15:21 h. Martes, 16 de julio de 2019

Allí hay un mundo nuevo

OPINIÓN ​ Por Gustavo Porfiri  |  26 de marzo de 2019 (15:48 h.)
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Desde la hondonada en que vivimos, es más difícil apreciar algunos acontecimientos que despiertan la esperanza en que un mundo mejor es posible. Uno de ellos acaba de ocurrir recientemente: Italia se ha convertido en el primer país integrante del G7 en adherir al enorme proyecto comercial chino conocido como la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (o la Nueva Ruta de la Seda). Giuseppe Conte, Presidente del Consejo de Ministros de Italia, y el presidente chino, Xi Jinping, han firmado este sábado un memorándum de entendimiento para colaborar en el marco del proyecto. 

Siamo dentro

La iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda es un gigantesco plan comercial, diseñado por China, que pretende conectar Europa, Asia del Sur y Oriental, Asia Central, Oriente Medio y también América Latina. Para desarrollar esta iniciativa, valuada en varios trillones de dólares, Pekín ya ha invertido en diferentes proyectos de infraestructura en todo el mundo.

Según publicaron medios italianos, los líderes han rubricado un total de veintinueve acuerdos: diecinueve institucionales y diez comerciales.

Los detalles de los contratos no se han revelado de inmediato, pero una fuente del Gobierno itálico indicó que potencialmente podrían ser por un valor de hasta veinte mil millones de euros (22.620 millones de dólares). 

De esta manera, mientras Roma busca reactivar su economía “saliendo del laberinto por arriba”, su decisión de unirse a la Nueva Ruta de la Seda activó las alarmas entre sus sus aliados occidentales, que observan con recelo este suceso ocurrido en medio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Recelo norteño

Y ya que nombramos al oxidado coloso del norte, revisemos el concepto del analista Max Keiser, creador de Keiser Report, un programa que se emite por la cadena RT y que resulta inevitable para entender mejor cómo funciona este mundo del siglo XXI. A su modo de ver, Estados Unidos se desvió hacia el "fundamentalismo mercantil" creyendo "en el precio y en su manipulación incluso más que en los beneficios, porque estos son el resultado de la contabilidad, que a su vez es el producto de cuatro grandes empresas contables a las que puedes pagar para que te devuelvan el resultado contable que más te convenga".

Keiser profundiza: "En EE.UU. tenemos un sistema que hace de la muerte y la prisión el principal producto del sistema capitalista, algo que nada tiene que ver con Europa, donde todavía nos podemos comer un buen queso".

Por su parte, Stacy Herbert, esposa y co-conductora del programa, estima que "Estados Unidos siempre está al borde de la guerra, y su sistema político está marcado por un claro carácter bipartidista que impide que los republicanos dialoguen con los demócratas y viceversa, acusándose los unos a los otros de fascistas y autoritarios".

Bueno, repasar la historia más reciente -aunque sea “a vuelo de pájaro”- alcanza y sobra para corroborar que el gran país del norte de América va en el camino absolutamente contrario al que propone el gigante asiático. Para la potencia que tenemos más próxima, el mundo es casi de su propiedad y por ende solo cabe obedecer y aplicar sus directivas, o esperar la invasión, como en el caso de Venezuela, país donde habita el enemigo más peligroso y al que hay que derrocar a como sea: un pueblo decidido a defender su dignidad y su decisión de vivir del modo que han elegido.

La oscuridad

La imagen que despierta la propuesta norteamericana es la de un mundo envuelto en la oscuridad, en la destrucción, un mundo en que la guerra y el hambre se pasean muy cómodas precediendo la llegada de la muerte inexorable. Así que mejor rajemos de esa idea y volvamos a la propuesta oriental, que genera la visión totalmente opuesta. 

China está intentando constituir un sistema interconectado de transportes, energía e infraestructuras digitales que se traduciría paulatinamente en la creación de una serie de núcleos industriales, zonas de libre comercio y un corredor económico que impulse la construcción, la logística, la energía, la producción, la agricultura y el turismo, culminando en el nacimiento de un gran mercado común euroasiático. 

Pero todo esto no es solamente proyecto, sino que ya es realidad. Hace apenas dos semanas, se conoció la noticia de que el fondo chino Touchstone Capital Partners invertirá diecisiete mil millones de dólares en un ambicioso enlace ferroviario, diseñado para conectar las capitales de Finlandia y Estonia, a través del golfo de Finlandia. La compañía Finest Bay Area Development Oy, encargada del proyecto del túnel Helsinki-Tallin, firmó un protocolo de acuerdo con el fondo chino, que patrocina la iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda de Pekín.

El túnel de 103 kilómetros, diseñado para conectar los aeropuertos de ambas capitales europeas y que incluye dos estaciones intermedias, es uno de los proyectos de infraestructura más grandes del continente, según el líder del mismo, Peter Vesterbacka.

Aunque la construcción del túnel submarino aún no ha comenzado y recién estará operativo para 2024, los pasajes ya están disponibles desde diciembre. Un viaje de ida costará 50 euros (56 dólares), mientras que el 'ticket' anual ilimitado se venderá por 1.000 euros (1.120 dólares).

En fin, el mundo que desde nuestro pozo no alcanzamos a divisar tiene grandes posibilidades para todos los habitantes del planeta. Es un mundo nuevo, que se merece una cuota de esperanza. Desde el hartazgo que crea el sometimiento a las directivas del sistema monetarista, metidos en el fango de la desesperanza, nuestra opción más saludable sería empezar a asomar, a salir de la trampa, ponernos rumbo al futuro y dejarnos de experimentar con recetas que siempre terminan matándonos por envenenamiento.