06:12 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

A la huella, a la huella…

CONTRATAPA  (*) Por Claudia Exner  |  22 de agosto de 2019 (16:30 h.)
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Es un llamado. Es una orden. Una sugerencia, una respuesta, un secreto. Una danza: es una danza. Especie folclórica de acá, de nuestras pampas. Linda danza, llena de enigmas que nos interpelan y reclama más metáfora desde la metáfora que la instituye. Huella-identidad, huella-marca, huella-evidencia, huella-legado, huella-estilo, huella dactilar, huella genética. Distintos aspectos de la huella que reclaman un relato para agruparse en una construcción de sentido.

Me gusta pensar “La Huella” como una danza misteriosa que fluyó por los cuerpos a través de los siglos para enseñarnos a indagar acerca de lo que nos pasa, para recordarnos que para ir hacia el futuro debemos preguntarle a nuestro pasado quiénes somos, cuál es el deseo más sincero en lo profundo de nuestro corazón domesticado por los años. Y colonizado por la cultura. Obvio. 

Cuando bailamos esta danza, creamos la ilusión de ir en busca de un amor tan lejano que no sabemos si fue real o fue solo un sueño. 

Media vuelta, giro… nada se revela. Media vuelta, giro… ¿Qué busco? ¿Por qué huyen las imágenes que persigo? Nada. Nadie acude al suave llamado del discreto zapateo. Los astros no se dejan conmover por el austero zarandeo enamorado en el que tiembla la ansiedad contenida. 

Para llegar a donde ese amor late en secreto es preciso encontrar algún signo que oriente la búsqueda. Todo el Adentro! redunda en trayectorias que reproducen el mismo sentido. Es metáfora de la frustración que inflige esa obsesión que no encuentra una salida. El advenimiento del Aura! nos lleva hacia el sentido que va en contra de la lógica, que se opone al impulso del sentido común, que invita a interpretar media contravuelta que nos deja de espaldas y se remata con un giro que produce el ansiado encuentro con nuestro objeto de afecto.

Días atrás, un alumno me pidió:

Profe… ¿no podrías explicar el sentido de “La Huella” a través de un relato? Es que cuando lo haces como un cuentito lo entiendo mejor…

Bueno… ¡Veamos! – le dije y comencé una sencilla historia tomada de vidas verdaderas. 

INTRODUCCIÓN: El señor de esta historia está casado con una mujer que lo enamoró en su juventud. Tuvieron hijes. Tres. Festejan los cumpleaños, viajan, intercambian libros, los comentan, comparten amigos. Hacen el amor. Son felices.

ADENTRO! El señor feliz encontró una foto que lo muestra abrazado con ese amiguito que adoraba en sus días de preescolar. Lo amaba. Y ahora que los recuerdos lo punzan con su aguijón venenoso no puede dejar de pensar en él. El amor infantil se transforma, ahora es un ansia desconocida. El señor que era feliz está enfrentado a un imposible ¿Dónde encontrar ese amor inhallable? Es preciso encontrar esa huella que conduce a la verdad que guarda esa quimera.

AURA! El señor que quiere ser feliz tiene muchas preguntas acerca de sí mismo y decide andar por el sentido contrario del andado hasta ese momento. Vislumbra la verdad, la siente a sus espaldas. Le teme. Un impulso lo hace girar 180°. Ahí está la huella que revela su destino. La danza impone su sino como acto de “coronación”. No hay danza sin cuerpo soberano.

“La Huella” me inquieta. Es posible que este ejercicio hermenéutico se aprecie forzado, pero la dureza monolítica que presenta la tradición cisheteropatriarcal de nuestro folclore reclama una fisura por la que puedan colarse minorías y colectivos disidentes. Hermanas, hermanos, hermanes nacidxs en esta tierra que construyen amores diferentes al estereotipo paisana-paisano merecen participar del legado cultural de nuestra Patria.

Nuestrxs jóvenes reclaman la ESI que la Escuela Pública debe ofrecerles. Para estar a la altura de sus demandas debemos deconstruir cada dispositivo de la cultura que el sentido común haya naturalizado. Esos “valores de la tradición y el folclore” que invitan a asumir posturas conservadoras y dogmáticas deben iluminarse con las actuales demandas de derechos. Los valores dieciochescos y decimonónicos que promueven las Danzas Tradicionales Argentinas deben ser revisados. La tradición, hecha de revoluciones exitosas, es también legado para las generaciones del futuro. 

Soy docente: no quiero a nadie fuera. Mi área de saber es la Danza: no quiero cuerpos de primera y cuerpos de segunda. No quiero cuerpos excluidos. Danza es Arte: rechazo estereotipos y dogmas, así como promuevo el acceso universal a sus productos, eventos y espacios de aprendizaje e investigación. 

Es riqueza simbólica, cuanto más se comparte, más crece. Y si de buscar la huella se trata, empecemos por lo colectivo, sin exclusiones, sin caer en la trampa de los prejuicios disfrazados de valores morales para satisfacción de la gilada.

(*)Docente, coreógrafa. Especialista en Educación y DDHH.