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  • viernes, 10 de julio de 2020

Aiola en su laberinto

Por Alejo Dentella

El segundo mandato de Aiola no tiene brillos ni encantos. El pecado original de no escuchar a los que en su momento le dieron sanos consejos. De la gestión autosustentable y el déficit cero a la emergencia económica. La difícil tarea de cumplir pactos preelectorales si, en paralelo, se delega el poder. Mientras el Gobierno local transita su propia malaria económica, Darío Golía va por la revancha. La cortesía del Jefe Comunal se choca con el gorilismo militante. Fase cinco y un límite para los que marchan rompiendo la cuarentena.

Aiola en su laberinto

Aiola transita la primera parte de su segundo mandato sin brillos ni encantos. Como si el objetivo de llegar a ser el primer radical de la ciudad, elegido dos veces por el voto popular, le hubiese jugado una mala pasada. No aparece la impronta y la picardía de aquellos primeros tiempos. No logró sintonizar con su mejor música. Es cierto que la pandemia no estaba en la agenda de nadie. Complejo en un distrito del interior donde su espacio político viene de perder la elección provincial y nacional. La sensación de orfandad desvela y genera insomnio. La autonomía está condicionada por los propios errores del pasado. Hurguetear en esos lugares es necesario para entender que no se puede jugar de las misma forma cuando las circunstancias son otras. 

 

Qué tiempos aquellos

 

La posibilidad de que Chacabuco pase de la fase de “Aldea a Ciudad próspera” la tuvo este intendente en el año 2015. Deliberadamente eligió el camino más corto. La acumulación de poder personal, el delirio de patear el conurbano. Desperdició el momento y los buenos consejos del primer intendente de la democracia. También, de quien fue el secretario de gobierno en el primer año de aquella gestión. Poner blanco sobre negro en las cuentas de la administración pública era la clave. El costo del reacomodamiento -léase ajuste- quedaría asociado a los despilfarros que le precedieron. La hoja de ruta, aunque minuciosamente escrita, como toda opinión, era discutible. Nunca descartable. Cuatro años después, declarar su emergencia económica, mostrar un déficit que -aún dibujado- arroja cien millones de pesos en rojo y desempolvar papeles del año 2015 en el canal local de Magneto, lo emparenta más con Cháchara Saadi que con el dirigente que pudo ser. El actual radicalismo de Chacabuco es tan obsecuente y obsoleto como el que recibió. Con el agravante de que ahora, al igual que con los números, la culpa no es del chancho. De acá en más y jugado por el Radicalismo PRO, Aiola no tiene otra que apostar a las brujas y debatirse en la soledad de su propio laberinto. 

 

Los pícnics y el gorilismo

 

Un amigo de los lejanos tiempos de café, definió con picardía la apuesta comunicacional de la primera gestión. Eran tiempos donde llovía la plata del endeudamiento paga Dios y entonces los sábados se permitían un relax adicional. Más de cien funcionarios surcaban las calles para “estar cerca”. Se tomaban fotos entre ellos y aseguraban ser el mejor equipo. Mi amigo lo definió como el “el pícnic de los sábados”. Escuchábamos hablar de que la administración local pasaría a ser previsible y autosustentable. Después, llegó la teoría del déficit cero. Al final, y luego de la reelección garantizada, mucho antes de la pandemia, nos enteramos que estábamos fundidos, en cesación de pago, sin posibilidad de mejoras salariales para los trabajadores y que aparentemente el hospital público es un colador por donde se escurren millones de pesos en guardias, medicamentos y otras yerbas.

 Ahora son tiempos de pagar las deudas propias. En la nación y la provincia gobiernan los peronistas a los que la base electoral Aiolista detesta con pasión. El intendente debe cuidar cada palabra y cada gesto, para que la cortesía frente a los que manejan la chequera no se choque de frente con el gorilismo fanático.

 

 

“Políticamente ateo”

 

Haber renunciado al sacrificio de acomodar la gestión en su primer mandato y no cumplir con la promesa de articular un Comité Radical con masa crítica, obliga al Jefe Comunal a reincidir en el pragmatismo. Con la misma lógica que se devoró la proyección política de Laura Marchesse, para tapar los motivos de la abrupta salida de su primer secretario de gobierno, ahora llega la versión de los superpoderes. El cansancio de traccionar a pulmón, la acumulacion de errores en el manejo de la administración y las consecuencias directas y colaterales de la pandemia, llevaron al intendente de Cambiemos, a delegar poderes y facultades. La dinámica excede las posibilidades de definir límites exactos porque justamente se cabalga sobre los propios yerros. En ese contexto, Nerón Chari, que llegó para apagar el incendio de los números en rojo, de repente se convirtió en el supersecretario, “políticamente ateo”, que desde la jefatura de gabinete intentara conducir la gestión y el gobierno. 

 

Delegación de poderes

 

Acosado por el déficit de las cuentas públicas y con la urgencia del turno electoral de 2021, Aiola eligió el aislamiento. Como el boxeador que espera recuperarse en el minuto después de la campana. Sospechoso, cero positivo, curva, meseta, son parte de un lenguaje que aturde, desordena e instala la idea de peligro inminente. Aunque hasta los números pandémicos son alentadores en estas pampas, está claro que la coyuntura se devora todo. El tiempo y los pocos recursos. En ese contexto de incertidumbre y contradicciones, el pediatra radical toma decisiones de relajamiento de la cuarentena, aunque se ocupa de aclarar que no le gusta. Prefiere militar la teoría de Fernández, primero la salud. Con su armado político fisurado, Aiola ha tomado la decisión de ceder su centralidad. Empieza a desconfiar de su intuición porque el inocultable cansancio condiciona su agenda. Justo cuando Darío Golia se prepara para ir por la revancha. El fin de la cuarentena se empalmara con el nuevo proceso electoral. Conciliar el cumplimiento de pactos preexistentes con la delegación de poderes, es una tarea insalubre, desgastante, tal vez imposible. Al cierre de está columna estamos en fase 5 y los que marcharon por Vicentín van al Juzgado Federal. Es como el ave fénix.