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  • martes, 02 de marzo de 2021

El bife nuestro de cada día

Novillo
El bife nuestro de cada día

El gobierno de don Alberto tiene algunas cuestiones que resolver que son urgentes y complejas. Es decir, tiene que tomar decisiones a gran velocidad tratando de provocar el máximo beneficio para el pueblo argentino y reduciendo al mínimo el daño que pudiera ocasionar en algunos sectores. Ya se sabe que si bien se gobierna para todos, en cada política de Estado que se aplica hay ganadores y perdedores. La complejidad histórica en esta querida república está dada porque casi siempre los que pierden son las mayorías.

Uno de estos escenarios es el de los aumentos indomables de los precios de los alimentos y otros elementos indispensables del changuito familiar. Con una demanda restringida por la delicada salud de los bolsillos populares, es curioso observar cómo semana a semana los cartelitos en las góndolas nos siguen sorprendiendo. 

“Lo que vale es la intención” 

Así lo asegura el dicho popular. Sin embargo, no aplica para este asunto. Más allá de intentar hacer algo para domar los aumentos, el gobierno nacional debe encontrar por dónde se le entra a las grandes corporaciones que manejan y controlan las cadenas de valor. Si esto no resulta así -y rápido- no es posible confiar en las palabras del ministro Guzmán, quien intenta comunicar y entusiasmar con la idea de que el índice de precio minorista de este año, según se contempla en el presupuesto, será del 29%.

La batalla contra quienes se hacen encima de las necesidades alimentarias del pueblo no da margen para postulados tibios. Se trata de frenar enérgicamente la angurria de las pocas compañías que dominan el escenario nacional de productos básicos para recomponer el poder adquisitivo de la inmensa mayoría de la población argenta. Eso es disputa de poder y no tolera ambigüedades ni tibiezas. Disculpen el extremismo, pero es “a matar o morir”. Utilizando vocabulario político de otras épocas, diríamos que se debe generar la correlación de fuerzas mínima para favorecer a los que -casi siempre- salen goleados de estos cruces.

Un acuerdo vuelta y vuelta

Hace algunos días, en conferencia de prensa desde la Casa Rosada, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, junto con el ministro de Agricultura, Luis Basterra, anunciaron un acuerdo de precios de la carne que en dos meses volverá a ser renegociado.

"Básicamente este acuerdo lo que facilita es la oferta de un conjunto de ocho cortes de carne más los dos que hemos incorporado al programa de Precios Cuidados, con precios que se reducen entre un 15 % y un 20 % según el tipo de cortes y se retrotraen los precios a lo que había en el mercado de carnes a comienzos del mes de noviembre. Se reducen los incrementos que se produjeron por diferentes cuestiones de mercado en noviembre y diciembre", señaló Kulfas.

Esta medida es el botón de muestra de que no se está tomando el toro por los cuernos. Es en todo caso un buen intento, pero se queda corto, sobre todo al tratarse de un acuerdo logrado con las grandes cadenas de supermercados, donde las ofertas estarán disponible los fines de semana y los miércoles de las primeras tres semanas de cada mes; mientras que en el Mercado Central, todos los días. Para una ciudad como la nuestra, la solución es escasa. Entonces ¿Porqué no se puede lograr que el carnicero del barrio pueda ofrecer el churrasco a un valor accesible para un laburante? 

Hay algunas voces que corren a Alberto Fernández diciendo que el Presidente no es peronista, sino más bien socialdemócrata, y por eso no le alcanza la doctrina para poner el problema en su caja. Guillermo Moreno es uno de esos señaladores. ¿Cuánto de acierto hay en esas expresiones?

Las vaquitas sigen siendo ajenas

Hacia el final de la década de los treinta del siglo pasado, y pasada la gran depresión mundial de 1929 que llevó a la debacle al capitalismo de entonces, las exportaciones de carne y las rentas de quienes vendían vacas en este país se fueron al tacho. Gobernaban los conservadores de la “Década Infame” y -guiados por su ideología- crearon la Junta Nacional de Carnes, un ente estatal que regulaba el mercado, y también desarrollaron un frigorífico estatal. En septiembre de 1933 ambas ideas se concretaron con la sanción de la Ley 11.747, conocida como la "Ley de Carnes".​

Hacia 1991, en los comienzos de otra década infame, Carlos I de Anillaco dispuso -a través del el decreto 2284/91- la disolución de la Junta mencionada. La medida fue ejecutada por el ministro Domingo Felipe Cavallo, todo esto en el marco del auge de las políticas desreguladoras del Consenso de Washington. En esa jugada también murieron la Junta Nacional de Granos, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (I.N.V.) y el Instituto Nacional del Algodón.

Visto este recorrido histórico, pareciera que Moreno anda rumbeado. Quizá le falte un poco de aderezo peronista al actual ejecutivo, un poco más de dureza para con quienes están ganando mucha plata que se evapora de las familias más frágiles. Una transferencia de recursos muy injusta, casi criminal.

Si los “conserva” fueron a fondo creando un ente estatal que protegía los intereses de su casta ganadera, si el caudillo neoliberal riojano lo borró de un plumazo para favorecer a sus patrones políticos, ¿Porqué un gobierno claramente nacional y popular, bancado por una mayoría muy grande del pueblo, no puede poner en práctica medidas que impliquen mandar el bisturí hasta el fondo? ¿Es muy complicado desarrollar rodeos estatales para poner un bife en cada plato todos los días? Porque la otra sería cambiar de raíz la matriz cultural alimentaria argentina, donde todo plato se basa en la carne, pero eso parece más complejo aún.