Curarse en salud

cuatropalabras.com.ar  |  26 de enero de 2020 (23:23 h.)

Por Alejo Dentella

La epidemia del coronavirus encendió las alarmas en China. En menos de un mes los orientales construyen un centro de salud público para mil pacientes. Mientras tanto, en nuestro hospital municipal no pudieron encontrar una respuesta adecuada a la rotura de la máquina de lavado. En el corazón de la pampa sojera, oficialismo y oposición se baten a duelo utilizando la sensibilidad de los ciudadanos. El peronismo escribe como si la ciudad pre Aiola fuera una réplica parisina. Estuvimos a un paso de ser la Venecia del subdesarrollo.

En medio de la epidemia por coronavirus, China intensifica la política sanitaria de controles y construye un hospital público para pacientes con este tipo de afecciones. En la ciudad de Wuhan, con once millones de habitantes, el nuevo centro de salud, cuyos trabajos se iniciaron en el mes de enero, se estima que estará habilitado el próximo 3 de febrero. Es sorprendente ver cómo hace apenas unos días las maquinarias y camiones comenzaron con los trabajos preliminares de movimientos de suelo y en escasos veinte días mil pacientes serán atendidos en el lugar. 

Mientras tanto, en el corazón de la pampa sojera, que exporta millones de toneladas de granos al país oriental, las dos principales fuerzas políticas de la ciudad discuten con bravura cómo se lava la ropa del Hospital. No hay argumentos para justificar por qué el Municipio no tiene previsto cómo arreglar o reemplazar las máquinas de lavado del centro de atención pública de salud. Pero también es de mal gusto mezclar las obligaciones de poder de control, con la utilización de las hilachas para generar pánico social. Queda claro que la actual administración pública tiene instancias de precariedad que preocupan. Si la alternativa sigue siendo la dirigencia que firma con el sello ¨Concejo del Partido Justicialista¨,  vamos mal, pero puede ser mucho peor. Nuestra epidemia es dirigencial. Igualmente, paciencia. En todos los casos la mejor respuesta algún día llegará con las urnas.

Mecanismos de control

Dentro de los escasos mecanismos de control que tiene el Estado municipal, sin dudas el más eficaz es el Concejo Deliberante. Cuando se ocupan, son los concejales opositores quienes ponen la lupa frente a las deficiencias del ejecutivo. La pifiada decisión de utilizar las instalaciones del Hogar del Niño para lavar la ropa de cama del hospital, pone en evidencia la precariedad de algunos funcionarios. No puede -no debe- ser un problema para el intendente. Tampoco le quita responsabilidad. Está claro que el sentido común es un bien escaso a la hora de dar respuestas. La alarma se enciende si la problemática que se interpone es de otra magnitud. De nuevo, está bien que se canalicen los reclamos de los vecinos. En última instancia de eso se trata el equilibrio de poderes. 

 

Silencio 

Cumplimos 36 años ininterrumpidos de ejercicio democrático. Con alternancia de poder casi por períodos iguales, tanto el peronismo como la UCR de Chacabuco están inhabilitados para hablar de políticas de Estado. Con los más y los menos, el promedio es negativo y los debería comprometer a repensar sus aspiraciones. Desde 1983 a la fecha, salvo puntualísimas excepciones, muchas de las cuestiones de la agenda son los problemas que un gobierno hereda del otro. Queda claro que lo prudente sería el silencio.

Destino trágico

Desde el Consejo del Partido Justicialista hablan como si el Chacabuco pre Aiola fuera una réplica parisina. Estuvimos a un paso de ser la Venecia pobre de Latinoamérica. Vale recordarlo. Aún así, escriben con resaltador amarillo y siguen surcando el camino de la teoría del hacha. Desde la conducción radical responden como si fuera cierto que vamos camino a la ciudad modelo. Ni siquiera reparan en la gravedad de la sumatoria de pifiadas. Seguimos con algunos funcionarios que no funcionan y la espalda la pone el intendente. Tarde y mal, pretenden justificar que está bien llevar ropa con potencial riesgo de contagio al lavadero del Hogar del Niño.

En promedio, los políticos del pago chico, no encuentran otro camino que no sea una nueva emboscada a los ciudadanos. Se sacan los trapitos al sol, se tiran con sábanas sucias.  El desprestigio dirigencial no es consecuencia de la crítica de la prensa, ni de la opinión de los vecinos. Es el resultado de la precariedad con la que alternativamente gobiernan. Casi como un destino trágico, todos los caminos conducen al mismo lugar. Ojalá algún día podamos encontrar el remedio que aconseja el refrán. Deberíamos curarnos en salud.

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