23:06 h. Lunes, 14 de octubre de 2019

Game Over - Una novela violenta 

(*)Por Leticia Cappellotto

XX- 

TODOS LOS VIERNES EN CUATRO PALABRAS  |  22 de septiembre de 2019 (13:40 h.)
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PARA: esteban_78@yahoo.com.ar 

ASUNTO: OK

CARPETA: Borradores

Tengo que matar a una persona.

Tengo que matar a una persona.

Me muero, estoy enamorada de un fantasma y además, tengo que matar a una persona. ¿En qué momento mi vida se convirtió en esto? ¿Qué debería escribir en este mail que confirme o refute la idea de que mi vida sin vos es peor que con vos? Resulta que no me amás lo suficiente como para dejar a tu familia perfecta. Ok. Resulta además que no me amo lo suficiente para dejar de amar a un mentiroso hijo de remil putas como vos. Ok. Ok. Resulta además que mi prima no se ama lo suficiente para separarse de su marido golpeador, entonces me pidió que lo mate. Ok. Ok. Ok. Que lo mate yo, que ni siquiera puedo matarte a vos en mi cabeza. OOOOOKKKK.

¿Cómo se mata a alguien? Mejor dicho: ¿Cómo la gente muere para nosotros? Si yo escribo estos correos y nunca los mando ¿eso quiere decir que no los escribo? ¿Qué no necesito que los leas? ¿Qué los escribo solo para mí? ¿Para conectarme con vos? Si yo estoy hablando todo el día con alguien que está muerto ¿Está muerto? Si yo no pienso ni un segundo en alguien que está vivo ¿Está vivo? Es como la paradoja del árbol en el bosque: si nadie escucha que se cae ¿hace ruido? Si nadie sabe que estás vivo ¿estás vivo? Si nadie sabe que estás muerto ¿estás muerto? Si todos creen que estás muerto pero estás vivo ¿qué sos? Si todos creen que estás vivo pero estás muerto ¿qué sos? Soy el puto gato de Schrodinger ese a la enésima potencia, me cago en Dios. 

Mirá te cuento: tengo que matar a un hombre, tengo que poder con este cuerpecito cada día más débil por una enfermedad incurable que me rehusé a combatir cargarme a un golpeador que va al gimnasio como si nada, intentar deshacerme de su cuerpo o en su defecto alegar enfermedad terminal si me agarra la policía para zafar de la cárcel. ¿Qué tal mi vida sin vos? ¿Eh? Mucho mejor cuando me psicopateabas sin fin y yo sentía que me amabas ¿no es cierto? Claro que sí. Ahora sé que no me amás, me alejé y resulta que me muero. OOOOK. Pero entonces ahora es cuando te necesito más que nunca. En el momento en el que ya casi no existo, en el momento en el que soy un holograma de mí misma, ahí, justo ahí, cuando no sé quién soy, aparecés vos para decirme que soy tuya, que te pertenezco, que todo lo que haga en realidad siempre va a estar condicionado por el amor que tengo por vos, porque el amor que tengo por vos me define, me configura, me deja tranquila sobre quién soy. Porque soy la que te ama, soy la única que te ama en toda la puta galaxia porque soy la única que te conoce en realidad. Entonces me tranquilizo, respiro hondo, sé quién soy. No soy una moribunda, no soy una asesina, no soy un holograma, no soy la tercera en discordia de una familia disfuncional y otra y otra más. No, Esteban. No. Yo soy lo que VOS quieras, y en ese deseo, en ese vos queriéndome, aún clandestinamente, aún cuando esté mal, aún cuando vaya en contra de todo el deber ser de la santa familia apostólica y romana, es donde está la verdad. Y entonces, existo. La única verdad es el deseo. La única. 

¿Qué querés que sea, Esteban? ¿Qué necesitás que sea? Decímelo, decímelo. Tu abogado, tu juez, tu miedo, tu fe, lo que digas, Esteban, lo que digas. 

Tengo que matar a un hombre y te extraño más que nunca. 

Tengo que matarte a vos y te extraño más que nunca. 

Y me muero y nos morimos y ya estamos muertos. OK. 

(*)Leticia Cappellotto (BsAs, 1985) es docente y periodista. Publica artículos, crónicas y relatos en Argentina y España. Vive en Madrid.