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  • viernes, 07 de agosto de 2020

"Hay ausencia del Estado"

El tiempo es un factor que  juega un angustiante papel en el ánimo de los vecinos del barrio emplazado en terrenos fiscales, en el margen de las vías del ferrocarril. Una vez concluida la cuarentena, medida que posterga la orden del Juzgado Federal , más de treinta familias que habitan el lugar pueden terminar en la calle. El derecho al “techo digno”, garantía que debería dar el estado, choca contra la inminente posibilidad de desalojo.

(Segunda parte) Por Andrés Colicchio

"Hay ausencia del Estado"

Luego de la primera parte de está investigación en el barrio conocido como “Los Misioneros”, instalado en terrenos de propiedad del ferrocarril, volvimos a ingresar al corazón mismo del complejo habitacional que se ha implantado detrás de la Estación de Trenes para seguir conociendo las historias que hay debajo de cada techo. La inminente orden de desalojo del Juzgado Federal, que espera la finalización del período de cuarentena por la pandemia del coronavirus para ser ejecutada, llena de angustia a los vecinos, quienes expresaron su temor e incertidumbre ante la falta de respuesta del municipio frente a su situación. Un numeroso grupo que nuclea a varios de ellos han realizado distintas presentaciones para intentar organizarse colectivamente y proponer una solución al conflicto en la que no tengan que abandonar sus hogares. Una de quienes lidera la iniciativa en la formación una sociedad de fomento que sirva para encauzar el conjunto de los reclamos, es Luisa Ferrerira. Ella accedió a una entrevista con este diario que a su vez fue presenciada por otros vecinos, en la que señaló que “nunca deseamos tener que usurpar, pero esto no hubiera ocurrido si en estos últimos años hubiera habido un estado presente que garantizara nuestros derechos básicos”.

Uno de los mitos que queríamos desentrañar era saber si para ocupar un pedazo de tierra había que pagar irregularmente algún dinero. Queríamos indagar  la forma en que cada familia accedió a una porción de terreno, ya que muchas veces en este tipo de situaciones hay alguien que ofrece las parcelas como si fueran propias y exige un pago a cambio del derecho a poder edificar sin ser molestados. Ferreira manifestó “cuando llegamos con mi marido nadie me cobró nada, no teníamos donde caernos muertos. Si nos hubieran querido cobrar no iban a poder, porque no contábamos con un solo peso. Vinimos por cuenta propia, por necesidad y desesperación”. 

La falta de una respuesta del estado a la acuciante situación habitacional que vivían es permanentemente destacada como argumento por parte de los lugareños, varias de las personas consultadas dicen algo parecido a lo que plantean  Luisa y su esposo Derlis, y sus historias de vida son muy parecidas entre sí. “Alquilábamos, nunca tuvimos casa propia y llegamos a un punto en el que no podíamos pagar, además nos cortaron la luz. El dueño de la casa nos aguantó bastante, pero necesitaba la plata. Mi marido es albañil y yo limpio casas, no ganamos mucho”, sigue relatando Ferreira. 

“Antes de venir acá fui a hablar con el Intendente, pero siempre me hacía hablar con secretarios que yo ni conocìa. Terminé hablando con Darío Ciminelli, el secretario de Seguridad de entonces. Él me dijo que me iba a dar una casa abandonada para que yo no usurpe acá, pero era mentira. Me fui directamente a hablar nuevamente con él y le dije que si tenía coraje me ataje, porque yo iba a usurpar igual y nos vinimos, primero armamos una piecita sin baño”, señaló.

Al igual que la mayoría de quienes brindaron su testimonio al acercarnos a conversar, esta familia está de acuerdo en que lo ideal no es tomar terrenos. “Los que estamos acá somos conscientes que no es bueno usurpar. Cuando entramos supimos a lo que nos teníamos que enfrentar. Los que llegan a este barrio no quieren nada gratis, si un día nos dijeran que podemos pagar por nuestro terreno y tener buena calidad de servicio, todos aceptaríamos porque somos todos gente de trabajo y queremos ganarnos lo que sea nuestro”, señaló. Una de las características comunes del barrio “Los misioneros” es que cada familia autoconstruye con la ayuda de la misma comunidad. “Acá todos nos ayudamos unos a otros en todo, somos unidos, con ladrillos huecos construimos rápido, y cuando una familia construye, las demás ayudan”, apuntó Derlis Ibarra. 

Mientras ellos esperan qué les deparará el destino cuando se levante la cuarentena y se quiera dar curso a la orden de desalojo ya emitida, le quedará al estado Nacional y Provincial la tarea de buscar una solución a este conflicto que lleva ya más de cuatro años, el mismo tiempo que corre en Chacabuco sin que se haya podido avanzar en materia de soluciones habitacionales.