10:36 h. Domingo, 26 de Mayo de 2019

Contradicciones fecundas ante fortalezas sospechosas

PARA QUE LA LUCHA NO SE CORROMPA (*) Por Claudia Exner  |  13 de Marzo de 2019 (10:44 h.)
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A menudo miramos los movimientos sociales en su avance hacia nuevos derechos desde las consignas que nacen de sus fortalezas. ¿Qué podemos hacer para que sostengan la puja contrahegemónica y no se transformen en estereotipos discursivos? Ingresar a las contradicciones que nos animan desde esa escisión fundamental que nos hace humanxs, fecundar esa grieta que fagocita los sentidos podría resultar una estrategia eficaz, sobre todo porque es aún invisible para las clases dominantes, empachadas de respuestas exitosas para viejos problemas resueltos a su favor. 

Cada vez que recitamos “Se va a caer…” es sumamente importante estar bien conscientes que nos estamos refiriendo a la estructura primigenia del poder hegemónico. Basta fisgonear apenas en la negada guerra fría que en nuestros días mata más gente que ninguna otra: el naciente y el poniente del masculino sol están representados por unos líderes obscenamente misóginos, homotransfóbicos, fanáticos eugenistas. La lucha es cruel y es mucha; la vida es siempre un tango para la percanta que amuró o murió porque no quiso y también para el pobre que no encuentra lugar posible fuera de la culpa de la víctima.

La lógica binaria que aplica la gente común está encarnada de tal manera, que mientras nos informamos hipertextualmente en las redes, la big data encuentra recursos para retornarnos hacia emociones cavernarias. En el momento de hacerse cargo, cuando extendidos colectivos de mujeres justamente enojadas y minorías disidentes injustamente excluidas increpan al Estado, escandalizadxs ciudadanxs autoproclamadxs honestxs, dan vuelta el espejo y señalan hacia la Escuela. No piden que los maestrxs ejerciten y promuevan el buen uso del espejo y la autorreflexión, sino que pretenden “los eduquen a ellos”, a los brutos, los caídos del mundo, los que no entienden la cultura de “la gente de bien”. Así interpretado, en universal masculino, los que entienden la cultura pero no se adaptan; ellos, los subversivos – según la gentebien - solo merecen represión y castigo para evitar el avance contrahegemónico de lxs feos, sucios y malos organizados por oscuros intereses políticos antirrepublicanos. La gentebien pide respeto por la ley, pero no justicia. Lxs militantes feministxs la junaron antiderechos y se juntan para decirle a puro ovario y testículo justiciero que el poder androcrático mostró las costuras y que saben por dónde empezar a descoser. 

Te cuento…

Cuando empecé a escribir este artículo, mi pensamiento comenzó a fluir a partir de un puñado de reflexiones que encontraron punto de partida en la misoginia de Nietzsche. Vaya a saber por qué no fueron hacia los textos más revulsivos, se orientaron hacia “El origen de la tragedia”, un ensayo de estética en el que el autor argumenta que el arte de la tragedia comenzó su decadencia cuando olvidó sus aspectos dionisíacos y dio preponderancia a los apolíneos. No los llamó femeninos-masculinos como tantxs músicxs lo hacen en la música tonal. Más allá del binarismo explícito, Nietzsche – pecador de lo que acusa - pone fuera de toda construcción de sentido en la producción artística a las mujeres y a lo femenino. Dionysos representa lo que nos es más propio, pero el mito lo encapsuló en una apariencia masculina para usurpar el poder que emana de nuestra esencia. Aunque lo negó en obra y palabra, Nietzsche lo sabía, porque Lou Andreas Salomé – a quien amó-odió - orientó y ordenó gran parte de su trabajo, así como influyó en Freud y Rainer M Rilke, por citar otros ejemplos de peso. Lou no era lo que se llama mujer afirmativa, cuya figura religiosa es María, quien dijo sí para renunciar a su voluntad y entregarla a Otro como esposa sublime. Como mujer propositiva, Lou Andreas Salomé fue una exquisita pensadora que editó un importante número de obras propias. Los hombres con quienes compartió su intelectualidad y su cuerpo tomaron su riqueza como propia sin ningún pudor y pusieron su obra y sus interpretaciones del mundo en un cono de sombras. Pero, bue… a las feminazis no se las puede tomar en serio. Y los feministos son todos putos.

(*) Docente, coreógrafa. Especialista en Educación y DDHH.