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  • sábado, 19 de septiembre de 2020

Comer por emoción 

Profesionales de la ciudad (*)Por Malena Raggio

Comer por emoción 

La cuarentena generó un torbellino de emociones, que se intensificaron e impactaron negativamente en la conducta alimentaria de la población.

Por esta razón, es necesario aprender a diferenciar entre el hambre fisiológico y el hambre emocional. 

 

El hambre fisiológico se genera de manera progresiva, lo identificamos a partir de señales físicas y responde a una demanda de energía por parte de nuestro organismo. Se satisface con cualquier tipo de alimento, y posteriormente se experimenta sensación de saciedad en el estómago.

 

Por el contrario, el hambre emocional surge de manera repentina, a partir de un disparador que genera un impulso y una necesidad imperiosa de comer. Esta urgencia, por lo general, responde a un alimento específico, y puede darse incluso inmediatamente después de comer. 

En la ingesta emocional, se genera placer disfuncional que ocasiona sentimientos negativos. 

 

¿Cómo podemos gestionar nuestras emociones para evitar este tipo de conductas alimentarias impulsivas? 

 

Como punto de partida es importante reconocer esa emoción negativa o positiva que nos invade, y determinar si se relaciona con esta sensación de hambre voraz. 

Crear un ambiente seguro; organizar y planificar la compra de nuestros alimentos, eligiendo alternativas más saludables y naturales. 

Optar por comercios más amigables y sustentables, sin tantos estímulos visuales y ofertas de productos ultraprocesados, los cuales tienen baja calidad nutricional, exceso de azúcares, sodio y aditivos que generan mayor ansiedad, y como consecuencia impulsan a comer insaciablemente.

Si convivimos con otras personas que se alimentan de manera diferente y suelen consumir  productos que generan tentación, una alternativa es distribuirlos de manera que no estén a nuestro alcance tan fácilmente. 

Establecer una porción, lo cual nos permite decidir qué cantidad de alimento estamos ingiriendo,

evitando que la señal de stop de comer emocional sea establecida por el final de ese paquete o el fondo del recipiente de determinado producto.

Es importante realizar actividades placenteras para transitar y canalizar esas emociones, y si se requiere buscar ayuda terapéutica. 

 

Estas estrategias permiten alargar el tiempo entre el impulso y la conducta alimentaria, como parte de un proceso de autoconocimiento, equilibrio y bienestar. 

Generar hábitos alimentarios saludables y desterrar el concepto de comida como premio o castigo, contribuye a relacionarnos con la alimentación de manera consciente, sin necesidad de utilizar al alimento como ansiolítico emocional. 

La toma de conciencia nos permite decidir, y no que las emociones decidan por nosotros.

 

Lograr salud es poder conectarnos con nuestros alimentos, evitando comer de manera automática y compulsiva frente a sentimientos que generan incomodidad y malestar.

No se trata de demonizar al hambre emocional, sino de aprender a gestionarlo.

 

(*)Licenciada en Nutrición (UBA)

Acompañante Terapéutica 

 

Instagram: @nutri.atr