06:35 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Cincuenta años del “Gran Supermercado Chacabuco” 

Todo comenzó con una charla informal con Roberto “El Negro” Arrostito y enseguida acordamos una entrevista en Arrancamos Tarde Radio Ultra 98.9. Tres de los personajes de esta historia son Hernán Ibáñez, Ana María Rinaldi y Magdalena Mandrile. Ellos fueron algunos de los vecinos y vecinas que trabajaron en el “Gran Supermercado Chacabuco”,ubicado en calle Sarmiento 36 y que esta semana cumplió cincuenta años de su fundación. El grupo de empleados de esa época se junta una vez por año para celebrar el aniversario de aquel despertar comercial de la ciudad, aunque el motivo excluyente es la empatía y el compañerismo que construyeron en esos tiempos de juventud, esfuerzo y muchas horas compartidas.Tampoco borran los registros de algunas pérdidas que fueron símbolo de los que dieron su vida por una sociedad mas justa y solidaria.

HISTORIAS DE LA CIUDAD  |  12 de septiembre de 2019 (01:42 h.)
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Era una época de menos tránsito y movimiento en la ciudad. En la que el contacto con los otros era cara a cara, de vecindad, donde los propios comerciantes buscaban cómo mitigar el impacto inflacionario en los productos, para hacerle la vida más fácil al vecino. 

El primer supermercado de Chacabuco, que nació con su nombre homónimo, fue inaugurado a fines del año 1969. Los detalles que los entrevistados van dejando durante la charla, dan cuenta de que en el lugar se desplegaba las primeras insinuaciones de lo que hoy en las grandes ciudades se conocen como “centros comerciales”. Ahí se vendían productos comestibles de una amplia gama y variedad , pero también se podían encontrar artículos de bazar, un local exclusivo de una zapatería de la ciudad y hasta un stand con las mejores marcas de galletitas que envasaba al público Ana Maria Rinaldi que en plena juventud se desempeñaba como promotora y atendía de manera personalizada. Hernan Ibañez apenas habia entrado en la adolescencia y recuerda no solo su rotación a cargo de diferentes tareas en el lugar sino también “tengo muy presente que una vez por semana viajabamos en un camión térmico a Capital Federal para traer mercadería. Mientras tanto, Magdalena Mandrile, que también ingresó al trabajo desde el dia de la apertura, fue asignada al sector de cajas y cuenta con orgullo, “los turnos eran muy extensos y hacíamos hasta media jornada los domingos, pero la calidez humana de la mas de treinta personas que formábamos parte de la planta de empleados hacia las cosas muy agradables y llevaderas”. 

Los entrevistados se emocionan y con las palabras nos transportan a ese lugar, a esa otra ciudad que todavía reflejaba el esplendor del crecimiento económico y el pleno empleo con una gran movilidad social ascendente.Eran tiempos que permitian seguír soñando con un destino mejor. Incluso lxs entrevistados no recuerdan que los propietarios de los tradicionales almacenes del barrio estuvieran enojados con el novedoso y auspicioso emprendimiento. Parecia que habia lugar para todos. 

De cualquier manera, la realidad argentina siempre tuvo sus notas de color y por eso los tres recuerdan las épocas de inflación y el laburo adicional que eso generaba.“Recuerdo que con los primeros atisbos de inflación, mi abuela se volvía loca, me mandaba a hacer el mandadito a mí con una moneda, a la esquina de mi casa, y cuando volvía no me alcanzaba”, dice Hernan Ibañez. 

“Nos levantábamos y había que cambiar el precio de los productos, del azúcar, de la yerba”, recuerda Magdalena Mandrile. En ese momento era una sorpresa, y costaba adaptarse conceptualmente a la devaluación de la moneda nacional, acota Ana Maria Rinaldi. 

-¿Hablamos de las primeras noticias de la inflación?

Sí, incluso nos pasó de que no entregaran mercadería. 

-¿Cómo hacían la remarcación?

Un marcador, que giraba, le cambiabas el número, era como un sello. 

Como se cola una historia de género y sensibilidad que terminó marcada por la tragedia

No es cotidiano hablar del primer supermercado de una ciudad. Menos si una parte de ese equipo fundacional está ausente. Maria del Carmen Pregal, desaparecida por la sangrienta y última dictadura cívico-militar, trabajó desde muy joven allí. Pertenecía a la parte de carnicería hasta que decidió migrar y sus sueños fueron arrebatados. “Estuvo un tiempito La Negra, era divina, en realidad éramos muy compañeras, hasta que ella decide ir a estudiar, hicimos el secundario nocturno acá, que lo podíamos hacer, y por cosas de la vida decidió ir a La Plata, la ví algunas veces, hasta que la secuestraron el 1 de junio del 78”, recuerda con los ojos casi húmedos Ana Maria Rinaldi. 

Si se puso al frente de una carnicería en el supermercado, no estaba librando una sola lucha, sino también la de la inclusión. “Colaboraba en lo que podía en ese momento, en lo que los compañeros necesitaran”, acota su compañera. 

El aire suele ser tirano en la radio. Nada de eso ocurre cuando hay algo para contar. Son esas pequeñas historia de la ciudad que no pueden quedar escondidas, aunque hace mucho tiempo fueron parte de la obra que dejó el profesor Oscar Melli. Ellos volvieron sobre sus propios pasos, acá queda apenas un breve testimonio. 

Los entrevistados pudieron recordar a quienes creen son todos o la mayor parte de aquel primer plantel que ingresó como trabajadores del primer supermercado de la Ciudad. De ellos se trata: Sres. Crisci, Morgan y Scocco. Mario Spataro, Pedro Villegas, Pascual Lonzo, Jose Agosti, Rene Ordiz, Tito Alori, Jose Remussini Luis, Eduardo Rios, Mario Máspoli, Felix Di Perna, Miguel Garello, Tati Orsini, Magdalena Mandrile, Liliana De Laudo, Susana Chielli, Elena Quilez, Ana Maria Rinaldi, Mabel Rengel, Mabel Marconi, Ana Maria Demaro, Cristina Soroa, Mirta Gelvez, Yoli Cañete, Mirta Ordiz, Graciela Semento, Evelia Fernández, Maria Ines Sosa, Griselda Triberti, Maria Rosa Sartore, Lidia Castro, Maria del Carmen Pregal, Mario Martinez, Raul Caraccio, Hernan Ibañez, Alfonso Demaro, Lucio Santamaria, Roberto Mayol, Jorge Cruz.