16:14 h. Martes, 16 de julio de 2019

Cotillón de campaña con un tratado funesto

OPINIÓN  Por Gustavo Porfiri  |  02 de julio de 2019 (18:21 h.)
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El viernes pasado, la Unión Europea (UE) firmó en Bruselas un acuerdo de libre comercio con el Mercado Común del Sur (Mercosur). En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina destacó que "el acuerdo dará oportunidades para exportar a un mercado con más de 500 millones de habitantes con un PBI per cápita promedio de 34 mil dólares".

El Ejecutivo macri-lista indicó también que se trata de "un hito para la inserción internacional de la Argentina" porque, entre otras cosas, "aumenta las exportaciones de las economías regionales" y "consolida la participación de las empresas en cadenas globales de valor y promueve la llegada de inversiones". Sin embargo, ese acuerdo, que está más verde que un loro, tendrá “beneficios” muy funestos para los países de nuestra región si se logra aplicar.

Entre gallos y medianoche

En términos generales, los puntos clave del convenio promueven la liberación de las exportaciones agropecuarias hacia Europa por parte de los países miembros del Mercosur, mientras que los productos industriales con valor agregado entrarán libremente a Suramérica. Es decir: mandamos materias primas y traemos productos elaborados. ¡Bingo! Regresamos a la época colonial. ¡Con razón nuestro presidente anda tan contento dando el anuncio de la buena nueva! Además, claro está, utilizará este asunto como un recurso más de campaña, diciendo que fue él quien nos “insertó al mundo”.

Lo cierto es que no hay información de este pre-acuerdo; no se conocen sus detalles. Tampoco el gobierno argentino consultó ni informó a los sectores involucrados sobre cuál rol jugarán si el convenio se implementa. Los representantes argentinos rubricaron un tratado que afectará a toda la estructura productiva nacional pero lo hicieron envueltos en el misterio. Empresarios y trabajadores deberían haber opinado porque esto puede perjudicar muchísimo a ambos. Pero, con la lógica del “patrón de estancia” que los caracteriza, nuevamente Mauricio Macri y sus secuaces nos dejan pegados a acuerdos internacionales de los que nos enteramos últimos para sufrir sus consecuencias. Así pasó con el retorno del Fondo Monetario Internacional.

Por suerte, hay organizaciones que están alertas y ya han puesto blanco sobre negro de qué va este embrollo. La Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur rechazó el mismo viernes el acuerdo y mediante un comunicado, la agrupación, que comprende 20 centrales sindicales de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela, afirmó que se trata de “la sentencia de muerte de nuestras industrias y de gran parte de nuestro trabajo decente y empleo de calidad”. “Alertamos a nuestros pueblos sobre el funesto impacto que este acuerdo tendrá para el sistema productivo de la región en general, y para ciertas ramas de producción estratégicas en particular”, reza el documento suscripto por el organismo.

Entre los rubros que se verían afectados está el de la ” tecnología, sistema marítimo y fluvial, obras públicas, compras del Estado, laboratorios medicinales, industria automotriz, economías regionales”, al tiempo que consideraron que existió una “total falta de transparencia y opacidad” en las negociaciones”.

Sin pelos en la lengua

Uno que se metió en el debate fue Gustavo Grobocopatel, el llamado “Rey de la soja”, máximo representante del monocultivo de la oleaginosa. "Nosotros tenemos que nivelar para tratar de ser cada vez más Europa, no cada vez menos. Y en la medida en que no tenemos ese poder, tenemos peores condiciones en la negociación", afirmó en diálogo con FM Millenium. Pero fue más a fondo aún: "Hay que permitir que haya sectores que desaparezcan", agregó en relación a las diversas ramas de la economía que podrían verse afectadas por la implementación del acuerdo. Esas palabras cristalizan el pensamiento de este gobierno de CEOs y radicales; ese es su plan de gestión, su objetivo último: un país para unos pocos(ellos) y el resto(nosotros, la mayoría) que desaparezca como pueda.

Por poner sólo dos ejemplos recientes, al señor Grobocopatel -y a sus representantes más genuinos instalados en el Gobierno- les importa menos que nada que la fábrica de motocicletas Zanella haya cerrado su planta de Mar del Plata y haya despedido la mitad de los trabajadores de la ensambladora que tiene en la provincia de San Luis. O que la tradicional empresa Eskabe, fabricante de calefactores y termotanques esté al borde de despedir a casi doscientos laburantes, que vienen cobrando sus salarios en cómodas cuotas y soportando suspensiones y retiros voluntarios. Para el “Rey de la Soja” -y su gobierno preferido- esas empresas y esos trabajadores deben “desaparecer”, con toda la carga que la palabra tiene en esta República al borde de la extinción. Así lo expresó, “a lo bestia”, sin adornos, sin eufemismos, sin pelos en la lengua.

En el esquema de país con el que sueña este depredador sojero, el desarrollo del mercado interno y la dinámica de la economía social son estorbos, mejor borrarlos. Está muy claro lo que tienen en la mira: un país para muy pocos. Una semicolonia estructurada para la minoría que hace fortunas con la exportación de productos primarios y para algunos trabajadores en situación de semiesclavitud que les hagan las tareas necesarias para seguir viviendo de la renta del capitalismo extractivista llevado a la máxima expresión.

Siempre se aprende

El gobierno pondrá este acuerdo Mercosur-UE como elemento central de su cotillón electoral antes de rematar estos cuatro años muy duros para casi todos. Ojalá a muchos paisanos y paisanas les haya servido de aprendizaje; de todas formas hay que tratar de sacar algo bueno siempre, aunque sea de esta desgracia que nos gobierna. Si eso bueno se traduce en la lección aprendida para no volver a errar de boleta en el cuarto oscuro, habremos pagado un precio altísimo pero habrá servido para salvarnos a nosotros mismos. De lo contrario, que el último apague la luz y rajemos antes de que nos hagan desaparecer.