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  • viernes, 10 de julio de 2020

La avenida recupera su aroma

 DE VUELTA AL CAFÉ / Por Andrés Colicchio

La avenida recupera su aroma

Que los seres humanos somos animales de costumbres, no hay dudas. Más en una ciudad relativamente mediana, tirando a pequeña. Hace rato nos habíamos resignado a la postal de la primera cuadra de la Alsina con negocios cerrados y veredas desiertas; la cuarentena hizo que el silencio se adueñara de las salas de café y las sillas se llenaran de polvo descansando sobre las mesas. Algunos tenemos asumida la conducta habitual de compartir un cortado, leer el diario o simplemente prendernos en alguna charla de mesa de café. Esas que pueden llegar a un debate filosófico callejero, o aquellas que se pierden en una discusión inconducente, pero que sin dudas forman parte de algo cotidiano que nos gusta y nos permite vincularnos con otros. 

Estamos los que marcamos territorio y repetimos siempre el mismo lugar, somos habitués de una sola confitería. Otros prefieren vagar de una a otra, sin demasiada preferencia más que el pocillo caliente, el diario o la charla con el mozo que toque en ocasión. 

Al encontrar el club cerrado, decidí sentarme en el primer local que se me cruzó para desahogar la abstinencia de pedir un cortado largo. Encontré la última mesa de afuera, las demás estaban todas ocupadas, el sol de las once de la mañana se prestaba para hacer a la intemperie lo que ya verdaderamente se había convertido en un desayuno atrasado, a la espera de que alguna vez la avenida vuelva a brillar como en sus mejores tiempos.