06:41 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

La contienda electoral del pago chico

EDITORIAL Por Alejo Dentella  |  21 de agosto de 2019 (00:10 h.)
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Lo dijimos apenas algunas horas después del cierre de los comicios del domingo 11 de agosto, e incluso lo anticipamos mientras los chacabuquenses estaban votando. No está mal lo que el resultado de esa elección nos dejó en el pago chico en medio de tanta angustia. Después de lo revelado en las PASO tenemos la opción entre un candidato que está actualmente en funciones y promedia de bien a mejor, y el elegido por el Frente de Todos que por estatura moral, personal y política, podría merecerse la confianza de sus vecinos atravesando todas las capas de la sociedad. 

De ahí en más, hay que analizar la letra chica de cada una de estas dos opciones. Aiola le ha devuelto a Chacabuco la idea de autoridad de gobierno y la posibilidad de que la gestión funcione, aún en medio de muchísimas tensiones. Le ha devuelto la imagen de un intendente capaz de laburar todo el día literalmente, para permitir, de esa manera, que la cosa pueda carretear. No es lo ideal. Es cierto que no alcanza. Debemos aspirar a un gobierno en donde el intendente conduzca a partir de un proyecto del conjunto y no un intendente empujando del carro. Tal vez ahí están algunas de las fisuras del gobierno de Aiola. No es cierto que ha tenido un gran equipo que lo acompaña. Tuvo algunos funcionarios buenos, otros regulares y otros que han sido muy malos y nocivos para la gestión, que incluso le costaron -en algún tramo de este mandato- varios traspiés con las consecuencias de las marcas que todavía deambulan como fantasmas. Con algunas de esas cicatrices tiene que ver el resultado electoral, “escaso” para sus pretensiones. 

De cualquier modo, Víctor Aiola salió airoso de esta elección en un contexto tremendo. Nadie pudo pronosticar semejante derrota del oficialismo y su implicancia en el plano local. Aún así salió intacto. Sanito como para la batalla final. En ese contexto obtuvo una cantidad de votos halagadores y optimistas a la hora de pensar en retener el Municipio. 

Pero también es cierto que, a ese candidato peronista que no enamora, le sobra estatura moral y política para enfrentar el reto que viene. Ambas cosas lo fortalecen porque son un bien escaso y una verdadera luz que asoma al final del túnel de macrilandia. 

Las PASO del peronismo transcurrieron muy civilizadamente y Ricardo Ciminelli superó una marca que en ningún caso, incluso los más optimistas, creían que podía alcanzar. Los once mil y pico de votos sumados a los de Martín Carnaghi superaron a los del propio Víctor Aiola. Está claro, son cosas recontra dichas, que nunca es matemática pura la suma después de una contienda interna. Pero sí pesa y mucho en este contexto, que el mismo día, y tal como se preveía, no solo estaba Martín Carnaghi abrazando a Ricardo Ciminelli sino que también se sumó Julieta Garello. Como nota marginal no está de más recordar que esta última no pudo ser parte de la contienda y suma otra de las deudas del peronismo con su propia democracia interna. 

Así las cosas, se confirma un escenario varias veces insinuado que habla de la posibilidad de la alternancia del poder, o la continuidad de Víctor Aiola. Ahí podemos concentrar la mirada sabiendo que no elegimos por el menos malo sino por quien podría ser mejor. 

El desafío de Víctor Aiola es enorme. Debe ser aspiracional en términos de encontrar otro modo de acumulacion política capaz de sobrevivir a pesar de un muy probable cambio de escenario provincial y nacional. Para eso debe creer en la posibilidad de un anclaje vecinal e histórico y de un reencuentro con lo mejor de la Unión Cívica Radical en estado puro. Aiola no necesita de alcahuetes, ni aduladores. Es tiempo de volver sobre sus propios pasos para reencontrarse con los leales y comprometer su lealtad. El tiempo es tirano.

 

El peronismo también tiene un nuevo y gigantesco desafío. Es casi una cuestión personal del candidato Ricardo Ciminelli. Hace unos días atrás un operador político del PJ decía que había que reconocerle a Julián Domínguez el mérito de haber instalado la candidatura del actual presidente de la Cooperativa Eléctrica. En verdad fue un mérito tripartito. Una decisión muy forzada, discutida, y en última instancia la consecuencia de que la interna peronista sigue al rojo vivo, cruda, sangrienta. Aún la mejor foto de la unidad nos muestra la única realidad, que es la verdad: Martín Carnaghi es Martín Carnaghi y su meritorio patrimonio electoral. Julieta Garello es Julieta Garello con un incansable laburo militante. Hugo Moro es Hugo Moro y su revalidado título massista. Marcos Merlo y Marcos Peralta son Mauricio Barrientos. Javier Estévez es Darío Golía. Muchos jóvenes de la generación en espera y otros que ya vienen de vuelta con expectativa de acceder al gabinete de Ricardo Ciminelli son Julián Domínguez. Esa foto es la propia cruz que el candidato deberá llevar como mejor pueda. Por eso, antes de pensar en cómo gobernar, va a tener que lidiar para equilibrar esas fuerzas con intereses propios. Genuinas en lo político, pero capaz de hacer daño en la acción del poder por la necesidad misma de supervivencia de cada una de esas estructuras. Como recuerdo no muy lejano vale refrescar que a Mauricio Barrientos le pasó en su mandato 2011/2015 y lo pagó caro. No pudo contener esa feroz interna y se lo llevaron puesto. El sabía que llegaba con la necesidad de jubilar un modo de construcción política que estaba agotado. Hoy esa misma realidad casi intacta lo acecha a Ricardo Ciminelli. Es un problema para él. Es un problema para todxs.

En cualquier caso, y por suerte, no elegiremos por el menos malo, sino por el mejor ¿Será otra vez Víctor Aiola o Ricardo Ciminelli llegará para sucederlo?