13:22 h. Viernes, 22 de Marzo de 2019

Cuatro Palabras

Cómo es posible 

“Los monstruos existen pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes, los dispuestos a creer y obedecer sin discutir…”

Primo Levi 

 

 

OPINIÓN ​- Por Martina Dentella  |  28 de Febrero de 2019 (11:10 h.)
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Hace algunos días, una de mis amistades más recientes y enriquecedoras, me recomendó la lectura de un libro, que ya me habían mencionado en otro momento como parte de una bibliografía obligatoria de vida. 

No hicieron faltan más razones para que el ejemplar fuera buscado y puesto en mis manos a través de las cuotas posibles. 

Tenía una noción de lo que iban a devolverme las páginas, pero lo cierto es que hay testimonios vivos de este mundo, que una y mil veces se nos presentaron y nos siguen arrastrando por la desolación, inconcebibles testimonios que solo pueden ser producto de la necesidad de una liberación interior. 

El escritor, sobreviviente de los campos de concentración -y sin ahondar en detalles de los que cada cual tendrá una imagen más o menos resuelta- se pregunta en el hastío cómo es posible golpear sin cólera a un hombre. 

El resto de la minuciosa reconstrucción que realiza de su paso por el campo de concentración en Auschwitz excede mi análisis, aunque la belleza de su narrativa compite con su calidad de testimonio de las más crueles empresas del hombre contra el hombre. 

¿Cómo es posible golpear sin cólera a un hombre?, la pregunta esconde el sentido obvio de cómo es posible ejercer cualquier tipo de crueldad sin estar atravesadxs por el odio, o por una fe ciega en una convicción o un pensamiento que perturbe la razón. 

La persona que me recomendó el libro, hizo hincapié en que intentara desentramar algunos mensajes de xenófobos desestimados en un mundo que parece no revisar ni lamentar su historia inmediata. 

En palabras del autor, “esas convicciones yacen en el fondo de las almas como una infección latente; se manifiesta solo en actos intermitentes e incordiados, y no está en el origen de un sistema de pensamiento. Pero cuando éste llega… es un producto de un concepto del mundo llevado a sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa: mientras el concepto subsiste las consecuencias amenazan”. 

Con los espacios de encierro desvencijados, y las instituciones del terror cerradas y vaciadas, la sociedad argentina conserva (y algunas leyes lo amparan) la idea de la potestad sobre los cuerpos ajenos, lxs otrxs, o las otras. Hoy este sentido se traduce en niñas gestantes que son obligadas a parir. 

La tortura, una de las más viejas prácticas del hombre, toma formas tan indigestibles como en cualquier época, y como siempre se conciben bajo miradas que naturalizan y habilitan a que lo siniestro se perpetúe y se sostenga. 

No hablaremos de por qué una niña de once años no puede ni debe ser madre, porque en los muros virtuales sobreabunda información, contenido y opinión, y porque la pregunta que nos quita el aire es ¿cómo es posible golpear sin cólera a una niña?.