20:21 h. Lunes, 20 de Mayo de 2019

Game Over (UNA NOVELA VIOLENTA)

(*) De Leticia Cappellotto  |  10 de Mayo de 2019 (17:58 h.)
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Capítulo I.

Qué paja, pensé cuando me dijeron que estaría muerta en seis meses. Como si no hubiera tenido suficiente estrés con la vida, ahora también tengo que resolver la no vida. Paja. 

Mi generación no está preparada para nada, ni siquiera para evitar morirse: la tele, el Nintendo, la computadora, el celular, internet. Estamos demasiado acostumbrados a que las emociones nos lleguen sin movernos y todo nos da paja. 

Para mí, hacer un trámite era un suplicio y no morirme se me representaba como una eterna cantidad de peripecias burocráticas: trámites de la obra social que no tenía, trámites para un tratamiento que ni sabía en qué consistiría, trámites de medicamentos que seguramente necesitaban ser autorizados y así. La muerte parecía bastante más sencilla que ese infumable rosario de procedimientos que tenía que llevar adelante para evitarla. Lógicamente los médicos me habían dicho que tenía que hacer el intento de someterme a esa cantidad absurda de intervenciones con tal de saber si Dios era así de injusto conmigo, que era tan joven, pobrecita. Tras el diagnóstico, quedó claro que lo me esperaba antes de la luz blanca sería aún peor: colas en hospitales, turnos, aburrimiento. Paja. Concluí con rapidez que me era mucho más fácil lidiar con la muerte que con todos esos intentos inútiles de hacer las cosas bien para que terminara todo como siempre, mal, o en su defecto, para que terminara y ya. Una paja. Una verdadera paja. Prefiero morirme. 

Ni bien lo escuché al médico sentí que estaba absolutamente preparada. He pasado por situaciones que considero aún peores que la muerte, he deseado la muerte más de una vez frente a la opción de otras catástrofes como una separación, un abandono o una traición. Había algunas cosas que no iba a poder hacer nunca y otras tantas que aquellos que siguieran vivos iban a ver y yo no. Pero en definitiva, hechas esas cosas y vistas estas otras ellos también morirían. La única diferencia era que yo simplemente sabía que iba a hacerlo ese año. 

Cuando salí del hospital, con un diagnóstico de cáncer muy extraño que me daba apenas 30% de probabilidades de sobrevivir, decidí que iba a escribir una novela, esta novela. Era lo único que realmente me molestaba no haber hecho hasta ese momento y era a lo que iba a dedicar mis últimos seis meses de vida. Lo diseñé en el colectivo camino a casa: tendría una sección biográfica que desmenuzaría en detalle cómo muchas veces haber estado viva había sido insoportablemente más difícil que morirme y luego otra sobre cómo mi entorno reaccionaba a mi decisión de dejar este mundo. 

Sería una libro más o menos mediocre y normal pero que contaría con una excelente estrategia de marketing. Que la autora muriera inmediatamente después de publicarse funcionaría de maravillas. Tenía seis meses y un plan: moriría y sería un best seller. Win Win. Game Over. 

Mientras diseñaba los capítulos y escribía esta introducción lo bueno de morirme no paraba de sorprenderme: cuando publicaran el libro sobre las depresivas últimas horas de la triste joven cancerosa yo seguiría muerta, por lo que también me ahorraría muchos otros suplicios. No iba a pasar por la ansiedad de la presentación, ni por la angustia de la espera de las críticas, ni por la ira por alguna opinión negativa, ni mucho menos iba a recibir, como le había sucedido a un amigo que había publicado un libro, un mail del editor diciendo que no había vendido ni un ejemplar. 

Mi vida era un éxito asegurado: escribiría un libro y me moriría.

Leticia Cappellotto (BsAs, 1985) es docente y periodista. Publica artículos, crónicas y relatos en Argentina y España. Vive en Madrid.