• 18:22
  • sábado, 08 de agosto de 2020

No se suspende por lluvia 

Un día en la vida 

(*) Por Ana Clara Arrostito 

No se suspende por lluvia 

Parada, lavando los platos. Acumulados, sí, no tuve tiempo, ni ganas. Mientras espero parada en la mesada que el agua se caliente para lavar, escucho: la gata grita. 

Sí, ya sé, seguramente está siendo estrangulada de amor por mi hijo. Voy, le pido que la suelte, no lo hace, la revolea, le pido un poquito más fuerte que la suelte, no lo hace. Le grito y lo separo de la gata. La gata huye al estilo correcaminos. Zafa del amor extremo. Me siento mal, me duele, ¿Por qué le hablo así? ¿Si yo no soy así con él? ¿Cómo puedo exigirle a él que no descargue, que no esté enojado, que no me plantée que quiere ir a la casa de sus abuelos, que quiere ver a sus amigos, que quiere, y quiere, y quiere? 

Y sí, él quiere, quiere a su mamá y todo lo demás, porque se lo merece, porque es un niño y porque lo amo. Se me hace un nudo en la garganta. 

El agua de los platos sigue corriendo. Escucho los mensajes del whatsapp que entran y entran. Distintos grupos, distintos proyectos, distintas personas, distintos trabajos. 

Mi hijo se tira al piso. Miro los platos que aún están ahí y de pasada el mate que nunca logré tomar. Está frío, ya fue. 

Recuerdo el agua, me apuro, la cierro. En el horno se está calentando la comida, me apuro, lo apago. 

Mi hijo llora, quiere upa. Yo quiero hacer pis, no puedo. Le hago upa, quiere que camine, mientras voy juntando los chiches y respondo algunos mensajes. Pienso… ni ordené, ni trabajé, ni cociné, ni fui mamá, ni fui mujer, o hice todo a la vez? Sí, hice todo a la vez. Igual me sigo haciendo pis. 

Saludan los chicos que vinieron a arreglar el baño y me dicen algo, que tengo que recordar por supuesto. Ya me lo olvidé. Se van. Sigo dando vueltas en la casa con mi hijo a upa, vamos a la cama, lo acuesto. No quiere quedarse solo, quiere que lo duerma, quiere que me quede, yo, solo yo. Y yo quiero hacer pis. 

Él a upa, yo miro de coté la montaña de ropa para doblar y a la vez llega un mensaje de una amiga para tomar unos mates. Pienso, sííííí, ya!!!! Porque yo también quiero. 

Se duerme, lo apoyo en la cama. Suena el timbre, aun no almorcé, volvieron los chicos del baño. Les abro. Tengo hambre. Agarro una porción de tarta y la como parada. Vuelvo a la pieza. Miro el celu, tengo que responder, batería en rojo. ¿Dónde dejé el cargador? 

Lo busco, mientras como, lo encuentro, vuelvo a la pieza y me acuerdo ¡tengo que hacer pis! Mi hijo se queja, quiere que lo agarre, lo hago upa nuevamente, dejo la tarta, dejo el celular, y como siempre vamos juntos a hacer pis. 

 

(*)Soy Ana clara, y mi apellido debería haber sido curiosa. Para los números llegué tarde al reparto, pero los bailo, los dibujo o quizás los canto mientras hago la mema y lavo los platos.