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  • viernes, 07 de agosto de 2020

¿Se puede ser cristiana y feminista?

Opinión 

(*)Por Mariana Barrientos 

¿Se puede ser cristiana y feminista?

La idea no es hacer de ésto un relato puramente autoreferencial, pero ¿desde dónde más se puede entender el feminismo si no es mediante las vivencias propias, que nos atraviesan como mujeres? Si son los relatos propios y experiencias hechas carne las que abren paso a las construcciones colectivas.

Y quizás, esta pregunta de si se puede ser creyente y feminista nunca me la hice, más bien me la hicieron.

Porque, ¿no se trata el feminismo de lograr la conciencia de la opresión a la que son y han sido sometidas las mujeres a lo largo de la historia?

Y en este sentido, creo que la Iglesia tiene, o debe tener como principal misión, impartir un poco de justicia en relaciones de poder desiguales.

El camino en Cristo está directamente relacionado con la búsqueda de relaciones equitativas entre las personas: varones, mujeres, diversidades sexuales.

Y un día por ahí, me entero que había una carpa en la vigilia frente al Congreso que llevaba el nombre de Alieda Verhoeven. Me suena tanto que busco, y recuerdo haber escuchado de esa pastora de la Iglesia Metodista -una de las primeras mujeres ordenadas en Latinoamérica-, ferviente defensora de los Derechos Humanos y por ende, los derechos de la mujer. 

Resulta que fue ella quien, con una multitud de autoconvocadas de todo el país, funda en 1985, el Encuentro Nacional de Mujeres del que fue líder durante más de 20 años. 

Y ahí pienso: ¡Claro! Con razón nunca me hizo ruido sentirme, reconocerme y nombrarme feminista y al mismo tiempo ser cristiana, metodista. 

Sí, ¿no es Dios mismo, el que quiere la vida digna, plena, con derechos y garantías para todos y TODAS?

Y, ¿no fue Cristo mismo, quien vino a romper con las barreras que nos separan, empoderándonos como pueblo?

De las cosas que más me gustan de Jesús puedo destacar que su ministerio era puramente popular. Y siempre se basó en la restauración de las personas y en darles herramientas. Porque un pueblo que piensa difícilmente sea oprimido y explotado.

Porque si Dios es un Dios excluyente, que otorga privilegios, concesiones, prominencias, que se preocupa por unos o unas sí y otros u otras no… en ese Dios elijo no creer. 

 

(*) Abogada feminista.