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  • viernes, 07 de agosto de 2020

Chimeneas en las vías

La historia de familias que construyeron sus viviendas en los márgenes del Ferrocarril y el riesgo social del desalojo. (Primera Parte) 

Por Andrés Colicchio 

Chimeneas en las vías

El Juzgado Federal tiene pendiente de ejecución un mandato de desalojo de más de 20 familias que ocupan tierras pertenecientes al ferrocarril San Martín, donde edificaron viviendas y se instalaron dando forma a un barrio detrás de la Estación de Trenes. El inicio del aislamiento preventivo y obligatorio por la pandemia del coronavirus y la situación económica y social acuciantes pusieron una pausa en la concreción de esa medida. Uno de los tanto problemas sociales que esperan resolución y en los que la salida podría ser una mesa de diálogo entre el actual Vicepresidente de Ferrocarriles Argentinos, Darío Golía, y el intendente Víctor Aiola.. 

La consigna denominada “Tierra, Techo y Trabajo” que utilizó el Papa Francisco en 2015 para denominar “las condiciones mínimas para que todos los seres humanos puedan ejercer su dignidad como tales”, resumió quizá una de las deudas más viejas del Estado Argentino y de sus diferentes gobiernos, algunos con más aportes en este sentido, otros con menos. Con los valores que hoy maneja el mercado inmobiliario y la realidad económica y laboral, lograr la reivindicación de tener un pedazo de terreno y una vivienda parece para muchos una realidad inalcanzable. 

Chacabuco tiene en su historia diferentes planes de vivienda implementados del estado para palear la necesidad habitacional de los que menos tienen. También hubieron momentos en los que la falta de una alternativa organizada desde los organismos gubernamentales que dieran respuesta a la demanda habitacional, dieron nacimiento a estrategias populares de aquellos que al no recibir la reivindicación de la tierra, directamente se las ingeniaron para tomarla. El caso del Barrio Alcira de la Peña, populoso conglomerado que hoy cuenta con Sociedad de Fomento y Centro de Integración Comunitaria, es un testimonio de ello.  

Más allá de las promesas, durante los últimos cuatro años en nuestra ciudad no se contruyeron viviendas, y hoy tenemos otro caso en el que se toman terrenos y se construye con el apuro del que necesita y no puede esperar a un Estado que demora. Sobre calle Matheu, una hilera de casas de ladrillos huecos pintan de naranja la zona aledaña a las vías. Rompen el gris monótono de un gigantesco galpón que en tiempos donde la Estación era fuente de trabajo para centenares de empleados fue lugar de mantenimiento de locomotoras. Todas despiden humo por chimeneas de hogares o salamandras en una tarde húmeda y fría. Me acerco a charlar con la pionera de este nuevo barrio, una mujer misionera de 55 años que vive hace más de 30 años en Chacabuco, pero siempre había alquilado. “Cuando vine acá los pastos superaban mi altura; limpié el terreno y con mis propias manos y la ayuda de familiares y amigos levanté la mitad de la casa. Luego siguieron ellos porque mi estado de salud no me permite subirme a un andamio”, relata. Sobre la mesa descansa un largo y afilado machete, “esta herramienta no le falta a ningún misionero, allá donde nací si no limpiás la maleza seguido, la naturaleza te va cerrando el paso”, destaca sentada al lado de un hogar donde crepitan troncos y ramitas. Mira el fuego con una sonrisa que no disimula el cansancio en una cara surcada de algunas arrugas. María Magdalena es un caso de otros que hay en este flamante emplazamiento habitacional, una historia de vida más que intentan abrirse paso entre las vías para subsistir. Continúo recorriendo hablando con más vecinos, lejos de lo que pensaba, todos quieren hablar y contar su experiencia. Pero esa es parte del largo camino que iremos compartiendo más adelante con nuestros lectores.