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  • miércoles, 27 de mayo de 2020

“Cuando se habla de permitido es porque todo está restringido” 

Una nueva generación de nutricionistas impulsa un cambio de paradigma menos restrictivo a la hora de pensar nuestra alimentación y más enfocado en la calidad de los alimentos. En un vivo en Instagram la Lic. en nutrición, Malena Raggio, explica que los hábitos son lo más importante y es crítica con el modelo productivo “Para consumir alimentos reales, se necesitan políticas de salud y económicas de ayuda para que todos podamos alimentarnos bien”, dice. Además, habla del “hambre emocional” que genera el contexto de encierro y se refiere a los permitidos: “La prohibición aumenta el deseo. Cuando te dan un permitido es porque todo está restringido”. 

“Cuando se habla de permitido es porque todo está restringido” 

Un viejo paradigma de nutricionistas era pensar más en las calorías que en la calidad de los alimentos que consumimos, ¿esto fue cambiando con el tiempo?

 Por suerte hay una nueva camada de nutricionistas que estamos a favor de la calidad alimentaria, y no del recuento de calorías. Es educación alimentaria. Controlar la porción, la cantidad de lo que se está comiendo, teniendo en cuenta la calidad de lo que consumimos. El márketing y la industria se abusan de eso y mucha gente cae en esas trampas de lo “light”, o las cero calorías. 

Los primeros días de encierro, y nadie tenía previsibilidad, mucha gente se preocupó por su abastecimiento y corrió al supermercado a comprar alimentos no perecederos. Latas, paquetes de fideos, de arroz, de harina, productos procesados, y no estábamos alertados sobre el impacto en la salud de esos alimentos. 

Hubo una locura por abastecerse con alimentos que duren bastante, y la industria ahí agrega aditivos que no son necesarios. Por un lado pasó eso, pero por el otro, mucha gente se amigó con la cocina, y empezó a alimentarse mejor, con productos caseros, probar recetas. 

-Hay un informe de la Sociedad Argentina de Nutrición que dice que la mitad de los argentinos subió de peso, y muchos confirman esta teoría a través de las redes diciendo que están comiendo más, tienen más ansiedad o simplemente están haciendo menos actividad física 

-Es un conjunto de cosas, la sensación de encierro genera mucha angustia, y la falta de certidumbre genera “hambre emocional”, que significa no tener hambre, comer y a los dos minutos volver a tener el impulso de volver a comer. El encierro también restringe la actividad física, aunque muchos optaron por hacer ejercicios en casa. Definitivamente estamos cerca de la cocina, de los alimentos, y nos desorganiza un montón no tener horarios de comidas, hay más picoteo. 

Como contrapartida de todas las actividades que se generaron en las redes, se creó esta sensación, en muchos, de tener que responder o estar hiper productivo, y si no lo hacés, te genera mucha angustia, es un mandato. Y eso se asocia con la comida. Por eso son tan importantes los hábitos. 

-¿Cómo y en cuánto tiempo logramos generar un buen hábito de alimentación?

El hábito, lo ideal, es empezar desde la infancia. Eso te va a predisponer a una mejor calidad de vida y prevenir un montón de enfermedades que no son transmisibles. Los hábitos son personalizados, dependen de cada persona, y los recursos económicos de esa persona y su contexto. La nutrición es un trabajo interdisciplinario. Si yo tengo que dar un consejo, es que se tome a la nutrición como parte de la salud. 

Y creo que como profesionales tenemos que hacer una autocrítica, tenemos que escuchar a la persona que tenemos adelante, cuál es la situación económica, social, de la persona, psicológica, cultural y otros factores, y recién ahí idear un plan que se adapte a esa persona. Si no generalizamos, y aparecen un montón de consejos erróneos. 

-En el último tiempo la universidad se abre a discutir, de a poco, sobre soberanía alimentaria, buenas prácticas agrícolas y la calidad de los alimentos, ¿cómo ves este cambio de paradigma?

-Estamos siempre en constante formación y es muy importante seguir haciéndonos preguntas. Y también cuando hay un o una paciente delante hay un proceso de formación. 

Hay un comienzo a otra forma de ver y de producir los alimentos desde algunas nuevas cátedras de la universidad. En particular siempre me interesó acercarme al almacén, al pequeño productor, sin tanto intermediario. Me pregunté por qué los transgénicos, por qué se modifican las semillas, por que los agrotóxicos. El modelo agroindustrial nos invade y tiene que ver con el sistema alimentación. Para consumir alimentos reales, se necesitan políticas de salud y económicas de ayuda para que todos podamos alimentarnos bien, y es necesario otro sistema de producción, que respete los ecosistemas, los ciclos vitales, y la calidad nutricional. Pero muchas veces la salud se termina convirtiendo en un negocio. 

-¿Qué opinás del viejo concepto de permitidos?

-Me disgusta mucho la palabra permitido. Permitir es restringir. Cuando te dan un permitido es porque todo está restringido. 

-Porque la estás pasando mal 

-Tal cual. La prohibición aumenta el deseo. Y esto es para todos los aspectos de la vida. No tiene que haber prohibición en los alimentos. Eso además después implica tener culpa por lo que acabamos de consumir. La pandemia y el encierro también trae ansiedad, y traducimos esa sensación negativa automáticamente al acto de comer, que está muy relacionado con las emociones. 

-¿Cómo hacen los sectores populares para consumir alimentos de calidad?

-Además de la toma de conciencia, se necesita más información, educación nutricional, el Estado tiene mucho para aportar. 

-¿Qué hacemos en este momento de crisis sanitaria y económica para alimentarnos bien cuando un paquete de harina procesada sigue siendo más barato que una bolsa de verduras?

-El sistema nos atraviesa a todos, y cada uno hace lo que puede con su bolsillo. Yo siempre aconsejo ir más a las ferias, a los almacenes, comprar cosas de estación que son más baratas y de mejor calidad. 

Una de las soluciones para bolsillos ajustados o para cualquier situación, es tener una huerta. Con un mínimo de tierra podés hacerlo. Tenés acceso a alimentos sanos y de calidad.