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  • martes, 29 de septiembre de 2020

¡Aiola es Axel carajo!

Por Alejo Dentella 

Las declaraciones de Víctor Aiola en medio del debate por la “ley Kicillof”. El ataque al Intendente es un acto de desesperación del peronismo. Un jefe comunal opositor bien predispuesto, garpa más que uno del propio palo. Un repaso por la carrera de Julián Domínguez ejemplifica que la coherencia es un bien escaso de la política. Radicales al borde de un ataque de nervios. Aiola los espera en el Comité para dirimir en las urnas. P/D: Tal vez lo mejor está por llegar. 

¡Aiola es Axel carajo!

Julián Domínguez (1988/2020)

El 9 de julio de 1988 Carlos Menem le ganaba la interna del peronismo a Antonio Cafiero y de esa manera borraba otra chance del sueño de una socialdemocracia a la europea, que la derrota económica del gobierno de Raúl Alfonsín no había podido dejar cimentada. Cafiero, rodeado de un importante grupo de jóvenes treintañeros, expresaba la Renovación que pretendía como mínimo, una reconciliación con la sociedad. Dejar atrás los desaguisados de los setenta y apartarse de los caudillos patoteros del conurbano con Herminio Iglesias a la cabeza, asomaba como una posibilidad real. 

El martes 11 de julio de ese mismo año, Julián Domínguez, entre mate y mate y con lágrimas en los ojos aseguraba no tener consuelo por la derrota. Luego vendría su llegada al gobierno del riojano, la defensa del liberalismo desguazador del Estado, la burla a los jubilados, la destrucción de empresas y fuentes de trabajo y todo lo que significó esa década infame. En el mientras tanto, se permitió el abandono anticipado del Gobierno municipal y la jefatura de campaña de Carlos Ruckauf, que le permitió llegar al ministerio sin Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires. Para ese entonces, ya era un soldado de Eduardo Duhalde y Chiche, su esposa, a quienes acompañó para enfrentar a Cristina. La derrota de esa otra batalla y el gesto sanguíneo de su primo Darío Golía, lo puso otra vez en la Casa Rosada y, aunque en público le valió una broma del entonces presidente Néstor Kirchner, le dieron otra vida. Así terminó en el Ministerio K de Agricultura de la Nación, más tarde en  la presidencia de la Cámara de Diputados y sobre el final de ese ciclo la interna sangrienta y sin códigos con Aníbal Fernández. Las derrotas en cadena lo dejaron sin cargos políticos hasta que se sumó a un viejo archienemigo y fue parte del principio de ejecución de la traición que sí consumó Florencio Randazzo en 2017. Sobre la marcha, a pesar de los carteles puestos en la casa peronista que rezaban “Cumplir”, volvió a pedir el acompañamiento para Cristina. “Todo bajo el paraguas del peronismo”, como tanto le gusta aclarar al propio Domínguez. Los que lo frecuentan, hablan de futuros cargos, del retorno a Balcarce 50 y/o algunas otras opciones que se tiran al boleo. Por el momento, ocupa la ominosa lista de los sin tierra del pejotismo provincial.

Víctor Aiola (2015/2019)

Víctor Aiola llegó al comité de la Unión Cívica Radical en los primeros meses del año 2015. Médico pediatra de profesión, con un fichero de 4.000 niñxs como pacientes, para ese entonces ya se había comprado su casa y un automóvil de alta gama sin cargos políticos mediantes. Hijo de un herrero comunista, ávido lector y consecuente con su vida, que transita hace más de cuarenta años en la misma camioneta. Por apellido materno, es sobrino del exintendente peronista Héctor Francolino. Esos eran sus contactos mas “cercanos” con el mundo de la política, la cosa pública y las “ideologías”. No tuvo militancia universitaria, ni participación en instituciones intermedias. Suele decir que Raúl Alfonsín lo deslumbró desde siempre, como también el Rolex que el caudillo radical mostró en varias imágenes de época. De hecho, Aiola es un coleccionista de relojes, que también se pudo comprar antes de cobrar como intendente. Cuando comenzó a transitar el recorrido partidario, encontró una casa radical que se ajustaba a las pretensiones del comando peronista. Con escasa movilización, salvo pocas y dignas excepciones, el local de calle Moreno era la llave para alcanzar algún sillón suntuoso como moneda de cambio para la complicidad del ejercicio del poder del peronismo. Aiola se plantó, se consolidó su candidatura y para el asombro de todos, fue electo intendente venciendo a todo el monumental aparato peronista y enfrentando a Darío Golía. En la Convención de Gualeguaychú, al radicalismo le iba bien cualquier cosa si servía para asegurar el sueldo de un centenar de mercachifles. Asi habilitaron la llegada al poder del empresario Mauricio Macri. Heredero de la corrupción estatal, hijo de Franco, que amasó su fortuna al calor de los crímenes de lesa humanidad y la patria contratista. Querían volver al poder a cualquier precio. En ese contexto, llega Aiola al Gobierno municipal y se monta sobre el discurso macrilandia de la agresión, los trolls rentados, las desprolijidades en el manejo de algunas cuestiones públicas y las idas y vueltas de sus contradicciones “filosóficas e ideológicas”. De “Aiola es Macri” a “Macri es una rubia con olor a ajo”, pasando por “nunca nos invitan al cumpleaños de quince, siempre a llevar la manija del cajón”, el pediatra surfeaba las tormentas o se acomodaba a las circunstancias.

Va de nuevo

Todo es historia. Pareciera que los políticos tienen la suerte de ser parte de un pueblo de memoria corta. Aun asi, Aiola la vuelve a contar. Con una marca histórica de 18 mil votos, con el armado de un gabinete que genera otra expectativa, Víctor Aiola se larga a la aventura de este segundo mandato. “No va a poder gobernar sin ser parte de un gobierno nacional y provincial”, apostaba el peronismo como cliché de campaña. En más de una ocasión, este cronista le respondió a encumbrados dirigentes del PJ, que Aiola es un tipo poco ortodoxo. La semana pasada ocupó una página entera del diario Página 12. Lugar por el que muchos pagarían buen dinero por ser tenidos en cuenta. La jugada descolocó a todxs, fue noticia nacional. Lo anticipamos en nuestra nota editorial del lunes 6 del corriente, “Un médico a la izquierda”. En el peronismo se muerden los codos, saben que para el Gobierno paga más la ficha por un alcalde opositor bien predispuesto que uno del riñón propio. Mientras tanto, los radicales macristas se golpean la cabeza contra la pared. Acaban de comerse un frontón y saben que detrás de esto lo que viene es peor. El intendente radical de Chacabuco, forzará los límites para reconstruir su historia. Volverá a reivindicar esa casa de herrero laburante y madre austera que organizaba el día a día para que sus hijxs puedan alcanzar metas superadoras. Insistirá en revalorizar la educación pública que lo parió como médico, a pesar de que María Eugenia Vidal asegura que no sirve invertir en universidades. Aiola rompió el tablero nacional de los burócratas radicales porque tiene la obligación de seguir gobernando para dar respuestas a los vecinos. Si para eso debe gritar que él “es Áxel o Alberto”, lo hará. El peronismo de Chacabuco trina porque no conoce otra lógica que la del “cuanto peor, mejor”. Están enroscados en sus propios vicios y debilidades y más cerca de Junín que del retorno a la gloria. Los boinas blancas que no se sientan cómodos con este nuevo escenario tendrán su oportunidad. Próximamente habrá elecciones en el comité Alem. Ahí los espera Víctor Aiola para hacer ejercicio del derecho a elegir y ser elegidos.. 

 

P/D. El texto que antecede es un improvisado recorrido histórico, que puede ser fácilmente corroborado y testimoniado en sus datos duros. La política criolla, a lo largo y a lo ancho del pais, se fue construyendo de esta manera, al menos en los últimos treinta y seis años. Seguro hay otro camino que tal vez se animen a recorrer nuevas generaciones. La coherencia ideológica y la lealtad política deberían volver a ser virtudes supremas. Por ahora, te lo debo.