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  • jueves, 04 de junio de 2020

Las conductas adictivas y la cuarentena

La situación de cuarentena trastocó todas las conductas. También para aquellas personas que sufren de adicciones.  Si queremos que una persona con adicción se recupere, debemos focalizarnos para que se inicie un tratamiento específico para hacerle frente a lo que padece. 

(*)Por Lic. Mariano Rato 

Imagen: Plan nacional sobre drogas
Imagen: Plan nacional sobre drogas
Las conductas adictivas y la cuarentena

El alcohol resulta ser el antidepresivo y relajante más antiguo del mundo, aunque sus efectos secundarios lo hacen absolutamente desaconsejable. 

Se ha disparado el consumo de alcohol, tabaco y ansiolíticos, además de las sustancias no legales como consecuencia de la cuarentena. Si bien nos encontramos a la espera de datos oficiales, se observa también un aumento de las conductas adictivas que no tienen sustancia como objeto: el consumo de tecnología, internet, juegos en red o ludopatía y compras online, que están siendo sujeto de análisis por el preocupante aumento. 

Podemos advertir que el contexto actual determina a las personas que sufren una adicción de dos maneras diferentes; por un lado, algunos sujetos se han visto forzados a tolerar períodos de abstinencia prolongados, siendo esta situación novedosa por la imposibilidad de proveerse de la sustancia, así como oportuna para plantearse la posibilidad de dejar de consumir (al menos por un tiempo) la sustancia problema. Y, por otro lado, personas que se encuentran lidiando con las problemáticas que les ocasiona el nuevo contexto, las dificultades que hacen a la logística para lograr el suministro de determinada sustancia, o los inconvenientes relacionados con el control que reciben de las personas con las que conviven o las dificultades para consumir de manera oculta. En resumidas cuentas, este grupo será el que se enfrente a la mayor adversidad.

La dificultad para conseguir determinado tipo de sustancia, sumado al aumento de su valor, la imposibilidad de circular y el cierre fronterizo generan las condiciones necesarias para que aquellas personas que se encuentran atravesando una adicción se replanteen la relación con la sustancia y encaucen un pedido de ayuda.

Al mismo tiempo, la situación de encierro ha dejado en evidencia determinada información que las familias tienen respecto a conductas relacionadas con las adicciones, visibilizando de este modo el problema y abriendo vías de solución.

Tanto los diferentes organismos estatales, no gubernamentales, privados, obra sociales, etc. han adaptado sus sistemas de atención a la modalidad virtual. Si bien esto trae objeciones en lo que respecta a lo impersonal de este tipo de atención, o a las dificultades relacionados con la escasez de recursos (dispositivos móviles o internet) y la falta de privacidad que algunos pacientes puedan tener en sus hogares; el nuevo contexto posibilita que las personas no tengan que trasladarse a centros urbanos para obtener una asistencia psicológica especializada y de calidad. Así mismo, los familiares que muchas veces son los que inician las primeras consultas o los primeros avances en el pre-tratamiento, tienen la posibilidad de recibir diversidad en el tipo de ayuda y atención de calidad, incluso si la misma se encuentra alejada de sus hogares.

Las familias desconocen el potencial que tienen en generar las condiciones necesarias para que la persona que sufre de adicción comience a replantearse su conducta adictiva. Muchas veces son las intervenciones de la misma familia las que inician el proceso de cambio, posibilitando el comienzo de nuevos hábitos de vida.

Las personas que consumen experimentan la relación con la sustancia con “naturalidad”, con cierta “comodidad” que no les genera replanteos ni cuestionamientos. Cuando el entorno de estas personas intervienen, rompen con esta normalidad y con la comodidad en las que se ubican como consecuencia de la conducta adictiva. Cuando los familiares obtienen información relevante sobre cómo ayudar, se aumentan las chances de iniciar el proceso de cura.

Muchas veces las estrategias que las familias llevan a cabo son simples y fáciles de emplear, pudiendo consistir en hablar sobre la preocupación que se tiene con la persona que sufre de adicción, ofreciéndole ayuda.

Se cree que las personas que son adictas no tienen fuerza de voluntad para dejar el consumo o bien que no les importa nada de su vida. Esto no es así: las personas con adicción tienen una enfermedad de la mente. Y de la misma manera que no se nos ocurriría pedirle a una persona con cáncer que tenga fuerza de voluntad para sanarse (por el contrario, recurriríamos a un especialista para iniciar algún tratamiento que tenga eficacia comprobada: quimioterapia, rayos, terapia hormonal)  si queremos que una persona con adicción se recupere, debemos focalizarnos para que se inicie un tratamiento específico para hacerle frente a lo que padece. 

 

(*)Especialista en terapia cognitiva conductual.