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  • viernes, 07 de agosto de 2020

Cometierra por las víctimas 

Entrevista a Dolores Reyes 

La literatura puede ser una vía de transformación. Hay libros que narran violencias y conmueven sin fronteras. Cometierra es la historia de una joven huérfana, vidente y conurbana a la que recurren decenas de vecinos. La tierra le habla, le muestra el horror, y al probarla se transporta a la realidad de las víctimas, lugares siniestros en los que están las mujeres desaparecidas a las que sus familias buscan desesperadamente, porque nadie las ayuda, porque no tienen respuestas del Estado, porque se agotaron sus recursos mientras se les acaba el tiempo. Realismo puro. 

Por Martina Dentella 

Ilustración de Mora Dentella
Ilustración de Mora Dentella
Cometierra por las víctimas 

Es la primera novela de la escritora Dolores Reyes, que se editó por quinta vez en Argentina y sigue recorriendo el mundo, traducida a decenas de idiomas.

Es una voz que grita con una potencia bestial pero a la vez con cierta dulzura desde el conurbano bonaerense, tan cercano y tan distinto a la capital del país. Narra la vida en ese territorio, la cotidianeidad, la idiosincrasia. 

La contratapa de Cometierra dice: “Cuando era chica, Cometierra tragó tierra y supo en una visión que su papá había matado a golpes a su mamá. Esa fue solo la primera de las visiones. Nacer con un don implica una responsabilidad hacia los otros y a Cometierra le tocó uno que hace su vida doblemente difícil, porque vive en un barrio en donde la violencia, el desamparo y la injusticia brotan en cada rincón y porque allí las principales víctimas son las mujeres”. 

Dolores Reyes nació en el 78 en pleno terrorismo de Estado, en una de las épocas más oscuras y violentas de la última dictadura cívico militar, donde se recrudecieron los crímenes, las desapariciones, y el robo de bebés. La autora escribe desde ese registro y también del de las desapariciones diarias de mujeres jóvenes que son víctimas de trata, abusos, violaciones y femicidios. 

La ética de este personaje adolescente, que es la voz narradora, es fascinante. Cometierra es un personaje que no descubre su deseo inmediatamente. Quiere que la dejen en paz, pero esa ética la impulsa a comer tierra por otros, porque hay verdades que necesitan ser reveladas y porque hay madres que necesitan conocerlas. 

-¿Por qué cometierra no tiene nombre?

-Quise significar que el don también tiene ese correlato en el estigma que es ser nombrada Cometierra por el afuera, ella nunca lo dice. Ese sobrenombre o carga reemplaza a su nombre. También tiene que ver con que en los barrios marginados hay muchos niños que no son inscriptos, que no tienen nombre legal, es muy común. También está la sustracción de niños e identidades en la última dictadura. 

-¿Cómo trabajaste en la construcción de un personaje tan interesante?

-Pensé que era un cuento más de los que venía escribiendo en el taller de Selva Almada y Julián López. Pasaban los encuentros y yo seguía escribiendo pequeños episodios, y quedó en claro que no era un solo relato y que necesitaba la historia en sí un desarrollo mayor, y por eso iba a ser una novela. Fueron varios años de escribir, de corregir, reescribir. 

-¿En qué lugar te duele Cometierra?

-Me duele la continuidad de las violencias, no está dentro de la novela lo que más me duele, sino en esos elementos de la escritura que apuntan hacia afuera, hacia la sociedad. Violencias que se continúan y que toman cuerpo en los femicidios. En este momento los padecemos todos los días, con un montón de niños que van quedando huérfanos y mujeres cuyas vidas invalorables seguimos perdiendo. 

-¿Qué sentís cada vez que Cometierra se va a otro destino geográfico y qué lectura creés que se hace de un personaje que se corresponde con una cultura popular tan distinta a la de otras latitudes? 

-Siempre siento una emoción enorme. Holanda fue el primer país con el que firmé, ya había acordado la traducción unos veinte días antes de que yo tuviese la edición argentina en la mano. Fue una locura. Saltaba con mis hijos en el living de casa. Y después fue todo muy rápido, una atrás de la otra. Y cuando la novela sale como pasó en España, Italia, Turquía, es increíble. Me escribe la gente y me da unas lecturas muy hermosas, muy sentidas. Entonces yo que dudaba de que pudiesen entender o empatizar con personajes que se mueven en el conurbano, leyendo esas devoluciones me doy cuenta de que se puede. Evidentemente, más allá de la cultura popular o idiosincrasia de ciertos sectores del conurbano donde vivo y escribo hay cuestiones emocionales y problemáticas sociales que hacen que la novela pueda ser bien recibida en lugares tan distintos. 

 

Me acosté en el suelo, sin abrir los ojos. Había aprendido que de esa oscuridad nacían formas. Traté de verlas y de no pensar en nada más, ni siquiera en el dolor que me llegaba desde la panza. Nada, salvo un brillo que miré con toda atención hasta que se transformó en dos ojos negros. Y de a poco, como si la hubiera fabricado la noche, vi la cara de María, los hombros, el pelo que nacía de la oscuridad más profunda que había visto en mi vida”. 

 

La entrevista la pueden escuchar en Spotify- Podcast- Pastishitas Literarias