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A cien años

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri  |  07 de mayo de 2019 (12:59 h.)
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​Escribo esta nota editorial pensando en mis abuelos maternos y paternos y también en mis padres, todos laburantes, que atravesaron épocas muy duras y que también un día vieron la aparición en lo más alto de la estructura estatal de alguien que logró iluminar sus rostros. 

Este 7 de mayo se cumplen cien años del natalicio de una protagonista central de la historia criolla. Está dentro de ese rango de los famosos “últimos setenta(u ochenta, según la versión) años” que el líder del gobierno CEO-radical y sus segundones señalan cuando tratan de ubicar el origen de todos nuestros males. Evita, como la nombraban sus “descamisados”, será homenajeada este martes en su ciudad natal, Los Toldos, y en ese marco viene bien repasar la relevancia que tuvo para un pueblo trabajador sometido al maltrato y que encontró en ella una contención para sus angustias. 

Diagnóstico para estos días

“Toda la pretendida complejidad de los problemas sociales ha servido, en el pasado, como cortina de humo para negar a los trabajadores sus derechos naturales a reclamar mejores condiciones de vida. En esa época, en que el capital deshumanizado era el principal enemigo y el Estado –que lo apoyaba- el instrumento legal de la explotación, pedir mayor producción a los trabajadores era pedirles que contribuyeran con más sudor, con más sacrificios, con mayores esfuerzos a la riqueza de pocos y a la miseria de muchos”.

El párrafo es parte de un discurso pronunciado por Eva Perón, hablando sobre la productividad de los trabajadores, el 25 de agosto de 1948.

Evita se refería allí a las condiciones que reinaban en el pre-peronismo para potenciar la explotación de los laburantes. Sin embargo, si cambiamos el tiempo verbal de esas líneas y lo pasamos al presente, encontramos un diagnóstico muy preciso de lo que acontece por estos días en esta República. Es decir que estamos más o menos como en la denominada “Década infame”, lapso histórico que se extendió entre el 6 de setiembre de 1930, fecha del derrocamiento del presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, hasta 4 de junio de 1943, día en que otro golpe militar terminó con el mandato del conservador Ramón Castillo.

Rompió el molde

Aquella mujer nacida en un hogar humilde que llegó a ser la esposa nada menos que de Juan Domingo Perón rompió con la figura decorativa que representaban en la época las “Primeras Damas”, quienes apenas se vinculaban con el pueblo a través de alguna obra esporádica de beneficencia o de la caridad.

Evita, por el contrario se abocó de lleno a la actividad política, ganando un lugar central en el desarrollo de la gestión de gobierno de su esposo. Se transformó en una interlocutora directa entre el pueblo y Perón. Supo además tejer fuertes lazos con obreros y sindicalistas, con quienes compartió las peleas por los convenios colectivos de trabajo y otros reclamos de la clase trabajadora.

Pero fundamentalmente su desempeño en el área social sería la cuestión por la que se ganó el corazón de millones de argentinos. En 1948, se creó la Fundación Eva Perón, una entidad que vino a suplantar a la mojigata Sociedad de Beneficencia, desterrando ese accionar hipócrita de las señoras de la oligarquía para instalar derechos elementales que debía garantizar el Estado.

Salud, vivienda, educación, recreación, deportes y acción social directa fueron problemáticas constantes de su agenda diaria de trabajo. Para dar respuestas a las necesidades surgidas de cada una de esas áreas es que se influyó directamente en la decisión política de construir hospitales, escuelas, residencias para la tercera edad, para mujeres y niños, barrios populares y hasta hoteles.

La niñez fue otra preocupación central de está mujer de la que hoy se cumplen cien años de su natalicio. El acceso al primer juguete en miles de casos se dio gracias a la Fundación que comandaba Evita. Pero también miles de mujeres tuvieron su máquina de coser. 

Otro aspecto que la pone en el centro de la escena tiene que ver con el voto femenino, sin descuidar que la lucha por el sufragio femenino reconoce capítulos y protagonistas anteriores como Alicia Moreau de Justo o Julieta Lanteri, quien votó en la Ciudad de Buenos aires el 26 de noviembre de 1911, aunque no lograran una ley que proclamara ese derecho para todas las mujeres.

Es en noviembre de 1951, cuando las mujeres votan por primera vez en la Argentina, conquista del peronismo en general, y de la figura de Eva en particular.

Un lugar bien ganado

Antes de cumplirse un año de aquel primer voto femenino, y tras una enfermedad terminal, Evita muere a los treinta y tres años en Buenos Aires. Hay un número que da dimensión al vínculo que había logrado con el pueblo trabajador de entonces: dos millones de hombres y mujeres fueron a despedir sus restos. La procesión en su funeral se recordará como una de las más grandes de la historia de este país.

Hay cuestiones contrafácticas que siempre aparecen cuando se habla de Evita. ¿Qué hubiera pasado si no hubiese muerto tan joven? o ¿Cómo hubiera gobernado Perón si ella no se cruzaba en su camino? Por supuesto esos interrogantes no tienen respuesta, por lo tanto, la única realidad es que esa mujer, de la que hoy se cumplen cien años de su natalicio, logró contener a millones de trabajadoras y trabajadores argentinos en una época en que sus vidas valían poco más que el abundante ganado que pastaba por estas pampas. Sólo por eso, y más allá de si alguien adhiere o no al universo peronista, Evita se merece un respeto y un lugar en la memoria del pueblo criollo.