21:34 h. Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Aiola entre Perón y Alfonsín

Víctor Aiola rompe las estructuras discursivas de Cambiemos. Desde imágenes del Che Guevara hasta las frases de Perón. La audiencia es receptiva si suma para “Que no vuelvan”. Construcción y deconstrucción de un relato sin consistencia. El radicalismo de Alfonsín en el imaginario del pediatra. Daniel Salvador es el rostro de un boxeador derrotado al que ya no llaman ni para la foto. Una idea de la realidad que pretende esconder la desocupación, la inflación, el endeudamiento externo, el aumento de tarifas, el ajuste de salarios y jubilaciones y un extenso listado de etcéteras.

 

CONTRATAPA Por Alejo Dentella  |  28 de julio de 2019 (22:02 h.)
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En el discurso del intendente Víctor Aiola todo parece tan espontáneo como fugáz. Tan efímero como provocador. Su audiencia le estira los márgenes de lo políticamente correcto. De eso se vale para usar cuanto permitido pueda caber en sus pobres recursos de oratoria. Ajustado a las nuevas reglas de la comunicación macrista, el Jefe Comunal se corre de la trinchera del ataque personal y agresivo que utilizó desde la previa a la llegada al poder. En esas búsquedas de diferenciación también intenta tomar distancia de los libretos que bajan las usinas de descomunicación de Cambiemos y es ahí donde parece sentirse mejor. Entonces, mientras el equipo propagandístico de Vidal recurre a prácticas macartistas que tildan de comunista a Axel Kicillof, Aiola levanta en sus redes sociales imágenes y palabras del Che Guevara. Hasta ahí es capaz de llegar para desafiar el límite. Igual lo aplauden. En ese lugar se siente cómodo porque busca marcar las diferencias con quienes destilan el discurso del odio. Sin duda que intenta borrar esa idea de agresivo e intolerante con sus adversarios.

En el camino por la reelección la construcción teórica de su discurso no tiene bordes. Supera cualquier racionalidad interpretativa. Excepto que uno haya podido atravesar la línea imaginaria que separa al hombre público, al político, de aquel otro que mide cada paso con la lógica insaciable de acumulacion personal de poder. En esa caprichosa linealidad hay lugar para entender que en pocas horas, con el mismo gesto, comparó al actual proceso político electoral con el renacimiento democrático de 1983 y luego citó a Juan Domingo Perón, para hacer una alabanza de la realidad actual en términos de “La única verdad”.

Ese hombre calvo

En la conferencia de prensa previa al lanzamiento de campaña del último sábado en el Club Social, el intendente Aiola hizo un paralelismo entre la recuperación democrática del año 1983 y el presente electoral que transita Argentina. “Este año es un punto de inflexión en el que vamos a tomar la decision mas importante de nuestras vidas: cuál es el futuro de país que queremos para todos los argentinos”, dijo el pediatra radical. De nuevo, la referencia y comparación con esos tiempos, solo cabe en la imaginación de quien construye de manera deliberada una retórica carente de anclajes históricos. En ese salón de la vieja confitería, el alcalde con pretensión reeleccionista, se sentó  junto al senador de Cambiemos Agustín Máspoli, al funcionario provincial de la derecha liberal Gabriel Sanchez Zinny y al vicegobernador Daniel Salvador.

Justamente, Salvador podría haber sido el único hilo que hilvanara ese recorrido que no pudo, no supo o no quiso transitar el radicalismo pos Alfonsín. Ese hombre calvo, tristón y con cara de boxeador terminado, hoy representa el símbolo de la autodestrucción de la estima de los boinas blancas. El candidato a la reelección por el segundo puesto en la gobernación ha aceptado la humillación de no compartir la imagen en la boleta sábana de candidatos a cambio de preservar el control de la caja de dinero más obscena de la política que es el Senado Provincial. Este es el radicalismo de 2019, furgón de cola de un proyecto político que Raúl Alfonsín consideraba como “el verdadero límite”. 

Una realidad única pero insoportable

El tardío lanzamiento oficial de campaña de Cambiemos en Chacabuco fue una exitosa puesta en escena. El anfitrión controló durante el día, los mínimos detalles de la organización. Como si fuera una fiesta de 15, cuando vio que todo marchaba sobre rieles, dio rienda suelta a su alegría. En ese contexto habría que tomar la eufórica convocatoria a votar por Mauricio Macri mientras en el cotidiano día a día se planta una campaña casi vecinalista. Pero Aiola fue más allá en esa construcción y deconstrucción de su delirio discursivo y, haciendo elogio del presente, recordó una de las frases célebres del General Perón cuando dijo “La unica verdad es la realidad”. Fue entonces que el diputado Marcelo Daletto, tuvo un minuto de alegría al ver que su socio político entiende que tarde o temprano, “todos somos peronistas”.

Lo que finalmente no queda claro es de cuál realidad habla Aiola. Chacabuco no es un isla, la gente no come pavimento, los hospitales deberán ser cada vez más grandes para poder recibir a todos los expulsados que van a la salud pública, las mejoras edilicias en los colegios no borran las huellas que el hambre deja en los pibes. La desocupación, la inflación, la dolarización de las tarifas, el endeudamiento externo, el ajuste a los salarios, la especulación financiera, la imposibilidad de acceso al crédito y las penosas jubilaciones son parte de un extenso repertorio que debe interpelar a toda la clase política. Mucho más cuando la pretenciosa síntesis aspiracional es la de Perón y Alfonsín.