• 09:10
  • jueves, 04 de junio de 2020

Cero positivos - Uno positivo

Esta vez la política se escribe con mayúscula. La foto de Fernández-Larreta-Kicillof habla de madurez y responsabilidad. En los márgenes quedan Macri, Bullrich, Pichetto y la runfla de seguidores. A pesar de los esfuerzos en el territorio, Aiola pifió en la estrategia comunicacional. La exageración de la apuesta al “cero positivo” hizo tambalear el equipo cuando el primer contagio perforó los controles. Por suerte, el Jefe Comunal reaccionó a tiempo y salió a poner calma. Habló como médico, sinceró la situación. Más que una tormenta, entramos en el temporal.

Cero positivos - Uno positivo

Por Alejo Dentella

Queda claro, más que claro, que nadie jugó ni juega a sacar réditos políticos de la tragedia que también llego a la Argentina. Una vez más, la foto de Fernández, Larreta y Kicillof pone a las claras que que no hay lugar para especulaciones. Lo entienden todos. Casi la mayoría abrumadora. Quedan en los márgenes Macri, Bullrich, Pichetto y algún que otro militante de la apología del odio. Tierra fértil hay, de cualquier manera, para sembrar por ahí. Pero nadie que esté en función de gobierno y en sano juicio, puede apostar a jugar la individual. De ahí en más, cada quien apostará con sus propias fichas y no podrán disimular que relojean las mediciones de las consultoras que vuelven a tener su primavera.

Cómo comunicar en tiempos de situaciones extraordinarias, es otro gran desafío. Puede asegurar el gobernante que a la gente hay que darle lo que consume. Entonces se construye un relato cotidiano que veletea de acuerdo a cada circunstancia y se desbarranca en la primera de cambio. Algo de eso le acaba de ocurrir a Víctor Aiola. Tal vez involuntariamente, siguió pensando en una estrategia comunicacional propia de los años de “esplendor” de Cambiemos. Durán Barba y Marcos Peña adoctrinaban con un enorme aparato de desinformación y manipulación. Apostaban a la polarización como única opción de permanencia en el poder.

“Polarización o muerte”

 

Después de icumplir todas y cada una de las promesas con las que había llegado al gobierno, Mauricio Macri quedó atado a la profundización de la grieta como salvavida de su debacle. La persecución judicial por un lado y la ponderación de la posible candidatura de Cristina Kirchner coincidían como patología neurótica y eran el caballo de batalla excluyente de la estrategia electoral. “Cuando jugás a polarización o muerte y te sacan una de las puntas, quedás pedaleando en el aire” decía Freddy Storani en su visita a Chacabuco en el mes de febrero. Aunque ese día Aiola escuchaba desde la primera fila, no registró el mensaje. Desde el inicio de la cuarentena, a pesar de una enorme tarea de territorio, quedo preso del error comunicacional genético del que no puede escapar.

Cero casos

Mientras tímidamente se reconocía que tarde o temprano la pandemia golpearía el portón de los accesos, en paralelo se agitaba la ilusión de “ciudad verde” hasta el final. Ser parte de la provincia demográficamente más importante del país y la más afectada por el virus, con la ilusión de salir invicto, era casi el sueño del pibe. Si además, en el medio, metés un par de goles como la propuesta de control de olfato, el uso de barbijos o el discutible cierre de accesos, corrés el riesgo de creer que tal vez pudiera cumplirse el ideal de terminar esta tragedia con el arco invicto. Por eso, consciente o no se, jugaba al “Caso cero”. Desde el primer día lo insinuamos en esta misma página. A costa de ser tildados de mala onda. Cuando no de mala fe. Estaba claro que la exageración de los logros inmediatos podrían perder potencia y dimensión apenas un chaparrón nos agarrara en el medio. La cuarentena definida anticipadamente con éxito, de cualquier modo, era una jugada de largo aliento. Traería fatiga, problemas colaterales, conflictos de intereses y hasta conductas autoritarias y xenófobas. El mismo intendente se ocupaba de aclarar, hace apenas una semana, que “todavía no habíamos entrado en la tormenta”.

Mas que tormenta, temporal

Es cierto, se dijo varias veces, que íbamos a tener contagios. Se habló de una tormenta que todavía no había empezado. Aún así, la sobreactuación de los carteles con el “cero caso”, era pájaro de mal agüero. Llegó el día, llegó el caso uno y en el palacio parecía que todo se desvanecía como un castillo de naipes. En verdad, la semana pasada comenzó la verdadera batalla. No solo contra la pandemia, sino contra un formato cultural que el gobierno de Aiola alimentó durante sus cuatro años de primer mandato. Por suerte, apenas se conoció la mala noticia y al percibir la reacción de la sociedad, el Jefe Comunal volvió a recuperar la iniciativa. Habló como médico, habló como un jefe de familia que tiene que sincerar la situación y trabajar sobre un escenario diferente. El coronavirus Covid-19, perforó el control sanitario, se burló de los infinitos esfuerzos que todos venimos haciendo desde la trinchera. Empezó una nueva pelea, y por fortuna, se tomaron varias medidas a tiempo para que salgamos lo mejor posible. Tal vez sea una buena oportunidad para repensar qué tipo de sociedad queremos para las nuevas generaciones. Una vez más, jugar a todo o nada, nos dejó al límite de pedalear en el aire. Y no es joda.