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  • viernes, 03 de diciembre de 2021

La caja negra que Cambiemos no quiere que se toque

El Senado de la Provincia de Buenos Aires es la caja negra más multimillonaria de la política del principal distrito del país. Para el ejercicio 2021 en curso se aprobó un presupuesto de ocho mil millones de pesos, lo que significa un costo anual de 173 millones de pesos para cada uno de los 46 legisladores que integran ese cuerpo. Con la llegada de Cambiemos al poder -año 2015- se anunció la reducción del gasto político que nunca se concretó y a pesar de la derrota electoral del año 2019, Juntos por el Cambio tiene el control mayoritario de ese cuerpo, como para haber podido impedir semejante partida presupuestaria. Salarios, asesores, personal en comisión, módulos, gastos de representación, pasajes aéreos, prestanombres que entregan sus tarjetas de débito a cambio de algún conchabo, son solo algunos de los rubros que componen la tira final de los más de catorce millones de pesos mensuales que gasta la Provincia por cada banca. La aprobación de esta disparatada suma de dinero la realizan sin ningún tipo de matices todos los espacios políticos con representación en esa Cámara y es una tarea casi imposible acceder a la información pública para conocer cómo se integra ese número. A partir del 10 de diciembre, Chacabuco tendrá dos de esos cuarenta y seis senadores, ambos de Juntos por el Cambio. Agustín Máspoli que va por su reelección y Marcelo Daletto que llegará sin territorio.
 
La caja negra que Cambiemos no quiere que se toque

Según un informe publicado por el diario La Nación, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires confirma el imaginario colectivo respecto a las obscenas partidas presupuestarias que maneja la política. Con un fondo anual de 17.718 millones de pesos y más de 2600 empleados, constituye una de las cajas más importantes a nivel nacional, pese a contar con tan solo 138 legisladores, entre diputados y senadores.

De acuerdo con los datos publicados en el sitio oficial del Gobierno Provincial, la Cámara de Diputados informa que en su totalidad cuenta con 1377 empleados, 920 de planta permanente con estabilidad, 131 en estado permanente sin estabilidad, y 224 de planta temporaria. Mientras tanto, el Senado declara la existencia de 1023 cargos de planta permanente y 223 de planta temporal de bloque político. 

Un dato no menor, es que si bien ambas Cámaras cuentan con un presupuesto similar, el Senado tiene la mitad de bancas que diputados. Por eso y según el presupuesto aprobado para el año que ya culmina, cada senador provincial le cuestan al Estado, unos 174 millones de pesos al año, lo que da un costo mensual cercano a los 15 millones de pesos. A pesar de ser información pública que debería estar al alcance de los ciudadanos, es casi imposible que las autoridades permitan acceder a esos datos, que tal vez pondrían claridad y transparencia al manejo discrecional de semejantes recursos. Cuando uno recorre los pasillos del suntuoso edificio de Avenida 7 en la ciudad de La Plata, en off te confirman la mayor parte de las cosas que son de público conocimiento en el reducido círculo de la política. Salarios, gastos de representación, viáticos, asesores, módulos y prestanombres que dejan sus tarjetas de débito a cambio de un conchabo, componen parte de la lista que termina con el costo final de los casi 15 millones por senador.  


Escasa o nula contraprestación

Estas cifras exorbitantes de dinero, son aún más escalofriantes cuando se tiene en cuenta la escasa o nula actividad legislativa de la mayoría de los miembros de cada una de esas Cámaras. Volviendo al Senado de la Provincia, y según datos de ese mismo cuerpo,en lo que va del año en curso, no llegó a sesionar una docena de veces y lo que es peor, muchos de sus integrantes cumplen el mandato sin haber borroneado un proyecto de ley.
 

Un gol en contra de la política

Es imposible que la dirigencia política no esté desprestigiada en un país que después de 38 años de ejercicio ininterrumpido de democracia, exhibe índices de pobreza que alcanza a la mitad de su población. Desde hace rato, se trata de relativizar el costo de la política en términos de su incidencia en el presupuesto del Gobierno tanto a nivel nacional como provincial. Parece mentira que a esta altura no se entienda que el país necesita al menos dos respuestas de su dirigencia. La construcción de grandes consensos que permita avizorar una salida para el conjunto  y la exhibición de grandes gestos de renunciamientos. Hablar de estas cosas no es abonar el discurso de la antipolítica. Todo lo contrario. Es solo advertir que la suma de conductas ejemplificadoras por parte de nuestros representantes, pueden ser una buena manera de descomprimir una situación social muy angustiante y dolorosa. Nunca es tarde.