14:04 h. Martes, 17 de Octubre de 2017

Cuatro Palabras

Una cucharada de medicina viajera

DE VIAJES Por Laura Federico  |  14 de Diciembre de 2016 (01:19 h.)
Más acciones:

Con el mismo método con el que un cocinero rellena un trozo de carne, la médica auxiliar estaba poniendo lo que se había salido en su lugar original. Mientras me afianzaba a la camilla, otro médico me explicaba que no tenía más solución que ver a un cirujano. Ultrajada, salí del consultorio. Llevaba en la mano cincuenta esferas oscuras. Medicina oriental que debía tomar todos los días. En aspecto eran iguales a esos cereales de chocolate que a los chicos tanto les gusta comer, con la única diferencia que olían a levadura podrida.

Caminando a duras penas llegué hasta la entrada del subte. Desde allí, me esperaban tres horas de viaje hasta el hostal en el que me hospedaba. Y no tuve mejor idea que usar ese tiempo para pensar. Reflexioné sobre el diagnóstico y los problemas que éste le iba a traer a mi viaje. Vuelos cancelados, regreso a Argentina. Evalué la opción de operarme en China y me corrió un frío seco por la columna vertebral. Tanto dolor tenía que tener un significado y mi cuerpo parecía estar enviándome un mensaje inequívoco. Me decía: hasta acá llegaste Laurita, basta de aviones, de noches en aeropuertos, de comida picante. De atardeceres en la playa, de templos budistas a la noche, de terrazas de arroz. Basta de viajes. El diagnóstico: un recto que se escapa al mundo. ¿Sería eso posible? De lo único que estaba segura era de no querer volver a ser parte del líquido de carne y gente que se movía como una oruga gigante por el túnel del metro de Guangzhou.

Tres días y dos aviones después, estaba en Singapur. Otros médicos me miraron. Otras voces y otras técnicas de medicina me diagnosticaron una pequeña hemorroides y me dijeron que con una pomadita en la cola se me pasaba.