demos otro mensaje que también otros van a seguir y soluciones para nuestros pueblos". Más clarito, echale hidróxido de litio.