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  • miércoles, 28 de julio de 2021

Para celebrar el traVajo 

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Para celebrar el traVajo 

(*)por Marcelo “Chata” García 

Aclara, François Dubet en Pensar la Justicia Social, que una sociedad en la que exista una correcta igualdad de oportunidades, su diversidad se vería representada proporcionalmente en todos los estamentos sociales y en todas las funciones. Es decir, tanto en las cúpulas dirigentes, empresariales, emprendedoras, o en los sectores operativos o burocráticos, se encontrarían personas de diferentes razas, credos, identidad sexual, procedencia de clase, o discapacidades. Y esto porque el talento y las competencias laborales no están ligadas de forma natural a una característica humana concreta, sino que se estimulan en cualquier ser humano.

Las políticas de discriminación positiva se idearon para equilibrar la balanza allí donde ciertos grupos se encuentran subrepresentados por una historia de exclusión u opresión. Pues, hay que tener presente, las desigualdades se acumulan a lo largo de toda la vida, desde la difícil integración escolar, pasando por la adolescencia a la inserción en la actividad económica. Estas políticas se difunden a partir de la década del ’60 en los EE. UU. luego de la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles y conseguir cupos en las principales universidades del país. También se implementaron en Europa para facilitar a los hijos de inmigrantes a la educación y el empleo. Y son políticas que han fomentado los movimientos feministas para romper lo que se llama el ‘techo de cristal’, espacios gerenciales o de decisión política en los cuales las mujeres encuentran menos oportunidades de incorporarse.

La "Ley de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero 'Diana Sacayán - Lohana Berkins'" forma parte de este tipo de políticas públicas que no responden a un grupo partidario en particular –de hecho, la votación fue casi unánime- sino que son políticas recomendadas incluso por organismos internacionales como las Naciones Unidas. Este tipo de normas no se limitan a garantizar un porcentaje del empleo a ciertos colectivos (en este caso el 1%) sino también el acceso a la educación y a la capacitación. 

Es preciso entender, además, que una sociedad que por prácticas discriminatorias, legales o consuetudinarias, impide el correcto desenvolvimiento y el acceso a oportunidades educativas y laborales a ciertos grupos por alguna característica, limita también los aportes que los integrantes de ese grupo pueden hacer al desarrollo de la sociedad toda. No se trata de un mero reconocimiento de derechos, como si los grupos heterosexuales dijeran: ‘les reservamos unos puestos en la administración para que se ganen la vida sellando formularios o archivando expedientes’. Se trata de reconocer el aporte que pueden hacer a la sociedad las minorías excluidas a partir de contar con mecanismos para desarrollar a pleno sus capacidades y competencias. Es por eso, que la ley es un beneficio para toda la sociedad.

Por otro lado, como recuerda Dubet, las leyes de cupos laborales proponen salidas individuales de la marginación a partir de quiénes sean las personas del colectivo que mejor puedan apropiarse de los espacios y desarrollarse en ellos. Seguirá habiendo una desigualdad de posiciones que hace que ciertos espacios laborales sean muy poco remunerados, o aún peor, sectores que no consigan insertarse en el mercado laboral. Ciertamente, el mayor problema argentino seguirá siendo la falta de oportunidades para muchos jóvenes y adultos sin depender de su raza, credo, sexo, identidad o discapacidad.  Una igualdad negativa de la cual solo se excluye a ciertos sectores privilegiados. Pero esa discusión no tiene nada que ver a un hecho que hoy hay que festejar, y es que Argentina da un paso para una sociedad mejor. 

(*) Lic. en Comunicación Social (UBA), Docente universitario.