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  • sábado, 28 de mayo de 2022

¿Ciudad modelo o pueblo bananero?

En promedio estamos de acuerdo que con la “comida de los pibes no se jode”. Esa frase debería ser colgada en cada uno de los despachos públicos. Es parte de una deuda de la política y nos remonta a aquel frustrado principio fundacional de que “con la democracia se come, se cura y se educa”. Mal recuerdo le trae a los radicales el tema de las viandas que se llevó puesto a una gestión allá por los ‘80. La conferencia de prensa en la que se develó “que había un cajón de bananas”. El expediente administrativo y otra denuncia penal del abogado estrella del Municipio. Tragedias en las calles que le costó la vida a una vecina y el video que se filtró del Centro de Monitoreo. El debate pendiente sobre el traslado de los dos molinos harineros ubicados en el microcentro de la ciudad. Todo tiene que ver con todo. La promesa incumplida de la ciudad modelo y la realidad del pueblo bananero.

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¿Ciudad modelo o pueblo bananero?

Esta semana quedo plantada una frase que se debería colgar en cada uno de los despachos oficiales de todo el país. “Con la comida de los pibes no se jode”. Eso tendría que interpelar la conciencia de la dirigencia política en su conjunto. De ahí en más, sería un modelo de conducta a imitar. En promedio, nos tenemos que hacer cargo de seguir tan lejos de aquel objetivo fundacional de que con la democracia “se come, se cura y se educa”. Por supuesto que las cadenas de responsabilidades se diferencian entre gobernantes y gobernados. También es necesario distinguir entre gobiernos ajustadores seriales como el de Cambiemos, y otros que al menos creen que vale la pena apostar a la educación pública porque los pobres pueden llegar a la universidad. 

 

Un cajón de banana

El miércoles por la noche, el Gobierno local filtró una "primicia" a través del diario "De hoy", generando la expectativa de un hecho que, “de ser cierto, generaría una gran polémica y no menor conflicto". Finalmente, el día jueves por la mañana, consejeros escolares, funcionarios municipales y concejales de Juntos, hicieron una conferencia de prensa para confirmar el inicio de un expediente administrativo y de una denuncia ante la Fiscalía local. Como siempre, la cara visible de las acciones penales que impulsa este gobierno, es el flamante Inspector General de Gobierno Dr. Darío Ciminelli. El ex y actual funcionario, ha sido un revoleador de causas que se repiten en dos etapas: la confección de la carátula y una entrevista pactada en la puerta de la fiscalía para generar expectativas mediáticas. Inmediatamente después pasan a engrosar la lista de expedientes que la propia fiscalía archiva y nunca investiga. Lo cierto es que el jueves 20 del corriente, la presidenta del Consejo Escolar, Maria del Valle “Nana” Aiola, en el momento más electrizante de la conferencia, aseguró: "estábamos en Jefatura, vimos una caja, estaba llena de bananas. De pronto desapareció y comenzó una discusión hasta que aparecieron las bananas". 

Si alguien desvía frutas, alguna galletita o jugo para provecho personal, es un hdp. Si esa mercadería es un excedente y lo llevaban a otros pibes, que digan a donde. Si dejan un cajón de bananas donde no debe estar y encima para que se pudran, estamos hablando de funcionarios públicos que no funcionan. De ahí, a la historia de las viandas, que dejó herido de muerte a un gobierno radical de los ‘80, hay una distancia como de acá a Ecuador. 

 

Otra muerte

 

En medio de la desolación callejera producto del cóctel explosivo de bolsillos vacíos, contagios, gente de vacaciones y condiciones meteorológicas que van desde 8 días promediando los 40º a 10 jornadas de lluvia y humedad, la ciudad es una mezcla de angustias y tragedias. Accidentes de tránsito, descontrol con las motos y la muerte que esta al acecho y de tanto en tanto golpea la puerta. También el día jueves, casi en paralelo a la denuncia de las bananas, una vecina de 71 años perdió la vida al caer de su bicicleta y ser aplastada por las ruedas de un semirremolque. El camionero no tiene ninguna responsabilidad, no pudo hacer nada para evitarlo. Conducía como debe hacerlo. Respetando una hoja de ruta diseñada por una empresa que sigue gozando del privilegio de tener una fábrica con acceso permanente de transporte pesado a 200 metros de la plaza principal. En el mismo lugar donde fue fundada y cuando la logística era a carro. 

 

Cuatro décadas

 

Siempre lo tenemos muy presente en esta columna. Es como un faro de referencia. Hace 38 años recuperamos el sistema democrático y sus instituciones. Elegimos diez gobiernos, y ocho intendentes. A ninguno se le ocurrió que en la agenda de la planificación urbanística, debía figurar el traslado de los dos molinos harineros. El crecimiento demográfico se extiende hasta más de 30 cuadras del monumento a San Martín, pero la harina para el pan de cada día se fabrica casi arriba de la plaza principal. Está de más aclarar, no es necesario ser un estudioso en materia de tránsito para explicar las consecuencias de la circulación diaria de decenas de camiones, en horas pico, en circuitos de alta densidad de desplazamiento de vehículos livianos, motos y bicicletas. 

 

La morbosidad al palo

 

Apenas conocido el trágico deceso del jueves por la mañana, funcionarios del Gobierno accedieron a las imágenes de las pocas cámaras de seguridad que funcionan en el Centro de Monitoreo. En off, instalaban con alivio la idea de que el accidente había sido por una maniobra fortuita de la propia víctima. A esa altura, explotaban las redes sociales con la bronca de los vecinos planteando el problema del tránsito y el deplorable estado del pavimento que se deteriora por la misma circulación del transporte pesado. Pero el diablo metió la cola y en horas de la tarde noche, esas imágenes se viralizaron en las redes sociales. Al otro día, el mismo Gobierno salió a desmarcarse e inició también un expediente administrativo para saber quién filtró la información que debería ser confidencial. 

 

Es lo que hay

 

El desorden que gobierna esta nota, no es caprichoso. Puede haber impericia del cronista, pero la idea es vincular hechos cotidianos que impactan, muchas veces de manera trágica, en la vida de los vecinos. Mientras tanto, el Gobierno vuelve sobre sus primeros pasos. Los que le dan identidad a la alianza que lleva el sello de Cambiemos. Los de revolear denuncias con títulos que exageran el posible tipo penal. Ya dejamos clara nuestra postura frente al supuesto desvío de meriendas de verano. Pero está claro que los problemas estructurales que el gobierno de Aiola prometió resolver, se acumulan como pendientes. Las callen los reflejan y hablan por sí solos. Lejos de la ciudad modelo, seguimos deambulando en un pueblo bananero. Es lo que hay.