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  • sábado, 08 de agosto de 2020

La última vez de la murga

Contratapa /Por Marcelo Chata García 

La última vez de la murga

“Inexplicable ausencia” fue la primera vez que la murga hacía teatro y el último espectáculo que pudimos mostrar en público. Con el fondo de una ciudad “negro y turquesa” al estilo Pantera Rosa, maravillosamente pintado y diseñado por la artista Malena Pire, Le Cafillo abordaba la temática de género. Hacía entonces un mes que se había hecho la primera marcha de Ni una Menos; y eso nos hacía sentir parte de algo que comenzaba a gestarse en Chacabuco.

Éramos una murga que derivaba su nombre del “cafiolo” -el regente de prostíbulos- cruda ironía de una ciudad que tenía la prostitución como uno de sus comercios más pujantes en los tiempos que la murga surgió, allá por el año 2002. 

“Inexplicable ausencia” transitaba un humor crítico y autorreferencial sobre el machismo dentro de las murgas, pasando por una milonguita, “Murguera”, una declaración libertaria y arrogante, que fue quizá el mejor homenaje que pude escribir a mis compañeras de agrupación en todos esos años. Como estocada, tres monólogos que representaban casos testigos de femicidio: el que deviene de la trata, el que deviene de una violación, y el que deviene de las relaciones de pareja. Propuesta de Amancay y aportes colectivos; lo cierto es que yo, en esos años, jamás los hubiera podido escribir.

¿Cómo le explicás a una hija o un hijo, a un padre o una madre, a un amigo o una amiga y a la sociedad toda, que una chica ya no está por una violencia que, negada e invisibilizada, hunde sus raíces en las cotidianas formas de vida de las cuales somos repetidores, cómplices, partícipes? Inexplicable ausencia desbordó mi posibilidad técnica de darle una forma artística a tantas cosas que emergieron durante el proceso para decir. Lo que para mí fue, en un principio, asumir una temática que tomaba fuerza en la sociedad, mis compañeras de murga lo transformaron en una declaración de historias y sensibilidades de mujeres, que eran ellas y eran todas, y que mi burda existencia de hombre no veía, no quería ver o no sabía ver. No fue una presentación más, fue una lección que todavía estudio y estudio, y me doy cuenta que no sé nada.

 

Murguera

 

Este cuerpo es mío y no se toca, 

y si te muerdo la boca 

ya podés venir a festejar.

Pero no batas de presumido, 

que así como sos el elegido, 

también te puedo fletar.

No quiero un bacán de feria, 

el que las tiene bien puestas, 

sabe bien lo que es amar; 

y me banca en el desfile, 

la alegría que despierta 

esta dama de arrabal.

 

Soy Murguera, 

leal, gatita y milonguera; 

loca, dulce y sincera, 

pero no me hagas cabronar.

Soy Murguera, 

soy sexy con lentejuelas 

y bailo la noche entera 

cuando llega el carnaval.

Soy Murguera, 

y por si no queda claro, 

con mis amigas de la murga 

te lo vamos a explicar:

Que hoy bailan los Cafillo, 

seguime si sos buen pillo, 

porque no pienso faltar.

 

Si venís con berretín de guapo, 

corré atrás de aquella Barbie, 

que no para de bostezar.

Y no te hagas el matoncete, 

que si me levantas la mano, 

a mí no me ves nunca más.

Yo no nací pa’lavar los platos, 

ni andar fregando tus trapos, 

ni callar, ni obedecer.

Soy mujer a mi manera, 

la calle me hizo murguera 

¡andá aprendé a mover los pies!

 

Soy Murguera, 

cruel, gatita y milonguera; 

loca, dulce y sincera, 

pero no me hagas cabronar.

Soy Murguera, 

soy sexy con lentejuelas 

y bailo la noche entera 

cuando llega el carnaval.

Soy Murguera, 

y por si no queda claro, 

con mis amigas de la murga 

te lo vamos a explicar:

Que hoy bailan los Cafillo, 

quedate a limpiar el conventillo 

y no me esperes a cenar.